Las sendas del tiempo

Cabanillas estrenó la revista caminada El Andariego en un recorrido en el que participaron más de cien vecinos. • El itinerario se detuvo en una antigua panadería, el lavadero, los viejos cines y las centenarias escuelas, donde además de recordar su historia se contó un cuento.


Si uno piensa en un pueblo de cuento, de uno de nuestros típicos cuentos populares, seguramente no es la Cabanillas de los adosados lo primero que le salta a la memoria. Piensa más bien en un pueblo de casas bajas con su horno de pan, su lavadero, sus niños en bucólicas escuelas de esas que ya no quedan, con sufridos jornaleros que, además de regar la tierra con el sudor de su frente, también le concedían a la felicidad algunos lujos, como ir al cine. Sin embargo, ese pueblo de cuento de toda la vida, de los del ‘érase una vez’, también podría ser Cabanillas. Y de hecho lo fue. Una Cabanillas que sus vecinos se encargaron este jueves de reconstruir –con palabras, no con ladrillos–, en un divertido maridaje de memoria colectiva y narración oral que han llamado ‘El Andariego’.

El Andariego’ es una revista caminada, un concepto que el narrador oral Pep Bruno, vecino de la localidad, ha trasladado a esta actividad que consistió en recorrer durante más de dos horas y media, hasta ya entrada la noche, un itinerario por el pueblo con varias paradas en rincones con solera de los que se rememoró su historia y en los que se contó un cuento.

La respuesta vecinal fue sorprendente, con más de un centenar de participantes. Pasadas las seis de la tarde, en la plaza del pueblo, junto al Consistorio, los cabanilleros se arremolinaron en torno al propio Bruno y al concejal de Cultura, Manuel Gallego, que obró de pregonero de la actividad. Se había quedado una tarde primaveral y nacía El Andariego.

Panadería y lavandería, dos clásicos

La comitiva enfiló la calle de Ambrosio Pérez. En lo alto de la cuesta, en su número uno, se situaba la primera parada de la tarde: la vieja panadería. María del Carmen Alcázar contó la historia de este viejo establecimiento familiar, que tuvo horno hasta 1970, pero que estuvo despachando pan hasta hace quince años. Los allí reunidos escucharon cómo se amasaba el pan, cómo a su enorme horno acudían las mujeres para cocer también allí sus bollos o cómo eran los pasteles salados que se hacían para el Domingo de Ramos y que el señor Alfredo repartía después de la procesión.

 

Fotos: R.M.

En la segunda parada, en el lavadero junto al canal que hoy cubre el cauce del antiguo arroyo, volvió a repetirse la fórmula. Mariaje Paniagua se encargó de relatar la historia del lugar a partir de los testimonios que le han prestado sus ‘informantes’, como llamó a los mayores que le han explicado cómo, cuándo y qué se lavaba allí, así como algunos chascarrillos, entre ellos que el lavadero era lo más parecido al parte de sucesos y rumores locales, por lo que había quien lo conocía como ‘el noticiario’. Concha Soria se encargó de contar a los reunidos en corro un cuento sobre siete lavanderas y siete leñadores.

La sencillez de los detalles que amenazan con perderse por el sumidero de desmemoria y el entusiasmo por revivir la vida de nuestros abuelos que surgen al rememorar las historias de los lugares hoy perdidos se combinan en esta divertida iniciativa con la narración oral: cuadro mujeres de un grupo de padres de los colegios locales que se reúnen habitualmente en la biblioteca se encargaron de contar otros tantos cuentos que tenían que ver con cada parada. Y así, la mezcolanza de oyendas, leyendas y cuentos resultó fantástica.

El cine de los ‘patateros’

La revista caminada continuó su itinerario entre las calles del casco viejo conforme caía la tarde sobre el pueblo. En los viejos cines que hubo hasta los años ochenta en la plaza del Alguacil Julio Biosca, sobre el bar Alcázar, Julia Moratilla rememoró cómo hace apenas 40 años Cabanillas era una localidad a la que acudían muchos jornaleros para recoger la cosecha. Eran los ‘patateros’, llegados de otros puntos de Castilla para la labor, y que entretenían la estancia en el pueblo acudiendo a estos cines que llegaban en esa época del año a tener sesión diaria, a razón de tres pesetas la entrada. Eran proyecciones castas y políticamente correctas: de eso se encargaba no sólo la censura de las autoridades franquistas, sino también la doble vuelta de tuerca que le daba a las películas la inquisitorial mirada del cura.

Eran los de estos ‘patateros’ unos tiempos casi de cuento, en los que pareciera que las semanas tenían ocho días y en las que sucedían cosas tan curiosas como que los rollos de una misma parte de la película corrían una misma tarde de pueblo en pueblo (Cabanillas, Alovera, Yunquera…), desplazados en moto nada más proyectarse en un pueblo para llegar a tiempo de que se viese en otro cine vecino. Pero el cuento propiamente dicho de esta parada se escuchó esta vez en la voz de María Ángeles Maestre, que contó una historia que todavía no tiene libro que protagonizaba un temporero llegado a la localidad.

Recta final

Las viejas escuelas, casi centenarias con sus noventa años de historia, fueron la parada en la que uno de los veteranos maestros de la localidad, Ángel Renieblas, relató cómo han evolucionado estas infraestructuras a lo largo del último siglo y medio. En las antiguas escuelas de niñas, actual centro polivalente, Cheles López contó un cuento de un niño que no sabía dibujar, pero que se convirtió en un gran artista gracias a su maestra.

Y así, paso a paso, letra tras letra, echó a andar este jueves la revista caminada de Cabanillas, que se enmarca en un proyecto municipal más amplio del archivo y la biblioteca locales para rescatar y difundir la memoria colectiva del pueblo. Y dice el narrador Pep Bruno, que ha organizado la actividad junto a la Concejalía de Cultura  y la Biblioteca Municipal, que hay historias para rato.

Como toda revista, la iniciativa también tuvo una suerte de contraportada. Lo fue la actuación del Coro Poético y Peripatético dirigido por la también narradora oral alcarreña Estrella Ortiz. Cabanillas tuvo el honor de escuchar por vez primera fuera de Guadalajara a este singular coro, tan divertido como melodramático en sus letras y entonaciones, que fue una de las sensaciones del último Maratón de los Cuentos en Guadalajara.

Con este do de pecho coral culminó la experiencia, que su equipo de Gobierno ha valorado en nota de prensa como un “brillante primer número” que “ha superado todas las expectativas”. La vista está ya puesta en una nueva convocatoria para primavera. Este ‘Andariego’ no ha hecho más que empezar a caminar…

 

 

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