“La fama de la princesa de Éboli oscureció la figura de su marido Ruy Gómez de Silva”

El historiador Aurelio García ha presentado en Fuentenovilla su biografía sobre el Príncipe de Éboli, en el V centenario del nacimiento del aristócrata luso. • Hace un recorrido en 19 capítulos del aristócrata nacido en Portugal y ligado a Pastrana y aporta documentos inéditos.


El historiador hontobés Aurelio García presentó el pasado fin de semana, con motivo de la celebración del Día del Libro en Fuentenovilla, su biografía sobre Ruy Gómez de Silva, I Duque de Pastrana (1516-1573), publicada por la editorial FANES con motivo del V Centenario del nacimiento del noble en Chamusca, Portugal. Acompañándole en el acto estuvieron la alcaldesa de Fuentenovilla, Montserrat Rivas, el edil Oscar Martínez, y el bibliotecario, José Vicente Monge. En su introducción, Rivas destacó “el trabajo incansable del historiador para desentrañar los secretos del pasado que se esconden en los archivos”, y reiteró que su investigación histórica sobre la comarca “siempre será bien recibida en Fuentenovilla”.

En la introducción del libro, García se para en cómo personajes baladís han pasado a la historia con más eco que otros, que no lo fueron en absoluto. “Este es el caso de don Ruy Gómez en comparación con su esposa, la famosa princesa de Éboli”, valoró el de Hontoba. En este sentido, en la presentación, García ha destacado también que el caso es uno de los pocos en la historia en los que “la fama de una fémina, antecede y oscurece a la de su esposo”.

Ruy Gómez es un personaje vinculado a La Alcarria. Fue señor de Estremera, Valdaracete, La Zarza, Zorita de los Canes, Albalate de Zorita y después, duque de la villa de Pastrana. Con el libro, cuyo título completo es 'Ruy Gómez de Silva, de privado de Felipe II a señor de vasallos’ el autor pone punto y aparte, “no punto y final”, matizó, a una trilogía que ha dedicado a personajes clave en la historia de Pastrana: Ana de Mendoza, Hernán López El Ferí y Ruy Gómez de Silva.

Posiblemente tenga la oportunidad en el futuro de escribir nuevas ediciones ampliadas, por la sencilla razón que me dedico a la investigación, y no a la interpretación, lo que hará, sin querer, que mi conocimiento sobre estos personajes aumente con el paso de los años”, afirmó en Fuentenovilla.

De Chamusca a Pastrana

El autor ha dividido el libro en diecinueve capítulos breves que en su mayoría recapitulan novedades desde el punto de vista de la investigación histórica. García plantea un recorrido por la trayectoria vital del personaje que parte desde su Chamusca natal y termina en Pastrana. Las últimas páginas del libro son la transcripción de quince documentos, casi todos inéditos, que apoyan las teorías, “siempre fundadas sobre hechos”, ha matizado en Fuentenovilla, que el autor vierte en las páginas del libro.

García afirmó que ha intentado mostrar la huella que dejo Ruy Gómez de Silva, “primero como cortesano, y protovalido de Felipe II, y más tarde como empresario en sus dominios señoriales”, lo que ha supuesto un trabajo arduo, puesto que el I Duque de Pastrana siempre estuvo rodeado de personajes con un enorme calado político e involucrado en los más importantes acontecimientos históricos de la España del Renacimiento. “Gómez de Silva jugó un papel clave en la política de Felipe II”, subrayó el historiador.

En cualquier caso, el autor explicó que su pretensión ha sido la de “buscar al Ruy Gómez hombre, y no al Ruy Gómez mito, rompiendo así con la tradicional manera en que se ha abordado casi siempre su vida: como si ya hubiera nacido como privado del Rey y tuviera un programa biográfico preestablecido; como si ya desde el principio supiera que acabaría siendo un cortesano de renombre”. Muy al contrario, el enfoque del personaje que propone García es el de un Ruy Gómez en construcción, que quiso sobrevivir como cortesano. “Fue un hombre pragmático, pícaro, que corrió ciertos riesgos y que tuvo el vicio del juego. Su gran afán desde joven fue el de medrar en la Corte”, dijo.

El portugués comenzó su carrera política como paje de la Emperatriz Isabel de Portugal. Allí se inició en los rudimentos de lo que debía ser un cortesano. Era una práctica común y deseable en las familias nobles de la época la de poner a servir a sus hijos en la corte para que aprenderían las sutiles artes de las relaciones públicas y pudieran medrar y hacer carrera a la sombra y amparo de los más poderosos. Así se inició una relación estrecha entre Isabel de Portugal y Ruy Gómez de Silva que se mantuvo hasta el fallecimiento de la emperatriz.

Ruy Gómez supo mantenerse en la corte tras la muerte de su valedora, triunfando al servicio de su hijo, el príncipe Felipe, futuro rey. A partir de ahí, todo fueron gracias y mercedes para Ruy, que asciende socialmente desde caballero de órdenes militares a conde, príncipe y duque, integrándose en la grandeza castellana.

Un personaje indispensable en la Corte

Es el fiel cortesano de la primera etapa del reinado de Felipe II. Fue aficionado a los juegos de caballería, justas y torneos en los que  participó junto al Rey. A su alrededor consigue formar una facción, a la que él mismo dio nombre, que se convierte en un verdadero partido político de carácter más moderado, dialogante, aperturista a nuevas corrientes religiosas y reconocedor de las costumbres y leyes regionales. Su extensa correspondencia, muestra a un personaje inmenso en la política de la corte, cercano al Rey y muy relacionado con las corrientes espirituales de la época, como fueron los jesuitas y los carmelitas descalzos.

En esos momentos el rey confiaba ciegamente en su ministro y le daba carta de libertad en todos los asuntos. Ruy supo aprovechar esta circunstancia aumentando su patrimonio y engrandeciendo su Casa con la fundación de señorío. Tras ir perdiendo influencia en la Corte, realiza un proyecto señorial de gran envergadura, similar al de las ciudades italianas, cercano al desarrollo de una actividad industrial parecida más un capitalismo mercantilista que a la tradicional actividad agrícola-ganadera de una Castilla con un escaso desarrollo industrial.

Quizá su figura se ha tratado de un modo más transversal, considerándole como un político en la Monarquía Hispánica. En Pastrana dejó su sello y su más profunda esencia personal, siendo junto a su esposa, Ana de Mendoza, uno de los personajes más recordados de la historia de Pastrana en el siglo XVI. 

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