Tránsitos... Diez años, una eternidad

Una de las dos exposiciones permanentes del Museo Provincial cumple una década, con más de 200.000 visitas. • Recuperamos esta información aparecida originalmente en nuestro número 15 impreso, en la que contamos cómo el museo recurre a piezas de etnografía, bellas artes y arqueología de yacimientos guadalajareños, componiendo un relato de anacronismos que explica el viaje del hombre por la vida, sin olvidar la muerte.


'Tránsitos', una de las dos exposiciones permanentes del Museo Provincial de Guadalajara, cumple diez años mostrando siglos de historia. El paseo por la vida, la muerte, la guerra y las creencias de los que nos precedieron permite recrearse en el arte, la cultura y el patrimonio provincial sin salir del monumento más emblemático de la capital, el Palacio del Infantado. Admite su director, Fernando Aguado, que el envoltorio -que aspira a Patrimonio Mundial- inevitablemente se come al contenido y que por eso, todavía después de una década, hay quien se sorprende al ver las pinturas de Rómulo Cincinato: ‘Pero esto… ¿desde cuándo está abierto?’. Aún hay “miedo”, dice, “todavía falta vencerlo y participar de esta exposición”.

El de Guadalajara es el Museo Provincial más antiguo de España y ‘Tránsitos’ se integra en la pinacoteca del año 73. El espacio se mantuvo casi sin alteración hasta 2005, cuando llegó a Guadalajara la exposición ‘La sombra del caballero’, enmarcada en el IV Centenario del Quijote y la más visitada de toda la historia del Museo. Fue un “punto de inflexión”, admite Aguado, porque se aprovechó su museografía para dar luz a ‘Tránsitos’, que en estos diez años ha superado las 200.000 visitas, con una media anual de 20.000 visitantes.

La dirección anuncia que a lo largo de las próximas semanas habrá cambios en las piezas mostradas y que se sustituirán aquellas que formarán parte de la ampliación de la otra exposición permanente, sobre los Mendoza y el Palacio. Lejos de lo que pueda parecer, el ‘reciclaje’ es sano: el mensaje “no sufre” y el espectador puede disfrutar de otras piezas de mayor calidad o mejor conservadas.

Relato sobre la vida

Lo que se cuenta en esta sala, situada en la planta baja del Museo, es pura vida. Plantea cómo pudieron sobrevivir y mejorar su bienestar quienes nos precedieron. Y lo hace a través de piezas datadas del Paleolítico al siglo XX. Hay esculturas, pinturas, objetos cotidianos, joyas, monedas, hoces, utensilios de caza, de pesca y recolección. El paseo se inicia con una escultura de Zenón de Afrodisias y acaba en una pequeña sala con pantallas táctiles y pinturas, una de ellas del Taller del Greco.

También hay huellas del desarrollo de la artesanía, el progreso de la economía y la división de clases sociales, los avances médicos, la metalurgia, el oficio textil o incluso los juegos infantiles. La muerte está presente desde un aspecto cultural y antropológico -enterramientos celtíberos, ritos, cultura funeraria- e histórico -la guerra-, con exhibición de piezas que usaban para atacar y defenderse, como cascos, escudos, flechas o armas de fuego.

La religión se intuye a través de pinturas, esculturas y grabados. Entre los óleos, ‘La Virgen de la Leche’, de Alonso Cano; ‘La Inmaculada Concepción’, de Carreño de Miranda o ‘Las apariciones del ángel a San Francisco de Asís’, atribuido a José de Ribera. No se olvida ‘Tránsitos’ de la cultura popular, aquella que se supo mantener generación tras generación, en una magnífica simbiosis que explica de dónde venimos. ‘Tránsitos’ es un juego con anacronismos que demuestra que en el fondo, en este cuento que es la vida, la tecnología ha cambiado pero los usos son los mismos: subsistir, creer, amar.

 

Fotos: E.C.