Valdenuño Fernández renueva su botarga

Este domingo, Valdenuño Fernández renueva su botarga y a uno de sus danzantes. • A estas dos novedades suma la celebración, el sábado, de una comida con participantes de la fiesta de casi todas las épocas y un coloquio. • El Santo Niño Perdido, originaria del siglo XVIII, está en trámites de ser reconocida Fiesta de Interés Turístico Regional.


Valdenuño Fernández estrena este domingo nuevo botarga. Con tan solo 18 años, Jesús Ángeles Díaz, tomará el relevo de Mario Antón Muñoz después de siete años representando este importante papel en una fiesta que además, releva también a otro de sus danzantes, José Manuel Hernanz Redondo, que será sustituido por Jorge López Rodríguez. Son parte de las novedades de esta edición a las que se suma la organización de una comida este sábado 9 de enero con participantes de la fiesta de casi todas sus ediciones y la celebración posterior de una charla-coloquio donde se reflexionará sobre la evolución de esta fiesta y su futuro.

El de Valdenuño es uno de los primeros botargas de la provincia. La Fiesta del Santo Niño Perdido se remonta al siglo XVIII, como explica uno de sus danzantes, Rubén Moreno: "el libro de contabilidad señala que data del año 1721. Se cree que un niño abandonó su casa y el pueblo se volcó en su búsqueda yendo casa por casa para encontrarle. Finalmente fue encontrado en la iglesia, donde todo el mundo lo celebró con gran entusiasmo". Hoy, la leyenda se representa en la figura de una botarga acompañada de ocho danzantes y un tamborilero. Juntos van por las casas del pueblo en busca del Santo Niño, pidiendo limosnas, dulces y licores. Además en muchas de ellas, se hace una pequeña representación de la danza del 'Paloteo'. Todo arranca temprano, a las ocho y media.

La búsqueda finaliza en la iglesia del pueblo, en cuyo interior y exterior se danza, siempre acompañados por la botarga. "Esta danza es símbolo de confrontación entre el bien y el mal", añade Moreno. "Los danzantes al son del tamborilero, chocan sus palos con gran fuerza, llegando incluso a romperse".

La danza del Paloteo es de gran impacto visual y ha logrado la implicación del pueblo. Los danzantes son jóvenes entre 16 y 26 años, papel que interpretan una media de 5 y 8 años. Durante su juventud, todos los hombres del pueblo han sido danzantes. Los niños, ya desde los 14 años, aprenden la danza para dar relevo en un futuro.

Por la tarde, la fiesta incluye una procesión con la imagen del Santo Niño Perdido, a la que sigue una vez más, la danza del Paloteo. Tras ella, se realiza la tradicional "guerra de las naranjas", que consiste en el lanzamiento de esta fruta entre la botarga y los danzantes, representando, nuevamente, la confrontación entre el bien y el mal. Para concluir, se rifa una cordera, una anguila, un jamón y varios regalos sorpresa entre la gente del pueblo y todos los asistentes a la fiesta.

Vídeo facilitado por Rubén Moreno.