Una fuente inagotable de historias

Todo listo para la XXIII edición de un festival de la palabra que se reinventa desde su origen como apuesta Guiness y que involucra a toda la ciudad como ninguna otra cita. • Se han contado casi 14.000 cuentos desde la primera edición, en abril de 1992. • El agua es el tema de referencia escogido para esta nueva edición, como siempre con epicentro en el Infantado.


Si cada palabra fuese una gota, este fin de semana del 13 al 15 de junio Guadalajara quedaría sumergida bajo las aguas de un torrente de historias. El Maratón de Cuentos, que este año ha escogido el agua como tema de referencia, vuelve a desencadenar el milagroso mecanismo que permite que fluyan cerca de mil historias durante 46 horas ininterrumpidas y que la ciudad se contagie de un clima festivalero que rebasa la mera razón de ser de la convocatoria para escuchar cuentos en torno a un escenario. Esta fiesta de la palabra es mucho más que eso, es una apoteosis verborreica sin igual en todo el mundo.

La cita, que nació en 1992 como una apuesta (entrar en el Libro Guiness de los Récords) demuestra cada año su liderazgo en el panorama cultural arriacense, al tomar literal y literariamente el emblemático Palacio del Infantado para desde allí irradiar cultura por todos los costados. Porque el Maratón es un festival de dimes y diretes que convierte las calles en un laberinto de historias que se escuchan, se ven y se tocan. Gentes de toda condición cuentan cuentos clásicos y recién salidos del paritorio de la imaginación, relatos épicos y poemas visuales, fábulas moralizantes y proposiciones indecentes... monólogos, acertijos, confesiones, chascarrillos, trabalenguas, relatos contados y cantados, en prosa y en verso, a dos voces, corales o susurrados como un rumor en la intimidad de la noche. El maratón se escucha, pero también se mira -y se fotografía y se ilustra- y sobre todo se vive como un rito y un mito. Pasacalles y batucadas procuran que la cita no pase desapercibida.

Una obra coral

“Es un asunto fundamentalmente colectivo”, ha remarcado en más de una ocasión Blanca Calvo -alma mater de la cita junto a la narradora Estrella Ortiz y a la bibliotecaria Eva Ortiz-. La exdirectora de la Biblioteca, que ahora preside el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, que organiza la cita, ha reconocido alguna vez que no es fácil explicar en qué consiste este embrollo festivalero, aunque todo comienza con algo tan sencillo (y complejo, a la vez) como que “la ciudad entera se pone de acuerdo para hacer una cosa muy rara: permanecer todo el tiempo contando y escuchando el cuentos”.

La cooperación y la participación ciudadana son las mayores virtudes que destaca la organización año tras año, además de representar en sí mismo el mejor gancho para la identificación plena con la ciudad.

Esta identificación ha sido subrayada también por el antropólogo alcarreño Jesús Sanz, que ha estudiado el Maratón como un ritual urbano (en un artículo científico publicado en el número 40 de la Revista de Antropología Iberoamericana). Según su investigación, todo el universo desplegado en la ciudad conecta los “pequeños mundos” del individuo con “las macroestructuras del territorio urbano”, y lo hace mediante la representación de un rito propio de una sociedad postindustrial como la nuestra.

Pep Bruno, uno de los narradores profesionales alcarreños más activo, ha reflexionado también en diversos foros sobre el evento. Y en su caso añade que el Maratón tiene la virtud de venir siendo un lugar de encuentro para los narradores profesionales, de lo que se ha beneficiado el público arriacense, al tener en casa los mejores repertorios del país, pero también el gremio. “Su importancia para el oficio es incuestionable, no solo ha servido para difundir y consolidar las bondades del cuento contado, sino que ha sido lugar de encuentro de narradores: el Maratón ha hecho oficio”, ha escrito recientemente en su web, que ya en sí misma es un laboratorio en el arte de contar.

“¿Para qué sirve, en esencia, este Maratón de cuentos?”, se ha llegado a preguntar el cronista oficial de la provincia, Antonio Herrera Casado, casi a modo de recapitulación: “Yo creo, sinceramente, que para mucho: por lo menos para hacer una cura de espíritus arrugados y enclenques. Sería como un régimen, pero no de adelgazar, sino todo lo contrario, de ensanchar el espíritu y hacerlo más joven, más entusiasta”. Expresado de forma todavía más directa: “Una recarga de baterías”.

Lo expresan las sensaciones a pie de calle, que se repiten cada año, pero también lo dicen los números. Este festival es sin duda el más importante del año no sólo porque da voz protagonista a mil contadores, sino porque arrastra a una de las más nutridas organizaciones de los eventos en la ciudad, sólo comparable a citas como el Tenorio Mendocino o los desfiles de Ferias. En la nómina, 250 voluntarios; y en su haber, una de las más ricas tradiciones, con 23 ediciones.

Casi 14.000 cuentos

Pareciera que el Maratón de Cuentos existiese desde tiempos inmemoriales, pero en realidad apenas tiene más de dos décadas de vida. Aún así, cada vez queda más lejano aquel 24 de abril de 1992 en el que la ciudad asistía en la Plaza Mayor a una locura más típica de lunáticos que de mentes racionales para celebrar el Día del Libro: mantener al público atento durante 24 horas en torno a un escenario, donde mucha gente -cualquiera, de hecho- subiría a contar cuentos. Para que la cosa pareciese seria dispuso de la cara -y la voz- de tan ilustres literatos como Antonio Buero Vallejo y José Luis Sampedro. Y el público aguantó. Hubo 200 cuentos de más de cien contadores.  

Así que el año siguiente, subió otro escalón: cambio de escenario al Infantado, consagración de la única ley inamovible (nada de leer) y una hora más. Resultado: nuevo éxito con 200 cuentistas para relatar 250 historias. Esta vez la Policía Local certificó las cifras y el récord fue reconocido.

La consolidación caía por su propio peso, año tras año: la tercera edición alcanzó las 29 horas; la siguiente, las 36; en la quinta hubo historias para llenar 39 horas; y en la sexta, 45. El Guiness era ya lo de menos. En adelante se fijaron las 46 horas como formato definitivo. A la larga, la suma apabulla: casi 14.000 cuentos contados. Ahí es nada.

En permanente proceso de reinvención

Aunque el número de horas de narración fue estirándose en las primeras ediciones desde el estreno en 1992 (entonces fue un día completo, como exigía el Récord Guiness) hasta quedar fijado en las 46 horas de sesión ininterrumpida actuales, el crecimiento ha continuado más bien a lo ancho: en densidad de programación, en disciplinas paralelas y en escenarios abordados, llegando no sólo a los aledaños del Infantado -incluyendo sus jardines- sino también hasta casi una decena de monumentos y desde 1999 a los pueblos de la provincia en vísperas de la cita en la capital. También se ha internacionalizado y rinde visita a otros festivales del mundo, algunos inspirados claramamente en el modelo alcarreño. El año pasado, el ambicioso proyecto con financiación europea ‘Historias de cueva en cueva’ llevó al Maratón más lejos que nunca en la distancia (hasta Sudáfrica) y en el tiempo, en un viaje en busca de los primeros cuentos en las cuevas de Atapuerca o Los Casares.

El Maratón siempre explora, reiventa y a menudo repite las fórmulas más exitosas. Por eso ya no hay un único maratón, sino muchos, ni tampoco un único ritual -escuchar cuentos ininterrumpidamente- sino diversos, entre ellos algunos tan sencillos como la chocolatada para los más trasnochadores o los más madrugadores -según se mire-. La respuesta que recibe cada mes de junio el Seminario de Literatura siempre resulta apabullante.

Blanca Calvo vivirá por vez primera el Maratón fuera de la dirección de la Biblioteca, que ha ocupado durante tres décadas, tras su jubilación. Pero ésta no es la única novedad de una edición que, como cada año, extiende la influencia de la cita más allá de la narrativa oral en el Infantado: ‘monucuentos’ en los principales monumentos de la ciudad, maratón viajero que ya ha pasado por trece pueblos, ruta de leyendas de agua y el habitual taller Cyrano, maratón de ilustradores y de fotógrafos (por la Afgu) y el carrusel infinito de cuentos en Radio Arrebato, la emisora del instituto Brianda de Mendoza que cada año retransmite a través de las ondas y de internet cuanto queda dicho en el escenario principal...

A estos maratones habituales se le suman en esta ocasión las proyecciones de 'requetecortos' de Cinefilia -la asociación que organiza en septiembre el festival de cine solidario Fescigu- y una exposición de poemas visuales de la narradora alcarreña Estrella Ortiz, que sorprenderá a más de uno recitando 'in situ'. También los Jardines del Infantado albergarán el clima más saltimbanqui, mientras que la Chimenea de los Cuentos acogerá las historias de los narradores más espontáneos. El Centro de Rehabilitación Psicosocial y Laboral de la Fundación Socio Sanitaria de Castilla-La Mancha, la Escuela Provincial de Folklore o el Museo Provincial son otras de las entidades que colaboran para que toda la orquesta funcione en torno a la fiesta de la palabra.

El agua en todas sus formas

Pero el maratón tiene su epicentro indudable en el Infantado, vestido de colores y enredado entre palabras para que por allí pasen expertos, aficionados y aficionados muy expertos (lo son ya a estas alturas) para contar sus cuentos. Hay quien atesora ya una más que envidiable colección de con los pines del logo de cada edición, con los que la organización obsquia a cada contador.

En esta ocasión el cartel que anuncia el Maratón, diseñado por Juan Diego Ingelmo, dibuja un enorme pez de papel que bucea en el azul del agua.

Es el líquido elemento, acaso el más vital de todos, el que se se ha adopta como tema de la edición, después de que las últimas hayan sido consagradas a los malos de las historias, al silencio, a los misterios de Europa o a los orígenes de la narración oral. Extraña que el agua no hubiese estado presente antes, porque es seguramente uno de los temas que ha aportado más ambientes (ríos, arroyos, lagos, cataratas, mares, fondos submarinos, pozos, hielo, nieve) a la narrativa de todos los tiempos y de todas las tradiciones del mundo, seguramente también uno en el que se han desenvuelto más personajes inolvidables, con marineros afortunados como Simbad, náufragos como Robinson Crussoe o piratas como Barba Roja. El agua que se bebe, el agua que cae en forma de lluvia -no nos olvidamos de los diluvios- o incluso el rastro de una hipotética gota en Marte evoca sin demasiado esfuerzo historias fabulosas que disparan la imaginación. A buen seguro que las musas este año rsultarán refrescantes.

En lo prosaico, esta edición se pone en marcha con menos presupuesto, 62.500 euros, aunque pretende mantener el nivel de participación habitual, entre 800 y 1.100 contadores -siempre hay más contadores que cuentos, porque hay muchas historias contadas a varias voces-.

Rostros protagonistas

En las conferencias y el Festival de Narración aparecen nombres propios tan interesantes como el novelista Julio Llamazares, la apertura a nuevos géneros como el rap con El Chojín, sin olvidar tradiciones de tan diversa procedencia como los ‘bertsolaris’ vascos. Se ha caído finalmente del cartel Accidents Polipoetics con su espectáculo de aforismos relacionados con Twitter, pero les sustituye la narradora Michèle Nguyen, que abre el gran libro del pasado para volver a la infancia de los cuentos de la abuela con ayuda de una marioneta. Además, el Festival de Narración del sábado en el Liceo contará con

Cerrará esta cita de profesionales El Chojín, que tiene el récord Guiness de rapear más sílabas por minuto (921, concretamente) y es el encargado de introducir en la cita alcarreña al rap, fenómeno de música y oralidad de dimensión universal. Domingo Antonio Edjang, conocido como El Chojín, se considera poeta y músico, aunque es un artista polifacético que se ha adentrado en multitud de disciplinas y que siempre ha demostrado un gran compromiso social. Ha grabado ya diez discos, el primero de ellos ‘Mi turno’ en 1999 y el último ‘Instinto, Razón, Autobiografía. IRA’, editado el año pasado. El próximo trabajo se titulará ‘Energía’ y se está financiando con la fórmula de ‘crowfunding’ o micromecenazgo.

Con él estará en esta cita el narrador africano Adama Adepoju, un cuentacuentos que pasó por la última edición de los Viernes de los Cuentos -traducido, como aquí, por el conocido Carles García Domingo-. Su propuesta ‘Taxi-Conteur’ muestra a un enérgico gigantón que acompaña sus historias de baile y canto y que convierte la sesión en una ceremonia de la celebración de la vida. Pero el costamarfileño afincado en Francia es protagonista por partida doble, porque da una conferencia el domingo, ‘H2O Palabras de agua’, sobre su labor de recopilación, creación y difusión de cuentos relacionados con el agua en Costa de Marfil, Burkina Faso, Níger y, entre otros, Sierra Leona... 

Las conferencias cuentan también con más expertos. El agua está íntimamente ligada a la obra de Julio Llamazares, novelista leonés que la ha ligado en sus diversas formas a libros, desde el título de su obra maestra de juventud ‘La lluvia amarilla’ hasta los libros de viajes donde sigue la corriente de los cauces, ‘El río del olvido’ y ‘Cuaderno del Duero’. El escritor nacido en Vegamián, pueblo anegado bajo las aguas del embalse de Porma, hablará de su experiencia literaria en una conferencia del domingo (12:00 horas).

Un día antes, el sábado, el ciclo de reflexión proyecta el documental ‘Bertsolari’ sobre este campeonato de versos en vasco que llena polideportivos; y después habrá una charla sobre videocuentos de José Manuel Pedrosa (13:00 horas), filólogo que cuenta con el mejor archivo español de grabaciones de narración oral. Todas las conferencias se desarrollan en el Salón de Actos del Infantado.

Casi dos días enteros

Vuelven a ser 46 horas seguidas, desde el primer cuento en la voz inaugural del alcalde hasta el cierre musical que, ya el domingo hacia las tres, queda garantizado con un grupo de artistas que actuará como Músicos de Guadalajara y que sustituye a la Banda de Música, que hasta su polémica renovación de músicos ponía siempre el sonoro broche final a cada edición. También aquí el rito será fiel a sí mismo y el colorín colorado del último cuento tendrá su ‘chimpún’ en el Infantado, ese sonoro cierre que despierta a toda la ciudad de su extraordinario encantamiento.