El legado del Nobel guadalajareño

Cela murió el 17 de enero de 2002, hace hoy once años. • Fue en su casa de El Clavín donde recibió la noticia del Premio Nobel.  Su legado literario, con la fuerte impronta en esta tierra de su 'Viaje a La Alcarria', sigue siendo objeto de conflicto, mientras en Torija tiene un museo dedicado a su primer viaje alcarreño y varios rincones de la provincia recuerdan al autor.


El 17 de enero de 2002 despertó con la noticia de la muerte de Cela. Excesivo para todo, acaparador de todas las atenciones, el escritor afincado en Guadalajara, el último Premio Nobel de Literatura español, falleció a las ocho de la mañana a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria. Tenía 85 años de edad y su vida se apagó en una clínica madrileña. Guadalajara sintió como propia la despedida de una figura que había ligado los últimos años de vida, pero también gran parte de su producción literaria, a la provincia.

Gallego de Iria Flavia, nacido y criado en el seno de una familia acomodada, el escritor alcanzó las más altas cotas literarias -también recibiría el Cervantes, el Príncipe de Asturias de las Letras y el Nacional de Literatura- después de incontables éxitos de crítica desde que publicó 'La familia de Pascual Duarte'. Pese a todo, Cela fue siempre algo más que un escritor. Fue, ante todo, un personaje. Capaz de eclipsar hasta su propia obra.

El día de la muerte

Dicen que antes de morir dijo a su mujer que la quería y que exclamó “¡viva Iria Flavia!”, dedicando el último aliento a su patria chica. Dicen que dijo, porque en Cela siempre hubo mucho de dramaturgia y un poco más de leyenda. El autor de 'La colmena' padecía una patología cardiorrespiratoria crónica en fase terminal, según explicó el equipo médico. Había caído en una situación de coma desde hacía dos días, sin necesidad de sedación, y fue entonces cuando pronunció sus últimas palabras, aunque, según los doctores, “no era consciente de lo grave que estaba”.

A lo largo de aquel 17 de enero pasaron por su capilla ardiente numerosas personaldiades del mundo de la sociedad, la política y, cómo no, la cultura, así como los Reyes de España. Eran los últimos honores para el último español que había logrado el más prestigioso premio de todo el planeta en el mundo de las letras, el Premio Nobel.

A las ocho de la tarde fue cerrada al público la capilla ardiente y el féretro fue trasladado a Iria Flavia, para ser enterrado frente a la Fundación del escritor, a los pies de un olivo. En la localidad natal del escritor repicaban las campanas con un tañido fúnebre, pero también en Guadalajara la jornada fue de luto. Así lo decretó durante tres días el Ayuntamiento, presidido entonces por José María Bris. Las banderas de la ciudad ondearon a media asta.

El Nobel alcarreño

Los homenajes en Guadalajara se habían sucedido antes y después de su muerte. El escritor, que tiene uno de los bustos de los ilustres guadalajareños en el Paseo de las Cruces -como ocurre con Buero Vallejo-, cuenta también con un museo de su 'Viaje a la Alcarria' en la Torre del Homenaje del castillo de Torija, actual Centro de Interpretación Turística de Guadalajara, el Citug.

Guadalajara fue el escenario al que se dirigieron todas las miradas cuando en 1989, cuando la Academia del Nobel dio a conocer el nombre de Camilo José Cela. Esa misma noche hubo una fiesta en el chalé del escritor en El Clavín, a la que acudieron algunos amigos guadalajareños además de figuras de renombre literario, como Paco Umbral o Manu Leguineche, también afincado en la provincia, en su caso en Brihuega. Entre los alcarreños que acudirían en octubre de ese año a la entrega del galardón en Estocolmo estarían su biógrafo Francisco García Marquina y el pintor Jesús Campoamor, además de la librera Ascensión de Blas, del que fuera alcalde de Peñalver, Teodoro Pérez Berninches, y del expresidente de Diputación, Francisco Tomey.

Pero la toponimia celiana remite también a otros lugares de la provincia ligados íntimamente a la vida del escritor, como la urbanización de el Clavín, el hotel La Cañada de Horche, su casa de Fontanar, la finca de El Espinar en la que se casó con Marina Castaño o el Molino de Paco Marquina en Caspueñas.

El hombre que estrenó la balanza del premio de Peñalver 'Su peso en miel' tiene también infinidad de calles y placas en los pueblos de la Alcarria, fue hijo adoptivo de la capital y la provincia, y recibió numerosos tributos y premios, desde la Medalla de Oro de Caja de Guadalajara al último que obtuvo, días antes de morir en enero de 2002, de manos de la asociación ‘La Alcarria, el viaje’. Ya decía él que España es un país en el que “o te joden o te ponen en los altares”.

Por estos lazos tan fuertes con la Guadalajara a la que dedicó un libro tan sencillo como lindo, a lo largo de aquel jueves los bisemanarios entonces en activo, Guadalajara Dos Mil y Nueva Alcarria, tuvieron que improvisar una cobertura informativa del acontecimiento para la edición del día siguiente.

El legado intelectual e incluso sentimental ligado a la Alcarria sigue vigente más de una década después, atenuado pero no apagado el carisma de la obra y el autor -pero también el personaje en que se convirtió el escritor-. El otro legado, el económico ligado a las rentas que sigue produciendo tan prestigiosa obra, sigue dando que hablar en una sucesión de desencuentros y conflictos entre los herederos. Todo un folletín.

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