Locos por los cuentos

Hoy 20 de marzo se celebra el Día Mundial de la Narración Oral, que vive un despertar en todo el país y todo un fenómeno en Guadalajara que, con su Maratón de Cuentos, se reivindica como foco del boom de cuentacuentos. Los escenarios e iniciativas públicas y privadas se multiplican en toda la provincia, desde la capital hasta Yebes, Azuqueca, Alovera o el Ocejón. "No sólo somos la avanzadilla, sino que somos los mejores", asegura Luis Moro, presidente del ente que organiza el Maratón.  Para Pep Bruno, las proporciones del fenómeno son exclusivamente alcarreñas: "Sólo pasa aquí", gracias a la "lluvia fina" de dos décadas de Maratón.


Una historia, una voz, algunos gestos y un público que escucha atentamente. La sencillez de la narración oral, una manifestación cultural universal, cautiva cada vez a más público en Guadalajara, que no en vano se cuelga con razón el topónimo literario de "la ciudad de los cuentos". La profesionalización del sector y la proliferación de escenarios van de la mano, con iniciativas públicas y privadas que hacen pensar que los narradores orales, cuentacuentos o cuentistas -de todas las formas puede llamárselos- viven su hora feliz. Hoy 20 de marzo celebran su Día Mundial de la Narración Oral. Y, casualidad o no, también es el Día Internacional de la Felicidad.

¿Vive la narración oral su momento más dulce? Referencia por el Maratón de Cuentos de cada año, que no sólo resiste los embates de la crisis sino que incrementa su influencia en todo el mundo edición tras edición, la ciudad lleva los cuentos a todos sus rincones, desde grandes salas públicas hasta librerías, restaurantes y gimnasios. A la vuelta de cada esquina puede arder la hoguera en torno a la cual levantan sus voces las leyendas.

A los tradicionales Viernes de los Cuentos, que se han trasladado al CMI de Aguas Vivas (con el doble de aforo que el tradicional salón del instituto Brianda de Mendoza) se le han sumado con éxito las sesiones infantiles de la Hora del Cuento, con el mismo narrador que visita a los adultos el día anterior, pero esta vez en pleno sábado en la Biblioteca de Dávalos.

Pero también espacios privados como las librerías La Ballena de los Cuentos y Árbol Rojo acogen cuentacuentos infantiles. Y negocios privados como Oropéndola también apuestan para su programación por los cuentacuentos, en su caso con particularidad de que son en inglés.

La locura de los cuentos ha saltado fronteras y establece programaciones más o menos fijas en localidades como Azuqueca, Alovera o Yebes, con su propio festival, a la vez que en los pequeños pueblos a los pies del Ocejón, se celebran unas románticas sesiones con narradores de la talla de Félix Albo, el último en pasar por allí el fin de semana pasado.

No es de extrañar que surjan nuevas iniciativas. Profesionales que hasta hace poco desarrollaban su labor en un ámbito público, como Concha Carlavilla y Luisa Borreguero (despedidas en el ERE de este verano), han impulsado -en su caso, con Susana Martínez- una iniciativa privada, La Caperuza Roja, que oferta actividades así en diferentes locales de la ciudad.

Gracias a esta iniciativa se ha podido ver también recientemente a la Bruja Rotundifolia, el popular personaje cuentacuentos de Estrella Ortiz que frecuentaba el instituto Brianda de Mendoza o la Biblioteca de Dávalos, en la sala privada Karaba. Su caso es, una vez más, un ejemplo de un fenómeno que plantea Pep Bruno, con casi veinte años de trayectoria profesional y vicepresidente-secretario de la asociación que los agrupa, AEDA. Según explica, la crisis ha obrado un doble efecto: de un lado, ha caído la dependencia de contrataciones de espacios públicos (institutos, colegios, bibliotecas o teatros de administraciones), pero, por otro, los cuentacuentos abren cada vez más puertas de salas privadas, que hasta ahora se resistían.

La razón para una más que aceptable supervivencia a la crisis económica por parte de este sector cultural radica, según Bruno, en dos razones: "la versatilidad" de estos espectáculos, que adaptan su repertorio a casi todo tipo de auditorios y escenarios; y que "es un oficio que lleva sólo treinta años revivido", pero ahora alcanza una profesionalización que le permite entrar en circuitos culturales con un argumento a favor: es más barato. El presupuesto de una única función teatral da para un ciclo de cuentacuentos, explica Bruno.

El 20-M y Guadalajara

"Un somero listado" en un artículo firmado por Bruno para AEDA da cuenta de algunos de los festivales en todo el país que se están haciendo coincidir con este 20-M: el canario Cuenta con Agüimes, Un Madrid de Cuento (que ha cambiado sus fechas para coincidir ahora), los recientes Atlántica (Galicia) y doMingos de cueNto (Valladolid) y CuentaCuarenta (Ávila), que avanzan con paso firme. "Y suma y sigue: programaciones estables, pequeños festivales (como el de Yebes en Guadalajara), homenajes personales de narradores... todos queremos sumarnos a esta fiesta de la palabra dicha". 

El también escritor afincado en Cabanillas echa de menos que Guadalajara, dada su tradición con el género, celebre de forma más oficial esta fecha. Pese a todo, ninguna población se atreve a robarle a Guadalajara la capitalidad nacional del cuento. Si acaso, Galicia también reclama la paternidad del fenómeno actual, porque cuenta con la escuela de contadores más potente del país.

"No sólo somos la avanzacilla, sino que somos los mejores", presume Luis Moro, presidente del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil en la Biblioteca de Guadalajara. Según analiza este veterano del sector, la profesionalización y el respeto ganados por el género están en la base de este nuevo boom de la narración oral. "En Guadalajara estuvimos en el origen, pero la idea se ha extendido ahora por toda España y por otros países", y hace referencia a visitantes europeos al Maratón que quedan "fascinados" con este festival pionero y Guinness. "La narración oral se ha desarrollado muchísimo".

Para Bruno, lo que ocurre en Guadalajara es un fenómeno exclusivo de la provincia. "Sólo pasa aquí", asegura. "Ha habido una lluvia fina y la tierra es muy fértil", indica en referencia a las dos décadas de Maratón de Cuentos, que ha calado en el público alcarreño: "En otros sitios dices de una sesión de cuentacuentos y se echan las manos a la cabeza, se piensan que vas a hacer globoflexia", bromea. Ahora incluso hace sesiones de cuentacuentos en un gimnasio.

Fue en 1992 cuando el primer Maratón echó a andar, con la actual directora de la Biblioteca Pública, Blanca Calvo, como alcaldesa de la ciudad. "Aquel Maratón de Cuentos fue una novedad a nivel nacional y ha sido la fuente de la que han partido luego0 muchos profesionales", explica Moro. "Era entonces un mundo muy aficionado y se ha profesionalizado".

El cuentacuentos ya no es el complemento a otro oficio, tal vez escritor o actor dramático, ni un género menor, sino todo un arte. Pep Bruno tiene por ejemplo "un repertorio vivo" de 150 cuentos con el que escoge piezas para cada sesión, aunque luego puede variar sobre la marcha. Una actuación como la que acaba de estrenar, que ha contado ocho veces en dos días, "no es algo improvisado", sino que lleva una preparación de un año y varios meses. 

Contar cuentos es un arte que, además, juega a contracorriente: en un mundo de destellos audiovisuales y salas de cine en tres dimensiones, la simplicidad de la voz que narra al público sin más atrezzo que la magia, hoy como hace siglos, vive uno de sus mejores momentos. "El ser humano se alimenta de ficción", sobre todo de la que propone la creación cómplice del espectador, con  una historia que surge de "dentro hacia fuera", explica Pep Bruno, que considera que el ser humano sigue y seguirá buscando este alimento a su medida.

El Maratón de este año, que lleva por lema "De cueva en cueva", rendirá precisamente homenaje a una tradición que tal vez sea la manifestación cultural con más historia. Y con mucho futuro por delante, según parece.

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