Al descubierto en Caraca un acueducto como el de Segóbriga

Los directores del yacimiento desvelan en un artículo especializado más datos sobre esta construcción, "morfológicamente idéntica" a la de la ciudad romana conquense de Segóbriga. • Los tramos mejor conservados revelan que la infraestructura abastecía suficientemente a los 1.864 habitantes de la ciudad.


Tras las últimas visitas guiadas al yacimiento de Caraca, en Driebes, el pasado agosto, la ciudad romana no había aportado más datos. Los últimos se han publicado este mismo mes en un artículo escrito por los directores del yacimiento, los arqueólogos Emilio Gamo y Javier Fernández Ortea junto a Jerónimo Sánchez Vela en la revista de Prehistoria y Arqueología Veleia, que edita el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. El estudio de los tramos mejor conservados del acueducto de Caraca, que abastecía de agua a la ciudad romana descubierta el pasado febrero, revela aspectos como el consumo medio por habitante y concluye que “esta obra de ingeniería es prueba de la relevancia que esta ciudad tuvo en la época altoimperial”. 

El retrato de este acueducto, según los arqueólogos, sería una copia al de la ciudad romana de Segóbriga, en Cuenca: “morfológicamente es idéntico”, concluyen, aunque el tamaño del de Driebes sea “ligeramente superior”. Estas similitudes técnicas les lleva a pensar que el acueducto de Caraca data igualmente de la segunda mitad del siglo I. Incluso barajan la hipótesis “de que sea el mismo equipo de especialistas el que realizara ambas obras, con muy poco margen de diferencia temporal”.

El acueducto de Caraca, con un recorrido de unos 3 kilómetros, es una “obra sencilla, pero tremendamente efectiva y abastecía a Caraca de forma más que suficiente”. De media, los habitantes de Caraca consumirían 114.912 litros de agua. El dato no es baladí porque les ha aportado a este equipo de expertos otra cifra: ateniéndose a los cálculos de densidad de población de la época para este tipo de núcleos, y teniendo en cuenta que Caraca mide 8 hectáreas y contaba con 1.864 habitantes aproximadamente, el consumo medio diario de agua potable en la ciudad romana rondaría los 61,6 litros, ligeramente inferior a Roma, donde el consumo es de 67 litros por persona y día. “Puede parecer una cantidad muy elevada pero es menos de la mitad de los consumos medios de hoy en regiones como Castilla-La Mancha, que cuentan con sistemas modernos de control, ahorro y distribución de agua”.

Gracias a este sistema de abastecimiento Caraca, añade el equipo arqueológico de Driebes, contó “con fuentes públicas y caudal suficiente para satisfacer las necesidades de espacios públicos como un foro, un posible mercado o unas termas”, edificaciones que ya se intuían en las prospecciones realizadas la pasada primavera. 

La construcción de este acueducto estaría vinculada con la “monumentalización” de la ciudad romana y a causa de su “promoción jurídica, probablemente en época Flavia”. Respecto a su diseño, se habría construído con 'opus caementicium', algo así como el hormigón de la época, además de cal calcárea y piedra de cantos; además, tendría “algún sistema de cubrición para evitar impurezas en el agua, inundaciones, un uso indebido o acciones de animales”.

El inicio de este acueducto estaría en el manantial de Lucos, “una fuente de agua abundante, continua y salubre”, desde el que el acueducto descendería durante 1,8 kilómetros, bordeando una loma y llegando hasta el Cerro del Responso.

Es difícil pintar todo el dibujo del recorrido hasta su llegada a la ciudad, en el Cerro de la Virgen de la Muela. No hay documentos ni vestigios que lo confirmen. Tampoco ayuda que gran parte del acueducto esté enterrado, lo que dificulta su estudio. Su conservación es variable en función del tramo “aunque es evidente el desgaste”, a causa de la mano del hombre y sus actividades.

El agua del río Tajo, que discurre a los pies de Caraca se utilizaría, entonces, para otras actividades: “evacuación de aguas sucias o de industrias artesanales. No sería agua apta para el consumo humano, aunque eso no implica que no se utilizara”, aseguran. 

Tampoco están seguros de que el agua que transportara el acueducto fuera potable y que, por tanto, no se utilizara para consumir. Sus investigaciones apuntan, en definitiva, a que este agua abastecería a “aljibes que recogerían agua de lluvia y pozos”.