Desenterrando la prehistoria alcarreña

Los investigadores Manuel Alcaraz y Javier Alcolea cerraron el ciclo de arqueología en el Museo Provincial, compartiendo las conclusiones de sus investigaciones en Peña Cabra, Peña Capón y la Cueva de los Casares, tres ejemplos fundamentales para saber con certeza si hubo poblamiento en el centro de la Península durante el Paleolítico Superior. • Entre las novedades, dataciones en los Casares de entre 43.000 y 40.000 años, “en el límite de la convivencia entre neandertales y cromañones”, señaló Alcaraz.


¿Qué hacían los neandertales dentro de la Cueva de los Casares?¿dónde vivían?¿de qué años data esta cueva prehistórica?¿cuál era la fauna y la flora que rodeaba a estos humanos?¿habitaron el centro de la Península durante el Paleolítico Superior?¿vivieron los neandertales hasta la aparición de los humanos modernos, o no se cruzaron nunca? A algunas de estas preguntas tratan de responder las más recientes investigaciones de Manuel Alcaraz-Castaño, investigador del Museo Neanderthal de Alemania y Javier Alcolea profesor de la Universidad de Alcalá, codirectores junto a Gerd-Christian Weniger, director del Museo alemán, de un proyecto que incluye excavaciones en la Cueva de los Casares y en dos abrigos prehistóricos más, de difícil acceso, pero igualmente fascinantes y claves para sus investigaciones: Peña Cabra y Peña Capón, en el término de Muriel-Tamajón.

Sus conclusiones, con algunas certezas y muchas hipótesis, se compartieron ayer en la última conferencia del ciclo 'Arqueología en Guadalajara', organizadas por el Museo Provincial en el Infantado, con lleno de público en el salón de actos.

La falta de documentación sobre el poblamiento en la Península Ibérica ha llevado a estos investigadores a hacerse preguntas e intentar buscar respuestas sobre el poblamiento en la Meseta durante el Paleolítico Superior. No es una tarea fácil. “Es verdad que entre 1989 y 2017 ha habido una floración”, apuntó Alcolea y que los últimos 25 años el área de Prehistoria de la UAH ha estudiado el fenómeno pero también es verdad que los últimos 100.000 años de población humana en la Península apenas está documentada. “En los rigores de la última glaciación no hubo poblamiento salvo pequeños destellos, esporádicos y cortos, en el centro de la Península”, apuntó Alcolea. Lo han probado los documentos artísticos que los antepasados dejaron en la Cueva de los Casares pero también en la Cueva Mayor de Atapuerca, por ejemplo. Este “arte rupestre al aire libre que existe” y que está relacionado con los neandertales, es una de las pruebas del paso de estos humanos por este mundo. Hace tres años se retomaron los trabajos de investigación en nuevos yacimientos poco explotados, que se ubican en Guadalajara, "en el río Sorbe y Alto Jarama, así como en las parameras molinesas y el Ducado de Medinaceli", citó Alcolea.

Los medios científicos más avanzados permiten ahora hilar más fino a los investigadores. Por eso, estos expertos cuestionan los modelos clásicos que defienden que la Meseta estuvo despoblada durante el Paleolítico Superior en el centro de la Península Ibérica y sospechan que sí pudo haber habitantes, aunque falta por ver si estos asentamientos fueron fijos o la Meseta simplemente fue para ellos una zona de paso.

Las investigaciones realizadas hasta ahora por Alcaraz y sus compañeros pasan por contrastar lo hallado en expediciones anteriores pero además persiguen estudiar si hubo neandertales antes de lo que se cree, si neandertales y cromañones se vieron las caras también en el centro de la Península -además de los dos casos de hibridación contrastados-, si hay relación entre el poblamiento y el clima y si esto influyó “en el comportamiento social, simbólico, económico” de neandertales, cromañones u homo sapiens. 

» Cueva de los Casares: Desde las primeras investigaciones de Juan Cabré en los años 30, continuadas en los años 60 por el catedrático de Prehistoria Ignacio Barandiarán, ha habido un “letargo investigador” en esta cueva neandertal, que “está a falta de un estudio integral”, advirtió Alcaraz. Desde hace tres semanas, Alcaraz y Alcolea conocen la datación del yacimiento -entre 43.000 y 40.000 años de antigüedad-, algo que llevan intentando saber desde 2014. Esa datación “es el límite de la convivencia entre neandertales y cromañones. Igual ni se vieron, igual llegaron a convivir. Personalmente creo que sí hubo cierta convivencia”, afirmó Alcaraz.

Este investigador recordó ayer que “el yacimiento que había en el vestíbulo ha desaparecido”, que se han hallado ejemplos de industria musteriense y que, sin embargo, “no aparece un hueso humano neandertal”, localizado en el seno A, donde Alcaraz lleva investigando desde junio de 2015, cuando se retomaron los trabajos. “Queremos afinar en los comportamientos simbólicos. ¿Qué hacían dentro de la cueva? Pues seguramente tareas especializadas”, ya que vivir, "vivían en el vestíbulo”.

En el seno A excavaron 4 metros cuadrados, aprovechando los cortes que realizó Barandiarán y su equipo y se encontraron restos de industria lítica, cerámica, arcilla rojiza, además de huesos de animales como caballos, ciervos, cabras, linces, osos y lobos, fauna que, sin embargo, no toda corresponde con la fauna del lugar: “una gran parte fue introducida por carnívoros”, señaló Alcaraz. ¿Pero cómo vivían? Pues en un entorno “cálido” donde “había pinos silvestres y enebros”.

» Abrigo de Peña Cabra: Situado cerca de Muriel, se trata de un “yacimiento-habitación” del Paleolítico Medio, de complicado acceso ya que es un abrigo calizo situado en un acantilado del valle del Sorbe. Según comentó Alcaraz, hubo una excavación previa en 1992 y se han realizado dos sondeos, “uno de ellos, con resultado positivo”. Gracias a los estudios con Carbono 14 se han revelado dataciones de entre 51.000 y 54.000 años de antigüedad, “aunque también se ha hallado un hueso de 38.000 años”.

La presencia de industria que data de este período certifica, a juicio del profesor Alcolea, que por él pasaron neandertales, “que no son hermanos nuestros sino nuestros primos”, puntualizó. Y hay más datos: que era una zona “con más caducifolio y menos pinos”, que la fauna más común en ese período la formaban “caballos, cabras, ciervos y corzos” y que a diferencia de la Cueva de los Casares, aquí sí que los neandertales fueron “responsables de la caza y el descarnado”. Respecto a la tecnología lítica, se han hallado “muchos instrumentos de consumo, sílex, mucha cuarcita y cuarzo, además de cristal de roca”, citó Alcaraz. 

» Abrigo de Peña Capón: Está situado en el valle del río Sorbe, a unos 3 kilómetros de Muriel y a uno, de Peña Cabra.

Para llegar hasta él, estos investigadores tienen que cruzar el embalse de Beleña y aprovechar sus bajadas. Pese a estar cubierto por el agua, no ha sufrido daños que impidan investigarlo. Así lo aseguró Alcaraz, que defiende que es un yacimiento excepcional porque documenta una secuencia sedimentaria y cultural inédita en todo el interior peninsular, lo que hace que las investigaciones en este yacimiento sean no sólo prometedoras sino también “claves” para la investigación.

Las primeras intervenciones en Peña Capón fueron en 1970. Un equipo dirigido por Martínez Santa-Olalla hizo un sondeo arqueológico, aunque nunca se publicaron los resultados de aquella intervención. En 1995, hubo un segundo intento pero la crecida de Beleña impidió de nuevo investigar, asi que decidieron trabajar sobre los materiales de la expedición liderada por Santa-Olalla. En 2013, pudieron definir algunos niveles de este “yacimiento de grandes dimensiones”, aunque “aún no hemos llegado a la roca-madre”, señaló ayer Alcaraz. De los 6 metros cuadrados excavados, ha salido “una industria lítica espectacular”, con “bifaciales, cristales de roca, abundante sílex...”. 

Las investigaciones han revelado otros hallazgos como dientes, buriles, raspadores, perforadores e, incluso, algún cuchillo. Es un yacimiento “aún por explotar”, sentenció Alcaraz, que habló de dataciones comprendidas entre los 23.000 a 26.000 años de antigüedad y de indicios que sugieren “una ocupación más estable” y relacionada con actividades de caza. Las investigaciones futuras en este abrigo dependerán de las inundaciones de Beleña y de la financiación. Por su dificultad de acceso, Alcolea no pidió un presupuesto estable sino la previsión de un “remanente” para poder excavar cuando el pantano lo permita.