Gismera gana un concurso literario con ‘arte’

Resulta vencedor del I Certamen de Relato Corto Eugenio Hermoso, convocado en el cincuenta aniversario de la muerte del pintor extremeño. • El escritor e historiador atencino se interesó por la figura de este artista al descubrirlo durante el proceso de documentación sobre el guadalajareño Alejo Vera.  ‘El viaje hacia la eternidad de Eugenio Hermoso’ relata la vida del pintor pacense, recreada durante el trayecto de su féretro hasta el pueblo natal.


‘El Viaje hacia la eternidad de Eugenio Hermoso’, firmado por el atencino Tomás Gismera, ha resultado ser la obra galardonada en el I Certamen de Relato Corto convocado con motivo del Cincuenta Aniversario del fallecimiento de este artista, convocado dentro de los actos conmemorativos que ha organizado la Fundación Eugenio Hermoso-Legado Rosario Hermoso, en la localidad del pintor, Fregenal de la Sierra (Badajoz).

El fallo del jurado se ha conocido este fin de semana, en que arrancaba también la programación para este año por estos 50 años en recuerdo del artista extremeño. “Eugenio Hermoso y la pintura de su tiempo” era el tema sobre el que debían versar los trabajos que aspirasen a ganar el primer premio, dotado con 800 euros.

Gismera, que siempre ha tenido afición por la pintura, especialmente la de comienzos del siglo XX, considera que Hermoso es “uno de los grandes de la pintura española” de este periodo, una figura comparable a las de Romero de Torres, López Mezquita, Zubiaurre o incluso Sorolla.

Según confiesa, Eugenio Hermoso se cruzó en su camino durante un proceso de documentación en torno al guadalajareño Alejo Vera, “que fue profesor de Hermoso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando”. A partir de ahí comenzó su interés por este pintor, dio con las bases del concurso y la biografía novelada en unas cuartillas acabó encandilando al jurado extremeño.

La obra de Gismera será publicada, como constaba en las bases del premio, dentro de la programación de actos de lo que en la localidad extremeña están llamando “el año más hermoso”, con exposiciones, conferencias y otras actividades.

El relato ganador

Su escrito arranca precisamente cuando el  pintor ha expirado, “con la salida del féretro de la Real Academia y la partida en el tren, hasta llegar a de Badajoz, y de allí a Fregenal de la Sierra”, según comenta el propio Gismera a Cultura EnGuada: En este último viaje, le acompañan “su hija y musa, Rosario, el nieto de Jiménez Aranda, que fue un gran pintor, de nombre Bernardino de Pantorba, y el acádemico correspondiente por Extremadura a quien tocó el acompañamiento, Enrique Pérez Comendador”. A partir de ahí, Gismera va recordando la historia del protagonista. “Durante el trayecto se va recordando la vida, esfuerzo y demás, de Eugenio Hermoso”.
Según comenta el propio galardonado, el premio tendría que haberse entregado este mismo fin de semana, pero la “premura” del acto lo ha impedido, ya que tanto Gismera como el finalista, el novelista y periodista jerezano José Manuel Sainz Peña, se habían enterado del fallo poco tiempo antes: “nos fue imposible la asistencia, por lo que desconocemos si se hará entrega pública en otro momento”. En todo caso, agradece a la Fundación, al Ayuntamiento y a la diputación de Badajoz “ su interés en mi asistencia y por intentar poner los medios para que estuviese allí”.

Historia, tradición y literatura

El intelectual guadalajareño, experto en historia y tradiciones de la provincia, lleva a cabo una labor muy activa en la Casa de Guadalajara en Madrid, de donde dirige el boletín ‘Arriaca’ y de cuya junta directiva es secretario general; además, ha fundado en su pueblo la revista ‘Atienza de los juglares’ y publicado varios libros en los últimos años, entre ellos las biografías ‘Layna Serrano. El señor de los castillos’ y del escritor José Antonio Ochaíta García, así como los títulos ‘Guadalajara, crónicas de un siglo’, ‘La Caballada de Atienza, historia y tradición’, ‘Guadalajara en la savia de Madrid’ y, más recientemente, ‘Guadalajara en los tiempos del cólera. La provincia bajo la epidemia’. En formato digital ha aparecido ‘Atienza, de ayer a hoy; imágenes del pasado y del presente’.

Sus incursiones narrativas ya habían sido premiadas en otros certámenes en Guadalajara, Azuqueca o Madrid.

La vida de Eugenio Hermoso

El propio Gismera ha escrito unas líneas en las que traza la biografía del pintor que ha inspirado el relato ganador y del que se conmemoran cincuenta años de su muerte, Eugenio Hermoso.

“Eugenio Hermoso perteneció a una familia de muy humilde posición de la Extremadura de finales del siglo XIX, familia de labradores compuesta por el matrimonio y 8 hijos. Un caso de aquellos extraños que a veces suceden, en los que una persona se fija en las dotes de uno de sus alumnos, fue el caso de la maestra del pueblo, doña Josefa Trujillano, quien se fijo en Eugenio Hermoso y organizó una especie de colecta para enviarlo cuando contaba con diez o doce años de edad a estudiar a Sevilla, a la academia de Bellas Artes, donde tuvo como profesor a José Jiménez Aranda, quien le aconsejó marcha a Madrid.
Llegó a Madrid a comienzos del siglo XX, con una beca diaria de 3 pesetas, pagaderas por el Ayuntamiento de Fregenal de la Sierra y la Diputación de Badajoz, y comenzó a copiar cuadros en el Prado, a buscarse la vida en la Academia, concursar, en fin, buscarse la vida.
Ocurría que al ser hijo de unos simples labradores no era tomado muy en serio, los premios siempre recaían en los grandes nombres, porque se conocía más o menos quienes eran los autores de las diferentes obras presentadas a uno u otro premio.
Este hombre, sin embargo, y como se sentía deudor para con su familia en primer término, y para quienes habían colaborado en que llegase a Madrid, trabajo hasta el último extremo por llegar a ser famoso. Sin apenas estudios, con escasa cultura intelectual, logró llegar a la Academia de Bellas Artes, fue profesor en ella y logró finalmente todos los premios y reconocimientos. Recorrió Europa y América, pero no le gustó lo que se pintaba por allí y se quedó en España. Tenía su estudio en la calle de Almagro de Madrid, donde pintó más de quinientas obras.
Se casó a comienzos en la década de 1910-1920, pero su mujer sufrió una extraña enfermedad durante el embarazo de su hija y perdió la razón. Estuvo muchísimos años internada en un sanatorio, al que Eugenio acudía prácticamente a verla a diario. Su Hija fue la única persona que le acompañó a lo largo de toda su vida. Pues se convirtió en una persona bastante extraña, porque llegó a pensar que por ser hijo de unos labradores en las Academias no le respetaban, llegando incluso a valorar sus obras, por ese motivo, mucho menos que las de otros pintores que con menor calidad pertenecían a ilustres familias.
Fue, además de pintor, un prestigioso escultor, aunque la escultura la trabajó muy poco, igualmente en la década de 1950 escribió sus memorias. Firmó algunas de sus obras con el pseudónimo de Nertóbriga, nombre romano de Fregenal de la Sierra.
A finales de la década de 1950 se quedó prácticamente ciego, y falleció en Madrid el 2 de febrero de 1963 en la clínica de la Concepción. La Capilla ardiente se instaló en la biblioteca de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y como tenía pedido que se le llevase a enterrar a su pueblo natal, el traslado debió de hacerse en tren hasta Badajoz, pues las carreteras estaban cortadas por la nieve. Fue enterrado en Fregenal el 4 de febrero.

Hermoso tiene un gran museo en Fregenal de la Sierra, al que donó gran parte de sus obras, constituido en Fundación Eugenio Hermoso. Igualmente donó algunas obras a la Diputación de la provincia en gratitud a haberle concedido aquella beca. Sus obras en la actualidad se valoran en torno a los 200/300 mil euros. Sirvieron de portaba a las revistas de la época de 1920/1950. Fueron utilizadas como ilustración en diferentes eventos, billetes de la casa de la moneda e incluso décimos de la lotería nacional.”