Una ciudad para viajeros románticos

‘Guadalajara pintoresca. La ciudad que retrató Genaro Pérez Villaamil’ redescubre cómo era la capital alcarreña en el siglo XIX. • Artistas, escritores e ilustres viajeros posaron su mirada romántica en la ciudad. • El conjunto de láminas y dibujos permite ver algunos monumentos hoy desparecidos.


Guadalajara fue una ciudad para románticos. El Patio de los Leones del Infantado, la Fábrica de Paños, los desaparecidos monasterio de Santa Clara y la iglesia de San Andrés o las iglesias de Santa María y San Miguel inspiraron a viajeros y escritores como Richard Ford o el alcarreño Juan Diges Antón, pero también a artistas como el pintor gallego Genaro Pérez Villaamil, que paró por la ciudad tras su regreso en 1833 de la Isla de Puerto Rico.

Villaamil y algún otro artista, pero sobre todo él, protagonizan la exposición que acogen las Salas del Duque del Infantado, con generosidad de litografías y dibujos y algunos que otros legajos originales con más de ciento cincuenta años de historia. Hay en ellos una ciudad para románticos, para los de entonces –que la cantaron con el lápiz y la pluma- y para los de ahora, que pueden añorar un patrimonio evaporado y una ciudad desprovista de asfalto, antenas y farolas.

Villaamil era de hecho un habitual de los círculos románticos de la época, codeándose con Alcalá-Galiano o el duque de Rivas. Pintor y, ante todo, viajero, de él dijo el dramaturgo y poeta José Zorrilla que reunía en su pincel “derruidos monasterios, con aéreos botareles y afiligranado altar”. El artista de El Ferrol se recorrió la península plasmando sobre el papel muchos de sus rincones. En Guadalajara estuvo en marzo de 1837. Y fue una visita aprovechable, a juzgar por los prolíficos resultados.

La Guadalajara que quedó atrás

En los trazos del artista se descubre, a veces de forma imprecisa y borrosa, casi fantasmal, como si también el dibujo quisiera volatilizarse como lo hizo la piedra, una ciudad monumental que ha perdido algunas de sus arquitecturas, como la preciosa iglesia de San Miguel -al menos así la retratan los lapiceros-, el convento de San Bernardo o la Puerta de Madrid, con unas estampas de ambientes campestres que dan cuenta del aspecto poco urbano de una Guadalajara anterior al proceso de modernización y transformación que la haría tal como es ahora, no siempre con el debido respeto a su patrimonio cultural.

La aplicación de las leyes de desamortización de bienes eclesiásticos, la puesta en marcha de medidas urbanas higienistas, la pérdida de su función como centro industrial y conventual, la conversión en plaza militar de referencia nacional, la consolidación como centro administrativo y cabecera provincial o la apertura de centros de formación académica, junto con otras medidas –a veces óptimas, otras veces con peor fortuna- transformaron la fisonomía de esta ciudad romántica hacia la localidad del siglo XX. Adiós al romanticismo; llegó la hora de la moernidad.

Sala a sala

A través de sus diferentes salas, la exposición va ofreciendo un discurso estructurado en varias partes. En la Sala de Escipión se encuentra la colección de originales inéditos de Villaamil y de Valentín Cardedera y Solano, con algunos dibujos a lápiz de trazado casi imperceptible, acompañados de algunos comentarios de escritores de la época.

En la Sala del Día hay ejemplares del libro ‘España artística y monumental’, ilustrado con dibujos realizados por Villaamil y Carderera en 1837, así como dos colecciones de láminas extraídas de esos mismos volúmenes, una en su color y otra iluminada por autores desconocidos.

Ya en las salas de Atalanta y Batallas, en el último tramo, se encuentran mapas de caminos y de la provincia editados en el siglo XIX, ejemplares de revistas y algunos libros peculiares de edición nacional o extranjera, caso del ‘viaje de España’ de Antonio Ponz, así como sus ilustraciones convertidas en láminas de decoración.

En el Infantado, hasta el 5 de enero

La exposición fue inaugurada el 25 de octubre por el alcalde de la ciudad, Antonio Román, que estuvo acompañado de la concejala de Cultura, Isabel Nogueroles, y del técnico de Patrimonio y comisario de la exposición, Pedro José Pradillo.

El regidor aprovechó en la apertura de esta muestra para destacar el importante papel de este tipo de actividades –intensificadas también a propósito del 550 aniversario del título de ciudad–: “Son actuaciones a favor de nuestra cultura, que promueven el conocimiento de nuestra ciudad, de nuestras raíces y nuestra historia”.

‘Guadalajara pintoresca. La ciudad que retrató Genaro Pérez Villaamil’ se puede seguir visitando en el Museo de Guadalajara, en las Salas del Duque del Palacio del Infantado, hasta el 5 de enero de 2013.

Ha sido organizada por el Patronato Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara, con la colaboración dela Consejería de Educación, Cultura y Deportes-Museo de Guadalajara, del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, del IES Brianda de Mendoza y dela Diputación Provincial, así como de los particulares Jesús de la Peña, de Alcalá de Henares, y la Librería El Pasadizo, de Guadalajara.


Galería de la exposición:

Fotos: Abraham Sanz