Un humanista que se pasó de estación

No quería publicidad sino una despedida discreta. Entendía la muerte como el último acto vital, como parte de la vida. Así se fue la madrugada del domingo al lunes el escritor José Luis Sampedro, aunque la noticia se ha conocido hoy. Se ha ido una existencia vivida activamente, una vida de casi un siglo.


"Yo también nací en 1917. Yo también estoy indignado. También viví una guerra. También soporté una dictadura", ha escrito Sampedro, que se ha convertido en este siglo en una especie de icono del 15-M, junto al francés Stephanne Hessel, que falleció el pasado febrero a los 95 años, y al que prologó en el manifiesto 'Indignaos'. 

Economista de formación, Sampedro era fuertemente crítico con la política actual. Vital, con sentido del humor, mantuvo el espíritu de lucha hasta el final, una especie de testamento social, que hoy recordaba su viuda, Olga Lucas: "Hay que llorar lo menos posible y admirar pero con admirar no basta, hay que emular aquello que se admira". 

Los últimos días de José Luis Sampedro, con problemas de corazón desde hace 20 años, han transcurrido en su casa de Madrid. Según su viuda, solía decir últimamente el escritor que su problema era que se había pasado de estación. De plácida a jodida vejez. Pero en esa vejez, supo sacar también la fortaleza mental. Se resume, por eso, a Sampedro como un hombre libre, lúcido, sabio. 

Quería de verdad a los jóvenes. Por propia convicción.

Algunas notas de vida 

José Luis Sampedro nació en Barcelona en 1917 y su infancia transcurrió en Tánger porque su padre, médico militar, fue destinado allí. Volvió a la Península en 1935, al aprobar unas oposiciones para técnico de Aduanas y le destinaron a Santander. Estalló la guerra civil y en Burgos, trabajó en un grupo teatral. 

Se doctoró en Económicas en 1946 y fue profesor en la Escuela Oficial de Periodismo y en la Facultad de Ciencias Económicas de la Complutense, donde consiguió la cátedra de Estructura Económica. 

Dejó la Universidad en 1968 por no estar de acuerdo con las sanciones que se impusieron a catedráticos antifranquistas y emigró a Reino Unido en 1969, donde ejerció la docencia. Cuatro años más tarde, volvió a España para ocupar la cátedra de Ética en la Complutense. 

Como escritor 

A los 19 años, Sampedro empezó a escribir. Su primera novela fue 'La estatua de Adolfo Espejo', a la que seguiría 'La sombra de los días'. Se escribieron en los años 50 pero no se publicarían entonces sino en 1994. Además de novela y ensayo, escribió teatro, otro de sus géneros preferidos, ganando el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca en 1950 con 'La paloma de cartón'. Tambíen firmó la pieza teatral 'Un sitio para vivir'. 

A 'Congreso de Estocolmo', en 1952, le siguió 'El río que nos lleva' en 1961, la obra donde retrata una de las tradiciones del Alto Tajo guadalajareño, el oficio de los gancheros, y que le une irremediablemente a esta provincia. La censura impidió poder llevar al cine esta película en aquella década. Había un proyecto, firmado por Luis García Berlanga. Hubo que esperar hasta 1988, con un proyecto de Antonio del Real, para ver en celuloide la novela. La película fue declarada de interés por la Unesco por su contribución a la defensa de los valores de la comarca del Alto Tajo. 

Otros títulos fueron 'El caballo desnudo', en 1981, 'La sonrisa etrusca' (1985), 'La vieja sirena' (1987), 'El amante lesbiano' (2000) o 'Escribir es vivir' (2005), en colaboración con su esposa Olga Lucas. En el plano económico, Sampedro escribió algunos títulos para la reflexión como 'Economía humanista. Algo más que cifras' (2009) 'Conciencia del subdesarrollo' (1973) o 'El mercado y la globalización (2002)'.

Su última obra, que data de 2012, es un ensayo escrito al alimón con Carlos Berzosa titulado 'La inflación (al alcance de los ministros)', editado en Debate. 

Como ha dicho el poeta leonés Antonio Gamoneda, en su "peculiar literatura", queda la constación de que "la fuerza estética no eclipsaba un 'potente' contenido que traslucía su forma de ser y de pensar".