Razón de ser (legal y poética) de una provincia

Arrancan los actos enmarcados en el Bicentenario de la Diputación de Guadalajara, que se cumple en 2013, con la programación de Siglo Futuro y la Institución Provincial.• La presidenta provincial, Ana Guarinos, defiende el papel de una institución “insustituible”. • El experto Pedro Ortego recordó en una conferencia la constitución hace dos siglos de la Diputación “de Guadalajara con Molina”, como enfatizó. •  Los actores Manuel Galiana y Carmen de la Maza declamaron versos de poetas guadalajareños, acompañados del trío de cuerda Acorde.


Ya está en marcha la conmemoración de los dos siglos de la Diputación Provincial de Guadalajara. En pleno debate sobre la razón de ser de estas instituciones, el acto inaugural de ayer en el San José, con la programación elaborada por la propia Institución Provincial y la Fundación Siglo Futuro, se convirtió en un acto de reivindicación de esta administración que da consistencia a unas tierras, se preocupa de los pueblos más pequeños y da forma legal a un territorio con un alma común, visible por ejemplo en los versos de sus poetas, con los que acabó este primer acto.

La Diputación es “insustituible”, dijo ayer la presidenta provincial, Ana Guarinos, en el discurso inaugural de unos actos preliminares que culminarán en abril del año que viene con la celebración de los dos siglos de Diputación propiamente dichos. Su intervención, breve pero firme, reivindicó la necesidad de una administración muy cuestionada pero que, en Guadalajara, ha sido importante “y tiene que seguir teniendo su importancia”, subrayó la presidenta molinesa.

Fue un recorrido histórico, legal y lírico por las raíces de una provincia, acotación geográfica que, como dijo el conferenciante Pedro Ortego, “ha calado” en la ciudadanía, hasta el punto de haberse convertido en la referencia identitaria de las gentes: ¿De dónde eres?, nos preguntan. Y contestamos con la provincia, en este caso Guadalajara, en vez de con el pueblo o con la comunidad autónoma. Lo que en principio fue una cuestión legal, con apenas 200 años de historia, es hoy un referente personal.


Un discurso reivindicativo

La inauguración de los actos corrió a cargo de la presidenta, Ana Guarinos, quien reivindicó “la historia el presente y el futuro” de esta institución, que intentará darse a conocer durante este bicentenario desde las dos ópticas complementarias: la de la capital, donde está radicada la Casa Palacio y la mayor parte de los trabajadores; y desde la provincia, “mostrando esa Diputación que no se ve desde la capital y que llega a todos los rincones de la provincia”, caso de los centros comarcales y que trabaja “en un único objetivo: el servicio a nuestros pueblos y vecinos”, en favor de “una mejor calidad de vida” de todos, especialmente de los pueblos más pequeños. De ahí, insistió, en el lema de este bicentanario: “200 años al servicio de la provincia”.

Entre los asistentes al acto, una amplísima nómina de representantes de todas las instituciones, desde el alcalde de la ciudad, Antonio Román, hasta el subdelegado del Gobierno, Juan Pablo Sánchez Sánchez-Seco (cuya administración, los antiguos gobiernos civiles) también celebran bicentenario justo este mes; hasta expresidentes provinciales como Emilio Clemente, Jesús Alique o María Antonia Pérez León (no así los otros dos del actual periodo democrático, José Carlos Moratilla o Francisco Tomey). También muchos alcaldes -algunos de ellos también forman parte de la comisión del Bicentenario- y el delegado de la Junta, José Luis Condado.

Los doscientos años

La conferencia de Pedro Ortego fue un denso y detallado arranque para el bicentenario, necesario para encuadrar el objeto de las celebraciones. El catedrático de Derecho de la Universidad de Santiago, amigo de algunos de los asistentes al acto -como Alique, al que conoce de sus años de estudiante-, realizó una conferencia al uso remontándose a las circunstancias históricas en las que vio la luz esta diputación guadalajareña, en un contexto similar a otras.

Según recordó el experto, que desde 1986 ha publicado diferentes estudios relacionados con las instituciones guadalajareñas, la Diputación tuvo como principal consecuencia dotar “a unas tierras de una entidad provincial”. Así, los diferentes territorios que quedarían enmarcados entre las fronteras y la jurisdicción provincial tenían hasta entonces diferentes y complejas ordenaciones administrativas.

Aunque el rey impuesto por Napoleón Bonaparte, José I, intenta también unificar territorios y ofrecer una división inspirada en los departamentos franceses, serán las Cortes de Cádiz las que, a partir de su famosa Constitución (popularmente llamada La Pepa) impulsen un reordenamiento territorial en provincias con sus respectivas diputaciones. Fueron, recordó el conferenciante, el reglamento que reguló las juntas de defensa -los órganos con los que se rearma institucionalmente la insurgencia contra el ejército francés- los que más directamente inspirarían y “determinarían” la formación de las diputaciones, entre ellas la guadalajareña.

Ortego aseguró en su charla, de unos tres cuartos de hora, que la Constitución de Cadiz ofreció por fin “una división más racional” del territorio y, a la vez, de claro mandato liberal. En el caso que ahora se celebra, la Diputación quedaría constituida como “de Guadalajara con Molina”, después de un intenso debate entre detractores y defensores de la inclusión de esta comarca, siempre con una entidad propia y, a la vez, en 'tierra de nadie'. La discusión “no era sobre los límites, sino sobre la capitalidad”.

El conferenciante recordó los nombres de los siete primeros diputados que constituyeron la institución provincial en Anguita el 25 de abril de 1813, entre quienes “no había grandes títulos nobiliarios” y sí personalidades “cultas y liberales, aunque no en todos los casos”, siempre “con patrimonio para mantenerse con decencia”. El ambiente era el de las grandes  ocasiones: “Había mucha ilusión por superar el Absolutismo”.

Lo demostró su primer manifiesto, proclamado en Cifuentes: era “un texto henchido de espíritu patriótico y constitucional” que dio por “cesado el reinado del despotismo”, detalló el experto compostelano, que también repasó las tareas principales que asumió esta administración, entre ellas la intervención en asuntos municipales o de recaudación, así como la beneficiencia, la promoción de obra pública o el fomento de la agricultura, las artes o el comercio.

Ortego no obvió dos debates suscitados entonces y de plena actualidad, como la posibilidad de unificar pueblos con menos de mil habitantes -entonces, como ahora, con escaso éxito-: “lo que no consiguió la legislación lo consiguió la despoblación”, aseguró el conferenciante, que aludió a los 28 pueblos anexionados a Sigüenza. También habló de la discusión sobre los diez partidos judiciales que fueron creados dentro de la provincia.: “Hoy, 200 años después, seguimos debatiendo sobre las demarcaciones judiciales”.

La vida de esta Diputación fue breve. El 28 de abril de 2014, apenas un año después de su nacimiento, celebró la última sesión. Un decreto real del mes siguiente dio al traste con esta institución liberal. Fernando VII suprimía todas las entidades nacidas al calor de la Constitución de Cádiz, incluidas estas diputaciones y, por supuesto, la de “Guadalajara con Molina”. Fue un paréntesis. La Diputación volvería a renacer... aunque esa es otra historia dentro del bicentenario que ahora arranca.


Un recorrido sentimental

Tras la apelación a la razón de ser histórica y legal de la Diputación, el acto dio paso a un recital poético que apeló al alma de una tierra a través de la voz de sus poetas. El escritor Francisco García Marquina presentó este segundo acto, citando a Cela -del que fue biógrafo- y a los actores encargados de declamar los versos: Carmen de la Moza, “notable actriz” con familia con solera artística, y Manuel Galiana, “Manolo”, conocidísimo actor y habitual de los actos de Siglo Futuro. Como preludio al recital, pero también para el intermedio y su final, el trío de cuerda Acordes dio lustre al acto con el violín, la viola y el violonchelo.

Entre la selección de poetas leídos se encontraban el renacentista Luis Galvez de Montalvo (siglo XVI), citado por Cervantes en El Quijote -recordó Marquina-; José Antonio Ochaíta, “brillante, musical y afectivo”; José Herrera Petere, “exiliado poeta surrealista” al que elogió Lorca; Ramón de Garciasol, “muy vinculado” a la poesía social; el torijano Alonso Gamo; el “poeta más intelectual” y dramaturgo esencial nacido en Guadalajara, Buero Vallejo; o Jesús García Perdices, que “tómo el pulso a la calle de Guadalajara” y convirtió al Pico Ocejón en “una catedral gótica”.

De ellos y otros autores “anónimos” y contemporáneos fueron los versos escuchados en un acto sencillo y emotivo con dos bloques musicalmente divididos. En el primero, la alusión directa a Guadalajara, a los rincones y la piedra centenaria de su ciudad, recorrida en las calles “arriba y abajo” y a los pueblos de su provincia; al “Palacio del Infantado, señor de Guadalajara”; a Jadraque y su castillo del Cid, con un “empaque insólito” y “su carga de siglos y de nubes”; a las procesiones, al río Henares.

El segundo bloque de versos, declamados en la voz contenida pero emocionada de Galiana, o en la más exaltada de De la Maza, apeló esta vez a los instintos, a las emociones y, con más frecuencia, al amor, “porque también de amor se muere” y porque, como decía otro de los poemas, salta fronteras. Y entre nostalgias y desalientos, dio sus últimos pasos el acto.