Bienvenidos a “la futura ciudad” de Caraca

Nos colamos en la primera visita al yacimiento romano que ha comenzado a excavarse este verano. • Los trabajos confirman las prospecciones con georradar y ya emergen las ruinas del foro, el acueducto y un todavía enigmático edificio público.


Me siento muy orgulloso de la primera visita guiada a esta futura ciudad, que va a tener un éxito muy grande para nosotros”.

Con estas palabras inauguraba este jueves el alcalde de Driebes, Pedro Rincón, la primera visita con público al yacimiento arqueológico de Caraca, la ciudad romana que un equipo de arqueólogos presentó en sociedad en febrero, tras unas prospecciones con georradar. “Futura ciudad”, dice el alcalde, acaso víctima de un lapsus. Una “futura ciudad” anterior al siglo II después de Cristo.

Entre el agreste campo de cereal del paraje del cerro de la Virgen de La Muela y esta legendaria Caraca que ahora sale a relucir hay apenas treinta centímetros de profundidad. A veces, todavía menos, porque el caminante tropieza con algún elemento. Entre la ciudad romana y la ciudad del futuro que diría el alcalde hay, en cambio, un abismo.

Ahí abajo, en las diferentes catas que se han producido, pueden verse ya las huellas de la urbe clásica: la teja y los muros vencidos de un notable edificio público, los basamentos de la columna del pórtico del foro y las calles por las que circularon más de 1.500 alcarreños del Imperio Romano. Aunque felices, los arqueólogos mantienen los pies sobre tierra firme. “De momento las excavaciones están confirmando lo que habíamos visto en las prospecciones”, asegura Emilio Gamo, codirector de los trabajos. “Estamos encontrando todo lo que habíamos visto ya, a partir de aquí sólo pueden venir sorpresas”, asegura su colega Javier Fernández Ortea.

Primera parada: El puzle

Unas 65 personas forman corro en torno al guía, Emilio Gamo. El sol dispara fuego a discreción sobre las cabezas. Antes, la pandilla de curiosos que asistirá a la primera visita guiada, ha ido y venido de una a otra cata, donde los muchachos trabajan con picos, palas y cepillos. El gentío levanta polvo al caminar sobre un suelo seco sembrado de restos de rastrojos. La primera parada de la visita va a servir para dibujar el contexto en el que se mueve la gran noticia arqueológica de la provincia de Guadalajara en lo que va de siglo: confirmar la existencia de la ciudad romana.

Los hallazgos que fueron anunciados en invierno resultan de por sí insólitos, sorprendentes e ilusionantes. Pero para los arqueólogos hay algo más. “No se trata tan solo de un yacimiento arqueológico; la importancia de Caraca consiste en que completa un puzle”, asegura Gamo.

El puzle es el mapa de la Península durante la romanización. En torno a la actual provincia de Guadalajara hay otras ciudades como Segóbriga en Cuenca o Complutum en Alcalá de Henares, y muchas mansiones. La novedad radica en que las ruinas alcarreñas que siempre asomaron en este paraje son, en efecto, las de la Caraca a la que aludieron en sus escritos Plutarco, Ptolomeo y el Anónimo de Rávena, de las que desde el siglo XVI ha habido hasta 15 propuestas diferentes de localización -Taracena o Perales de Tajuña eran otras- y que, ahora sí, sabemos que se sitúan en este paraje de Driebes. Guadalajara deja de ser la pieza perdida del puzle de la romanización en la Península Ibérica.

Fue en noviembre cuando un barrido superficial recogiendo materiales de superficie, un vuelo de dron y una prospección con georradar en una extensión de 1,3 hectáreas determinaron que estas ruinas correspondían probablemente a una ciudad con su foro, sus termas y su acueducto, entre otros edificios. Una ciudad romana reconstruida sobre un poblado carpetano existente anteriormente y que bautizó el lugar como Caraca.

Durante un mes, un equipo interdisciplinar dirigido por Gamo y Fernández Ortea lleva a cabo las excavaciones financiadas por la Junta, el Ayuntamiento de Driebes con el apoyo de sus vecinos, la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara y la Asociación de Mujeres de Brea de Tajo, pueblo madrileño vecino con el que hay muy buena relación y que ha hecho sus aportaciones después -dicen todos- de que al otro lado de la frontera hayan tenido un golpe de fortuna con la lotería. Además, los dueños del terreno agrícola bajo el que duerme Caraca han permitido amablemente que se desarrolle la investigación.

Este verano los trabajos se centran en el foro. La plaza resulta determinante: ¨El rango de ciudad lo da el hecho de que tenga foro”, adelanta Gamo, que luego se extenderá en este punto. Ha habido que ir al grano porque no hay tiempo que perder. Los trabajadores se aplican cada mañana con el pico y la pala y, ya por las tardes, los arqueólogos observan los resultados y afinan el trabajo a seguir al día siguiente para que la excavación avance a piñón fijo. Hay un mes de plazo del que ya se ha agotado la mitad, con la presión de obtener unos resultados que mantengan vivas las expectativas que generó la noticia en invierno y que permitan que la campaña ahora iniciada no se quede en un hecho aislado.

Segunda parada: las apariciones

El arqueólogo se detiene junto a la ermita, con sus muros arrodillados en montoneras de piedra entre las que sobresalen antiguos sillares de la época romana. En apenas unos metros de este paraje se han producido las dos apariciones que distinguen a Driebes con un carácter especial. “La gente de Driebes es sencilla y tiene una gran humanidad, un corazón muy grande. Somos especiales”, asegura el regidor, que destaca dos cosas de su pueblo: el carácter de sus gentes y la historia, que se concreta en el paraje de la Virgen de la Muela; Caraca, que ahora reaparece, y la leyenda que dice que aquí la Virgen se le aparecía a un pastor. El hombre se la llevaba a Estremera por las noches, con la sorpresa de que ella volvía a mostrarse al día siguiente en el mismo sitio. Por eso los vecinos levantaron en este mismo punto la Ermita de la Virgen de la Muela. Lo hicieron con piedras y columnas de Caraca, precisamente en pleno centro de la ciudad que había quedado enterrada a sus pies.

Tercera parada: la nueva arqueología

Que había restos romanos en la Virgen de la Muela lo ha sabido siempre todo Driebes. Al arar salen cerámicas. Hubo pillería y hay quien tiene más de un residuo romano en casa. Pero no se pensó que fuese un asentamiento tan importante, a pesar de que hubo estudios del profesor Juan Manuel Abascal y Jorge Sánchez-Lafuente que ya indicaban la importancia del yacimiento y que pusieron a todos tras la hipótesis de Caraca. Lo admite el que fuera alcalde en los ochenta, Pepe Padrino: “Si yo en su día, cuando hice la carretera, hubiese dicho que aquí había una ciudad romana, me hubieran tomado por loco. Pero es que entonces no había los adelantos técnicos que hay ahora”.

Sobre los adelantos técnicos toma la palabra la profesora Teresa Chapa, experta en georradar 3D del CAI de Arqueometría de la Universidad Complutense, mientras el grupo asoma la vista desde las terrazas del Tajo al sinuoso cauce del río. “El georradar es imprescindible actualmente como guía para los arqueólogos al hacer sus excavaciones”, explica. Reduce el riesgo de excavar dando palos de ciego. El uso de este dispositivo en Caraca, con sus once antenas barriendo el terreno con un sensor, permitió dibujar un trazado de estructuras existentes bajo la tierra. Las señales profundizaban tierra adentro y rebotaban al toparse con algún elemento. A veces era una calle empedrada; otras, un gran edificio. Los geofísicos proporcionan así los mapas que los arqueólogos luego tienen que interpretar. Los de Caraca interpretaron que allí había una ciudad. Porque, entre otras cosas, había un foro.

Cuarta parada: el corazón de la ciudad

Es el gran hallazgo que ya puede anunciarse: el pórtico de una plaza. “Comprobado”. Lo que el georradar intuía, las excavaciones lo han confirmado estos días. En una de las tres catas producidas se ven las bases sobre las que se levantaba un arco, con las columnas que fueron reutilizadas en la construcción de la ermita.

Excavar es un trabajo lento y meticuloso, se hace por cuadrículas y por estratos”, ilustra el director de las excavaciones, mientras señala algunas características de la bañera abierta en el suelo de tierra. Lo suficiente ya para asegurar que estamos ante “el centro político, cultural, religioso y administrativo de la ciudad”. Ese pórtico excavado precisamente en ese punto, gracias al boceto que trazó en su día el georradar, permite asegurar tan solo 15 días después del inicio de los trabajos sobre el terreno que “la existencia del pórtico del Foro implica que estamos ante la primera ciudad romana de la provincia de Guadalajara, un aspecto central del proyecto”.

Pero hay más datos que nos hablan de que la de Driebes es una ciudad, con todo su estatus administrativo como municipio, y no una mera mansión. Lo indica así el acueducto, que parte de un manantial del bosque Lucos -que se traduce como “bosque sagrado”- y que se extiende a lo largo de tres kilómetros, con características similares al de Segóbriga. Su capacidad para trasladar agua y la extensión aproximada de 12 hectáreas que ocupan los restos urbanos permiten a los arqueólogos calcular que la ciudad pudo tener una población entre 1.500 y 1.800 habitantes.

Quinta parada: una calle principal

Las excavaciones también están intentando comprobar las características del trazado urbano de Caraca, “muy adelantado para su época”, con dos calles principales. Hacia una de ellas dirige la visita guiada sus pasos.

Caraca se pega a la suela de las botas. El visitante puede tropezar incluso con algunos elementos que asoman a ras de tierra. En un pequeño cubo excavado por el equipo de arqueólogos se muestra ya el trazado del ‘Decumano’, una de las dos calles principales que cruzaba la ciudad de este a oeste. Allí se ve el piso original, que no es el trazado pedregoso que habitualmente se asocia a estas vías. El firme de la calle, alerta Gamo, es llano y las piedras son, en realidad, el componente que queda bajo la superficie, aunque en muchas vías que han quedado al descubierto en el país y que habitualmente se visitan, sea esta capa inferior lo que ha sobrevivido al paso del tiempo y ha quedado a la vista.

Allí mismo, el director de la excavación levanta un velo y destapa un misterioso trozo de madera que ha sobrevivido al paso de los siglos. Lo desvela como un misterio. Es el resto de una viga, pero no da más pistas sobre lo que puede revelar. Estamos en pleno proceso de investigación y Gamo es cauto a la hora de adelantar cualquier resultado.

Sexta parada: un gran edificio

La tercera de las catas que se llevan a cabo muestra un gran rectángulo con una serie de elementos sobre los que Gamo llama la atención de los visitantes. Se sitúa al este del foro, muy cerca de la vieja ermita. Hay un muro derruido de un antiguo edificio “de entidad, asociado a la función pública”. Es un monumento clave, “religioso o civil”, añade el director de las excavaciones, que también aquí deja con la duda al visitante. Podrían ser, de hecho, tres o cuatro opciones, que tampoco enumera.

Desde que se dio a conocer la existencia de esta ciudad romana, el propio Equipo Arqueológico Caraca-Cerro de la Virgen de la Muela habló de que podría haber en Caraca unas termas y un mercado. Lo que se observa, de momento, es una teja curva caída en el centro de la prospección, donde también brilla la blancura del estuco que revestía algunos elementos, así como las piedras de un muro abatido. Están también los restos del muro que sujetaba la trasera de la plaza principal de la ciudad.

En el tiempo que queda de excavaciones, el equipo espera avanzar para confirmar cuál de los edificios emblemáticos de la ciudad se levantaba aquí donde el georradar situó los restos de una arquitectura notable. Una vez más, se trata de eso mismo: la excavación a mano debe comprobar qué señalaba el georradar.

Séptima parada: el principio

La última parada de la visita desplaza a todos hasta la entrada a la antigua ciudad romana. Lo hace en un repecho en el que casi se culmina la subida al cerro desde la nueva ermita. Desde allí se divisa el rudo paisaje alcarreño de rocas, matorrales y monte bajo y se vislumbra a lo lejos el río, sobre el que debió de haber un puente cuyos restos no han sido localizados. La visita se despide en el punto de llegada a la ciudad que probablemente estuvo habitada entre los siglos IX a.C. y II d.C.  Lo que se ve este verano son los trabajos de “una campaña de evaluación inicial”. Sólo es el principio. Porque hay Caraca para rato.

En la primera visita a Caraca ha estado presente el director provincial de Cultura, Faustino Lozano, en representación de la Junta. Promete continuidad en los trabajos arqueológicos, que han contado con financiación del gobierno regional al ser uno de los ocho aprobados en la orden de subvenciones en la provincia de Guadalajara, con un montante total de casi 94.000 euros.

Sigue habiendo mucha expectativa, pero hay que seguir con prudencia”, explica Lozano al ser preguntado por el futuro compromiso de colaboración regional con este yacimiento. “Que estos trabajos tengan continuidad depende de las subvenciones que publica cada año la Junta, con convocatorias que son públicas”. ¿Supone esto un compromiso firme? “La Junta siempre da continuidad a los proyectos interesantes, la pena es que a veces algunos se quedan sin esa subvención porque somos una provincia muy rica en estos recursos”.

No hay nada, por tanto, asegurado al cien por cien. La primera visita guiada a Caraca acaba. Algunos asistentes, que incluso han leído a Plutarco, resuelven sus últimas dudas con el guía. Los asistentes reciben un cuestionario en el que se les pregunta cómo han conocido Caraca, qué expectativas tenían, su identificación con este yacimiento y, entre otros aspectos, cómo valoran este tipo de iniciativas. Esta visita no es la única programada durante esta campaña de excavación. Esa misma tarde de jueves se llevó a cabo otra similar, hay otra más el día 10, de los ‘amigos’ del Museo de Guadalajara y otra el día 11, de la Asociación de Mujeres de Brea del Tajo.

Los visitantes se marchan y junto a una de las paredes que aún sigue en pie de la vieja ermita, en la única sombra a varios centenares de metros a la redonda, los trabajadores se comen el bocadillo y descansan. En el yacimiento están trabajando nueve vecinos del pueblo, más 4 técnicos y algún voluntario de la universidad. Gracias a estas excavaciones y al Plan de Empleo de la Junta, actualmente hay 24 personas trabajando en el Consistorio, un número considerable en un pueblo con 400 habitantes censados -que triplica población en verano-. “Eso da mucha alegría, son puestos para un mes o para seis, pero lo importante es no parar”, confiesa el alcalde, que ve en esta actividad el inicio de una dinámica prometedora para el pueblo.

El trabajo lleva siglos marcando la pauta y llenando y vaciando los pueblos de la Alcarria. “Creemos que la ciudad se abandonó en el siglo II después de Cristo por el fin de las actividades mineras que se llevaban a cabo aquí”, aclara el arqueólogo Emilio Gamo al hablar del final de Caraca. Aquellos vecinos vivieron de la explotación del ‘lapis specularis’, un mineral usado en el Imperio Romano para construir ventanas. Pero también había abundante esparto, una planta usada en la cordelería para la minería y para los barcos. No era casual la situación de Caraca en una auténtica autovía de la época que cruzaba media península, entre Complutum y Cartago Nova, uno de los principales puertos que demandaba esparto. La vía romana era de hecho conocida como la ‘Vía Espartaria’.

Hoy Caraca vuelve a ser sinónimo de expectativas en Driebes. “Dependemos de las ayudas y de la rapidez de lo que se vaya encontrando. De momento ya hemos ganado mucho”, asegura el alcalde. “Está llegando gente de todos los puntos de España e incluso del extranjero, es increíble el interés que hay por la arqueología, desde antes de empezar las excavaciones. Pasan por el pueblo, preguntan, compran algo, el pueblo ahora tiene más vida y según haya más resultados pensamos que esto tiene que ir a más”.

Ir a más es pensar en ese horizonte soñado que tal vez provocó en Rincón el lapsus del inicio de la visita: “Todos tenemos un sueño: que haya un centro de interpretación, un pequeño museo… pero todo esto depende de los resultados que vayamos obteniendo”, admite.

Última parada: Driebes

En Caraca de momento no hay rastro de columnas romanas. Todo lo que va quedando a la vista son basamentos, trazados de calles, paredes derruidas… La verticalidad de la antigua Caraca sobrevive en Driebes. Allí, en la Casa Grande del siglo XVIII, donde dice un panel que el escritor Luis de Val comenzó a redactar la pieza ‘El castigo de vivir’ estrenada en 1895, el portón de entrada está enmarcado por dos robustas columnas romanas. Forman parte del expolio cometido por los propios vecinos, que durante años se llevaron materiales de la remota población.

A solo unos pasos de la Casa Grande, en el bar de la plaza, un joven atiende diligente en la barra a la comitiva de autoridades y la pareja de periodistas que han llegado para rendir la primera visita a Caraca. Un cartel anuncia ‘merchandising’ de época: mochilas, llaveros, bolígrafos, camisetas y abridores con el logo de la Driebes romana. Es una doble vía de promocionar el ‘descubrimiento’ y de financiar las excavaciones.

El camarero calma la sed y habla del tiempo “durísimo” de la zona, veranos infernales e inviernos heladores. Comenta que en el pueblo quedan en enero o febrero únicamente 300 personas: “pero cien tienen más de ochenta años”, puntualiza. “Aquí en Driebes, como en muchos pueblos de la zona, el problema es que la población que queda es muy mayor”. Apenas hay seis o siete familias jóvenes. ¿Puede ser Caraca una oportunidad para atraer a los más jóvenes? ¿Tal vez puedan trabajar en ese museo o en ese centro de interpretación? “Hay que tener los pies en la tierra, se han generado muchas expectativas y es normal que haya ilusión, pero si no se tiene cuidado la hostia puede ser más grande”.

Las excavaciones necesitan continuidad y tiempo. Basta con mirar de reojo a la visigoda Recópolis de Zorita de los Canes, que lleva ya 35 años de excavaciones. Tal vez no fuese un lapsus. Caraca es, todavía hoy, una ciudad del futuro. 

Fotos: E.C. / R.M. 

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