“Los periódicos no pueden ser vasallos de los partidos”

Aberasturi reside en Yunquera de Henares desde hace ya varios años, lugar que no cambia por una vivienda en la Sierra de Madrid • Tacha a Guadalajara como una ciudad con una "gran dimensión humana" • Critica la situación actual del periodismo donde, a su juicio, ya no prima la objetividad, sino el espectáculo.


El pregón literario con el que se da otro enfoque al comienzo de las fiestas de Guadalajara, será a cargo este año del periodista Andrés Aberasturi (Madrid, 1948) que mantiene una estrecha vinculación con Guadalajara. No sólo ha residido en la capital, sino que desde que fue prejubilado por el ERE de Radio Nacional, ha fijado su residencia en una vivienda de Yunquera de Henares, que, no obstante, poseía desde hacía más de 20 años. “Guadalajara está absolutamente vinculada a mí”, resalta y además considera que la provincia ofrece no sólo un lugar para un plácido retiro, sino “una forma de vivir alternativa a Madrid”.

Aberasturi recuerda que desde niño ya pisaba tierras yunqueranas así como los días de Ferias, ya más mayor, junto con sus sobrinos e hijo. Reconoce no ser un pregonero apasionado de la fiesta, sino que es más, se define como la “antítesis” de este concepto aunque, reseña, que el ambiente de las peñas le gusta, pese a no haber formado parte de ninguna. No obstante, será su vinculación con Guadalajara la que presidirá su pregón cuya confección es “un lío” y todavía no ha iniciado.  “No tengo ni idea de qué decir”, afirma y se ve en la noche de hoy apurando las últimas horas previas elaborando el texto.

El periodista, además, se atreve a evaluar el periodismo actual reseñando que la situación que vive Guadalajara y España, en general, con el declive en el número de medios es “una muerte anunciada”. Critica, por otra parte, que se haya preferido el espectáculo a la objetividad así como el periodismo de trinchera política que ha llevado a un descrédito de la propia información que se transmite. “Si la gente no cree en los medios de comunicación, es peligroso porque es el único sistema que hay para crear opinión”, concluye.


¿Le sorprendió que el Ayuntamiento de Guadalajara le eligiera para dar el pregón de Guadalajara?

No me lo esperaba porque llevaba muchos años aquí y cuando era famoso entre comillas, no me habían llamado. A mí, esto de los pregones es una cosa que me pone nervioso, porque no sé hacerlos. Dios no me ha llamado por ese camino. Creo que he dado en mi vida tres: uno en Yunquera, otro en el barrio de Chamberí –Madrid donde vivía y ahora éste de Guadalajara. Me han llamado para dar muchos, pero me parece indigno que se pague a un famoso para pronunciar un pregón. Y cada vez que me llamaban, le echaba una bronca al que lo hacía…Les decía que eligieran a un maestro de toda la vida que sabría más que yo del pueblo. Con la crisis, supongo, que eso ha dejado de pasar y ya no se paga por esto, lo que está muy bien.

¿Qué supone para usted, un periodista ya de larga trayectoria, pregonar las fiestas de la capital alcarreña?

Un lío porque realmente no sé que hacer. No tengo mucha idea de cómo elaborar un pregón. Siempre parece que es una invitación a la fiesta, pero para esto también está el de las peñas, que es el que de verdad sería el comienzo de éstas. Éste es tan serio incluso con maceros y todo esto… me parece que me voy a perder en el Buero Vallejo.

¿Qué nos puede adelantar de lo que dirá a los guadalajareños?

Es que no tengo ni idea. Te lo juro. Lo estoy pensando, voy descartando ideas… Al final esto es como los artículos. Tú quieres adelantarlo para el día siguiente porque tienes que ir de viaje… y al final, siempre lo escribes un cuarto de hora antes de que te llamen diciéndote que no han recibido el texto. Asi que veo que llegará el día 6 y estaré escribiendo hasta las tantas, intentando decir algo coherente.

Entre estas ideas que tiene en la cabeza, ¿por dónde va a ir el pregón?

Lo fundamental es hablar de mi relación con Guadalajara. Empezar a cantar al Infantado o a la Virgen de la Antigua, no me pega y no me sale de corazón. Hablaré de mi vida aquí, de mi gente, de la gente que conocí en aquella Guadalajara.

Hablando de esa ligazón que tiene con Guadalajara, ¿nos puede contar cómo surge?

Es muy complicado. Todo es una suerte de casualidades y hay que remontarse muy atrás en el tiempo, hasta el episodio de la guerra filipina. Mis padres se conocieron en Manila así como un hermano también de mi padre que se fue de emigrante allá, que se casó con una chica que era oriunda de Yunquera. Cuando volvieron de la guerra, compraron un terreno a cien metros de esta casa donde vivo yo y se hicieron un chalet, un hotelito que se llamaba entonces. Él era mi padrino y de pequeños comenzamos a venir por aquí. Conocimos así Yunquera bastante antes que Guadalajara. Luego una hermana mía se casó con el hijo del maestro que estaba aquí y, entonces se quedó a vivir aquí. Más tarde vinieron mis padres con mi hermana, luego mi otra hermana. Fueron viniendo todos en aluvión hace 30 o 40 años. Yo, aquí en esta casa todo el año, estoy desde que me prejubilaron con el ERE de Radio Nacional, pero la casa la tengo desde hace 20 años. Era de mi hermano y se la compré, pero también he vivido en Guadalajara épocas.

¿Guadalajara está más vinculado a Andrés Aberasturi de que lo que podríamos imaginar?

Está absolutamente vinculada a mí. La conozco desde que tenía 4 o 5 años.

¿Y qué ha supuesto?

Ha supuesto encontrar una ciudad, en aquellas épocas, entrañable y provinciana, en el buen sentido. Una ciudad con una gran dimensión humana, en la que te conocías, te saludabas… La gente que aparecía en mi vida fue gente fantástica, personajes pintorescos que en Madrid eran impensables. Y más tarde, cuando me vine a Yunquera igual. El anuncio de Aquarius que dice que todo el mundo necesita un pueblo, va a ser cierto. Madrid es un pueblo de pueblos, es un pueblo raro. Te sientes de un barrio, pero no tienes las raíces que puedes tener en un pueblo.

Ha hecho el camino a la inversa al que hace habitualmente la gente de Guadalajara…

En vez de salir a Madrid, lo que he hecho ha sido volver. Y como yo mucha gente, ni he sido el primero ni me temo que seré el último. Y mucha gente de la profesión... En Brihuega, está Manu Leguineche y no voy a citar más porque luego me dejo alguno y... es un desastre. Pero hay mucha gente que encuentra en la provincia de Guadalajara no tanto un retiro, sino una forma de vivir alternativa a Madrid.

Además es curioso porque son varios periodistas de renombre como Chani, Nacho Escolar o el citado Leguineche, los que han decidido tener la primera o la segunda residencia en Guadalajara.

Sobre todo muy dispersos. Unos están por Atienza, otros por Sigüenza, en Brihuega, yo aquí en Yunquera. No formamos ningún lobby gracias a Dios, sería horrible estar hablando todo el día de periodismo; y de viejo periodismo contando batallas en plan abuelete… es lo peor que hay. Los periodistas tenemos una visión distinta de las cosas. Tú estas en Madrid y miras  a su alrededor y ves que la A-2, aparte de distribuir camiones por todos los lados, te lleva a una provincia que no estaba en el mapa turístico, que sin embargo, tenía una riqueza, una variedad y unas posibilidades increíbles. Luego que está a dos pasos de la capital… tiene todas las ventajas. Por ejemplo, yo vivir en la Sierra de Madrid sería incapaz. Su sitio típico que es El Escorial, me produce una tristeza horrorosa. Me parece espantosamente triste, frío, seco… me deprime. En Guadalajara encuentras todo lo contrario. Aquí en Yunquera está todo lleno de verde; a las 8 de la tarde hay miles de pájaros ahí. Esto es otra imagen, no tiene nada que ver. No hay urbanización, no hay club social ni leches de esas horribles…

El año pasado ya conoce la trifulca que se montó en el Buero a cuenta de las reivindicaciones de los profesores. Este año para no boicotear el pregón han elegido otro lugar para concentrarse, ¿qué le parece?

No tengo ni idea de cómo han organizado este año el tema de las reivindicaciones. Si el año pasado estábamos como estábamos, y hubo aquellas protestas; si este año estamos bastante peor, no sé que pasará. No sé si escribir el pregón o esperar hasta un cuarto de hora antes, a ver si no lo tengo que decir y me ahorro el trabajo. De todas formas, no creo que haya problema en que se pueda hacer el pregón. Entiendo a los profesores, la indignación, el cabreo y entiendo a todo el mundo que tiene que indignarse. Es bueno que se indignen, pero creo que hay sitios donde hacerlo y sitios en los que no. A mí aquello no me gustó. Salir en los informativos de todo el país por interrumpir un pregón.., no me parece que el escenario estuviera bien elegido; no fue el momento adecuado y una falta de respeto a la persona que lo iba a dar que estaba ajena a todo esto…El objetivo no es salir en las televisiones, sino reivindicar un derecho. Yo no lo hubiera hecho en ese momento, incluso compartiendo mucha de su indignación.

Incluso, en su momento, le motivó para escribir un artículo tomando como base esta protesta…

¿Escribí algo sobre eso?... Seguramente. A mí me molesta mucho el tema como, por ejemplo, lo ocurrido en la Universidad –se refiere al boicot que el profesorado hizo al acto de comienzo de curso universitario abucheando a los dirigentes regionales de Madrid. Son cosas incompatibles. La Universidad no puede servir para abuchear o para evitar que un tipo de derechas o un señor de izquierdas hable. La Universidad debe ser un sitio abierto y los profesores deben entender esto mucho más que otros colectivos, porque tienen una responsabilidad importante. La reivindicación de sus derechos tiene el límite de la estética. Me preocupa tanto la ética como la estética. Si éticamente es aceptable, estéticamente no me gusta. La Universidad es la antítesis de la intolerancia… Tengo un par de conferencias que hablan de una democracia mejorable en la que, decía hace 10 años, lo que manifestaban ahora los indignados sobre cómo mejorar esta democracia. Soy antipartido. Creo que tienen demasiada fuerza,… coincido en muchas cosas con las protestas; pero de ahí a ir a la Universidad a reventar un acto…

Y las Ferias de Guadalajara, ¿le traen algún recuerdo especial?

Es un desastre que lo diga un pregonero, pero yo no soy muy de fiestas ni de aquí, ni de Guadalajara ni de nada. Me agobia un poco la multitud. Soy un hipocondríaco. Tengo todas las fobias del mundo y las aglomeraciones me ponen muy nervioso. Recuerdo cuando se celebraban junto a las Adoratrices y me iba con los sobrinos junto con mi hijo pequeño a montarse. E incluso, un año hicimos desde Guadalajara un reportaje sobre la forma de vivir de los feriantes. Luego, en general no bailo nada, no bebo, tomo café…soy la antítesis de lo que sería una feria. Lo de las peñas me divierte mucho, pero nunca he estado en una. No soy nada grupal en ese sentido.

Ciñéndonos a su profesión como periodista y como persona afincada en Guadalajara, ¿qué opinión le merece el declive de la prensa provincial?

Es una muerte anunciada, pero no solamente en Guadalajara, sino en todos los lados. Vosotros sois los que tenéis que inventaros un lenguaje nuevo en internet. Hace 15 o 20 años, dije en Zaragoza que los periódicos en papel estaban condenados a desaparecer. Y expuse todos los motivos y razones, pero me abuchearon y me pusieron a parir; pero ahí está la realidad. Era algo que se veía venir. ¿Cuál es el problema tanto de Guadalajara como a nivel global? El problema es que hay que inventar un nuevo lenguaje. Es muy difícil hacer un periódico en internet. No es un texto, no es un sonido, no es una imagen; sin embargo, puedes jugar con las tres cosas y hacer algo interactivo. Hasta ahora, lo que se ha hecho es trasladar el periódico de papel a la pantalla y, de vez en cuando meter un video; pero creo que debe ser mucho más interactivo y mantenerlo mucho más actualizado. Es impresentable que haya periódicos digitales que los lees el sábado y no han cambiado nada.

El gran problema de la crisis del papel es la tirada y la distribución. Tú no puedes salir el lunes diciendo que el papa se está muriendo, cuando resulta que a las 4 de la mañana todo el mundo sabe que se ha muerto. La vida va a una velocidad que no es la del papel ni la de la distribución.

En la muerte del periódico qué tiene que ver más, ¿el formato o la gestión de las empresas editoras?

Las empresas son un desastre. Creo que un poco de todo se ha mezclado en esta situación. Ha habido muchas subvenciones, la gente ha abusado mucho… el papel es carísimo, es un desastre ecológico; pero fundamentalmente, creo que se ha hecho un periodismo de trinchera donde cogías El País o La Razón y, decías: ¡No pueden estar hablando de lo mismo! Creo que los periódicos deben tener una ideología y defenderla, pero no se puede ser absolutamente vasallos de los partidos. O cambiar porque le han negado o le han aceptado la entrevista. Los periodistas se han convertido en defensores de partidos en los debates televisivos… Se ha sacrificado la objetividad en aras del espectáculo. Es una especie de corriente extraña donde cuanto más grites, más te contratan; cuanto más radical eres; más cobras y, si te dedicas a eso, al final acabas haciendo espectáculo de casi todo. Da igual el caso de los niños a los que les mata su padre en Córdoba, que un decreto-ley. Eso no me va.

¿Y qué parte de culpa tienen los periodistas?

Mucha. Y además empezó por una guerra de empresas con aquello del sindicato del crimen y todas aquellas historias que se hablaron en su momento entre El País, Ser, ABC, El Mundo y todo lo demás. Incluso se llegaron a borrar  amistades de toda la vida por trabajar para medios enemistados. Es un desastre para la profesión y para la credibilidad. La gente ya no cree en los periódicos, en la prensa y en los medios, y hace bien, además.

Este periodismo de trinchera, ¿considera que trae consigo un mayor descrédito a la profesión?

El descrédito más importante es el de algo tan fundamental como la información en una democracia. Si la gente no cree en los medios de comunicación, es peligroso porque es el único sistema que hay para crear opinión. La gente intenta reafirmarse, no informarse y eso es muy peligroso. Escucho la Ser para oír lo que quiero oír, no para discrepar, por ejemplo. Al final, hemos de ser capaces de formar nuestro propio criterio y de tener nuestras propias ideas.

Dentro de su trayectoria profesional, ¿con qué se queda?

No me quedo con nada. No tengo amores ni desamores. Cada cosa tuvo su posibilidad. Me divirtió mucho entrar en televisión. Fue muy raro y atípico porque no había tíos feos entonces. Todo era gente guapa que hablaba muy bien. Cuando aparecí  yo por culpa de Pilar Miró, fue un shock. Creo que tampoco lo hice bien en el informativo a pesar de que ahora se vea y se estudie. Me adelanté demasiado, la gente no estaba preparada para entender aquel formato. Era mucho más cercano, dejando una puerta abierta a la reflexión,… Intenté quitarle la liturgia al informativo, borrarle ese misticismo, pero no sé si la gente lo entendió. Desde luego en televisión no lo hicieron. Luego, creo que ha funcionado. La fórmula era la que tenía que ser porque, de hecho, los posteriores informativos han seguido por la línea que yo implanté en aquel '48 horas'. En ese sentido acerté, pero no en el momento. Lo hice antes de lo que debía.

Radio, televisión o prensa, ¿qué prefiere?

Quizá la prensa escrita por sentimentalismo, porque cada cosa tiene su historia. Empecé en prensa porque era lo único que había. Me sigue pareciendo, no obstante, lo más serio de los medios de comunicación. Es una tontería hablar de radio y televisión desde el punto de vista periodístico porque no son periodismo puro. Tienen parte informativa que es la mínima, y una gran parte de diversión y entretenimiento. En la radio es donde he sido más libre, más yo; y la tele… no quererla es ridículo. La pantalla es no ya el futuro, sino que es el presente. Te puedes pasar toda la vida escribiendo una columna que si no sales en ella, no existes. Ahora, las generaciones son hijos de la pantalla. Es el Homo Vivens del que hablaba Sartori. Es el hombre que ve, no el hombre que piensa, que lee….No obstante, no puedes en un informativo dar la visión que das en un periódico. Tienes 40 segundos para contar la noticia y para manipularla, en el bueno y en el mal sentido. En función de las imágenes que escojas, la sensación que transmites al espectador es una u otra. Es más complicado o frívolo, pero para el 80% de las personas es la única fuente de información que tiene, por lo que habrá que respetarla y tratar de mejorarla.