La letra de las piedras

Las Jornadas Mendocinas han tenido una muy aceptable acogida, con hasta casi 200 personas en alguno de sus cuatro pases de este fin de semana. • Varias representaciones teatralizadas han dado vida a los edificios: Infantado, Convento de La Piedad, La Cotilla, Santa María y la Cripta de San Francisco. • El acceso a los enterramientos de los Mendoza ha contado con una original y 'terrorífica' puesta en escena.


Los edificios son sitios donde uno estudia, donde aprende alguna disciplina artística –algunos tenemos recuerdos de carboncillo, otros de los primeros acordes-, por los que se pasa a diario prestando más o menos atención a sus elementos artísticos o sus secretos históricos. Las Jornadas Mendocinas han mostrado este fin de semana los monumentos mendocinos, como aperitivo a la doble representación habitual del Tenorio Mendocino, rescatando el alma de muchos de estos edificios y poniendo letra a la música de sus piedras.

Era una de las novedades de esta edición del Tenorio, cuyas representaciones tendrán lugar en los escenarios habituales el próximo fin de semana. El aperitivo ha concitado la atención de centenares de personas, casi 200 en la mañana de hoy, único pase dominical, y más de 600 en su conjunto, con los tres pases del sábado.

La experiencia ha combinado las pinceladas de un guía sobre los datos esenciales de los monumentos con las representaciones teatralizadas, de unos diez minutos, en las que aparecían algunos de los personajes mencionados por la historia: el quinto Duque del Infantado, Ana de Mendoza, el secretario del Marqués de Santillana, monjas, criadas y hasta ánimas en los escenarios del recorrido mendocino: el Infantado, el Convento de La Piedad, La Cotilla, Santa María y la cripta del Fuerte de San Francisco, a lo largo de un recorrido que ha llevado casi dos horas.

Al son de los tambores del Tercio de Flandes y en ordenada comitiva, los participantes en esta actividad han aprovechado la ausencia de lluvia, aunque no el frío intenso, para visitar estos monumentos de una forma poco habitual. Con vida. Incluso con vida del más allá.

Bodas de abolengo en El Infantado

La visita guiada ha arrancado en el Palacio del Infantado, sin duda el monumento más emblemático de la ciudad y de su itinerario mendocino, escenario también obligado de la representación de la obra de Zorrilla cada año por Todos los Santos, en la que ya es Fiesta de Interés Turístico Regional.

El guía ha saludado a los asistentes, les ha situado el contexto histórico, ha ofrecido los detalles de la familia Mendoza (con algunos de sus más insignes representantes) y, ya en el patio, ha recordado que el arquitecto de este edificio, Juan Gris, firmó aquí uno de los más exquisitos ejemplos de gótico isabelino.

En el zaguán del Palacio se ha representado la primera de las piezas de esta visita guiada, con el conde del Infantado y su hija repasando los preparativos de la boda de ésta y rememorando, a su vez, la ceremonia por el enlace de Felipe II con la jovencísima Isabel de Valois, su tercera esposa, en 1560.

El Renacimiento llegó con La Piedad

Los Tercios de Flandes han enfilado hacia el actual Liceo Caracense, instituto asentado en el antiguo Palacio de don Antonio de Mendoza, más tarde Convento de la Piedad. Allí el guía ha advertido a los presentes sobre la diferencia de estilos arquitectónicos a pesar de que fue mandado construir sólo dos años después que el Infantado. Las obras aquí finalizaron en 1506 y el palacio fue una de las primeras muestras de Renacimiento.

El propietario, el militar don Antonio, murió sin descendencia y la heredera fue su sobrina, Brianda de Mendoza, quien lo convirtió en convento, con la correspondiente construcción de la iglesia. Es este aspecto el que ha centrado la primera representación, entre dos canteros que tallaban la piedra de la futura iglesia, con un ánimo que comprometía los plazos para la finalización del encargo. Ya dentro, otra representación, esta vez con diferentes monjas y novicias, que también hacen referencia a la historia de la mujer que fundó esta comunidad, ha servido para entretener e ilustrar a partes iguales.

Sólo dos años después de la desamortización de Mendizábal de 1835, este precioso edificio se convertiría en el primer instituto de la ciudad. Eso sigue siendo hoy, el centro en el que vienen estudiando varias generaciones de alcarreños, y en su patio ha acogido este fin de semana la exposición de Diputación ‘Mujeres Mendoza’.

La Cotilla, para grandes banquetes

Los tambores de los Tercios de Flandes han abierto senda por la antigua judería de Guadalajara hasta desembocar a las puertas del Palacio de la Cotilla, del siglo XVII, donde el guía ha recordado la convivencia entre armas y letras de su primer dueño, los cambios de propiedad a lo largo de los siglos hasta pasar a manos de los Marqueses de Villamejor, por cuyo nombre también es conocido este singular edificio que tiene en la Sala de Té o Salón Chino, una de las más exóticas muestras pictóricas del país. Fue este palacio lugar habitual de grandes banquetes de nobles y, ya con Doña Inés de la Cotilla, se le quedará el sobrenombre como nombre popular hasta nuestros días.

Tras una simpática representación a sus puertas, la comitiva ha vuelto a poner rumbo hacia el Fuerte de San Francisco, parando antes en la plaza de la concatedral de Santa María para que el guía diese unas breves pinceladas sobre esta iglesia, con elementos de muy diversa procedencia, entre ellos mudéjares, que hacen de ella un “popurrí de estilos”.

Ambiente fantasmagórico en La Cripta

La de San Francisco ha sido este fin de semana la “cripta embrujada”, como la del título de la novela de Eduardo Mendoza. El final del recorrido mendocino ha llevado hasta el lugar donde descansan sus huesos muchos de los más destacados representantes de la insigne familia guadalajareña.

En grupos de cincuenta personas, los participantes en las visitas guiadas han podido redescubrir este lugar espectacular, el mausoleo repleto de sepulcros que, para estas visitas, estaban envueltos en una misteriosa neblina de la que emergían ánimas que han obligado a dar más de un respingo a los visitantes.

A duras penas, entre gritos de terror, el guía ha explicado los motivos de esta construcción que tanto se asemeja a la cripta de El Escorial y que ha sido recién restaurada, después de décadas de abandono, sobre todo por el efecto destructivo de las humedades de los manantiales subterráneos que cerca de allí corren y tras el devastador paso de las tropas francesas por el Fuerte de San Francisco durante la Guerra de la Independencia.

Aquí, en el lugar donde los Mendoza tienen su descanso eterno, se ha puesto punto y final a unas visitas guiadas en las que se ha podido redescubrir Guadalajara como nunca más se había visto. Otro modo de disfrutarlas con una luz particular será la propia representación del Tenorio, dentro de una semana.


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Fotos: R.M.

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