Hiendelaencina recupera el filón de sus minas

Las antiguas minas que hicieron próspero al Alto Rey podrían recuperarse para el turismo y la comarca gracias a un estudio y un proyecto de investigación de la Universidad de Alcalá, que pretende poner en valor el patrimonio industrial de la comarca. • El Ayuntamiento y los vecinos de Hiendelaencina luchan por recuperar e identificar este paisaje que perdura pese al vandalismo y dar luz al "País de la plata".


El pasado minero persigue a Hiendelaencina. Al pie de la Sierra del Alto Rey (1.858 metros de altitud), encajado en el valle del Río Bornova, queda el paisaje de lo que un día fue el yacimiento minero más importante de Europa por ser abundante en freislebenita, una combinación de plomo, plata y antimonio, única en el mundo. Actualmente, escombreras, pozos, centrales y edificios minero-industriales son postales desvencijadas, a cielo abierto, presas de los vándalos y afectadas por el expolio, inevitable todavía hoy.

El pueblo, su Ayuntamiento y sus vecinos luchan desde hace años por darle una segunda oportunidad a ese paisaje, vinculado de por vida al territorio. El proyecto, bautizado como 'El país de la plata', en homenaje al libro escrito por Bibiano Contreras, exmédico de Hiendelaencina, incluye un Museo que se prevé inaugurar a corto plazo -con probabilidad, tras las elecciones generales de diciembre-, itinerarios transversales en colaboración con la Universidad de Alcalá con un Centro de Interpretación como punto de partida, visitas a restos arquitectónicos para musealizar el territorio, así como otros pasos más ambiciosos, entre ellos, la creación de un Banco de Datos público que sirva de referencia para investigadores y hacer visitable la mina Santa Catalina, para lo que esperan ayuda institucional.  

"De cara al año que viene haremos una puesta en valor, la limpieza de los accesos y la consolidación de ciertos elementos de esta mina, de la de Santa Teresa y también del casco antiguo", explica Isabelle Bancheraud, concejal del Ayuntamiento de Hiendelaencina y propietaria desde hace cuatro años de La Perla, una de las casas rurales del pueblo. "Esto es sólo el principio", adelanta. El principio de una segunda vida para un paisaje y también, para un territorio y un pueblo, que en los prósperos tiempos del 'filón rico', pasó de 200 almas a 4.000 llegando en 1857 a alcanzar los 9.000 habitantes incluyendo al poblado de 'La Constante', situado en Gascueña de Bornova. 

Más que plata

La profesora Ángeles Layuno Roses, de la Universidad de Alcalá, ha dirigido un proyecto de investigación de carácter multidisciplinar para identificar, catalogar y recuperar el paisaje industrial de Hiendelaencina, que ha presentado en la Biblioteca Pública abriendo el ciclo divulgativo 'Patrimonio Industrial de Guadalajara'. En la iniciativa, han participado especialistas en Patrimonio, Arquitectura, Historia, Etnografía y Geología, entre otras disciplinas.

"En Hiendelaencina el filón va más allá de la plata, hemos descubierto su patrimonio", sentencia Layuno defendiendo la "puesta en valor" de estas minas. No sólo por su "importancia histórica" -en 1844 llegó a haber 88 y otras 50 en zonas cercanas- sino también por su "valor testimonial, su singularidad, su valor histórico-social y sobre todo, por su paisaje minero y natural", ya que el pueblo se encuentra en el Parque Natural de la Sierra Norte.

"Durante la extracción y también después, la mina deja un paisaje muy particular", advierte. Es la postal post-minera que hoy, pese a estar en la Lista Roja del Patrimonio por su estado ruinoso, conforman castilletes de madera, centrales térmicas, chimeneas, escombreras, chozos, molinos, mojones de demarcación, antiguos caminos e, incluso, viviendas abandonadas del antiguo poblado, ubicadas en la parte sur de Hiendelaencina y que son ejemplo de la Arquitectura Negra de Guadalajara. Es un paisaje "altamente contaminado" porque "ha dejado impacto, huellas y elementos visibles", afirma Layuno, pero está "lleno de oportunidades y es digno de ser exhibido. Es una recuperación de justicia".

La defensa que realiza esta experta se apoya en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial Español (2000-2011), que precisamente amplía el ámbito de protección al paisaje industrial; en la Carta de El Bierzo para la Conservación del Patrimonio Industrial Minero (IPCE, 2009), que defiende la musealización de las antiguas instalaciones mineras y en la Convención Europea del Paisaje (Florencia, 2000), que reconoce la potencialidad del paisaje como recurso económico favorable para la comunidad y como elemento de identidad, algo que "en Hiendelaencina es muy fuerte", reconoce.

Las memorias

Layuno, profesora de Historia de la Arquitectura en la UAH, cree que la memoria industrial y oral son "claves" para la recuperación de las minas. En el caso de Hiendelaencina, existen documentos, fotografías, escrituras, pero también restos, aunque estén gravemente deteriorados. "Y es interesante recuperar el patrimonio inmaterial como cantos, folclore o cultura minera", advierte. También lo es "el apoyo institucional, la concienciación y la sensibilización hacia la historia industrial y el papel de la comunidad local", que en Hiendelaencina es "incuestionable".

"Están haciendo un eco-museo sin saberlo", afirma la profesora, que ha vivido este proceso en primera persona. "Ha habido altibajos pero nunca se ha pensado en tirar la toalla. El monumento minero, por ejemplo, es una afirmación de memoria colectiva", añade, en referencia al conjunto escultórico compuesto por dos mineros y una vagoneta, que recuerda el papel fundamental que ha tenido la mina en la historia del pueblo y que fue inaugurado en julio de 2009.

Desde 2008, se han organizado además jornadas abiertas al público e incluso alumnos de Arquitectura han hecho propuestas de intervención y recuperación como el proyecto 'Parque de Experiencias. Vive la mina' o reconstrucciones virtuales como la del poblado La Constante, donde se ubicaba la Fábrica de Beneficio. Hoy es "un paisaje romántico y desolado" en Gascueña de Bornova pero fue la primera fábrica española que utilizó el proceso de amalgamación y una colonia inglesa donde residían directores, ingenieros, herreros o carpinteros llegados de Gran Bretaña, un poblado que llegó a tener "médico, ciudad-jardín y hasta teatro", cuenta. Su recreación ha sido posible gracias a las crónicas de viajeros de la época. 

Museo de la Plata

El proyecto más inmediato para recuperar las minas es el citado Museo de la Plata, un primer paso en un recorrido más amplio sobre la minería de la plata que podría hacer un turista en las inmediaciones de Hiendelaencina. El nuevo edificio cuenta con una planta baja que permitirá al visitante la contextualización a través de material audiovisual y una segunda planta, con paneles, maquetas, una sección de minerales, otra donde se cuente el proceso de extracción, las condiciones de vida de los trabajadores, las sociedades mercantiles que invirtieron en las minas, y  los cambios producidos en el municipio y su entorno a raíz de la explotación minera.

"Queremos que sea un museo no sólo de Hiendelaencina sino de toda la comarca porque el descubrimiento de la plata afectó a todo el Alto Rey: Robledo, Gascueña de Bornova, Bustares, Congostrina, Villares...", explica la bibliotecaria Julia Bruna, colaboradora de las 'Jornadas de la Minería de Hiendelaencina' y del proyecto museístico minero que contempla también el diseño de rutas "que permitan al turista poder recorrer cómodamente las minas. La zona es maravillosa", apunta.

Un patrimonio por explotar

La plata en Hiendelaencina fue descubierta en 1844 por el ingeniero Esteban Gorriz. La mina funcionó hasta 1916 aunque se siguieron explotando las escombreras. En los años 40 del pasado siglo tuvo otra reapertura y finalmente, en los años 90, se cerró del todo. "Ha tenido un desarrollo muy desigual. La calidad de la plata era muy alta, igual que su ley, aunque ésta no era muy regular. El filón rico se perdía frecuentemente, su historia ha sido como un zig-zag". Lo relata Bruna, hija de Hiendelaencina, que además de colaborar en el proyecto de recuperación de las minas es autora de la tesina 'Del mundo agrario al mundo industrial. El cambio demográfico y social en Hiendelaencina (Guadalajara, siglos XVIII-XX)'. Su estudio de las partidas de defunción de aquella época ha servido para trazar una especie de radiografía sociológica: ¿quiénes fueron sus protagonistas, ¿adónde fueron cuando la mina cerró?, ¿cómo vivían?, ¿cuáles eran las condiciones de trabajo?

"Sabemos que los que trabajaban dentro de las minas eran varones de 15 a 35 años y que los niños y las mujeres lo hacían fuera, en las escombreras, con los materiales de deshecho que no enviaban a las fábricas de beneficio", cuenta. Que "las jornadas eran largas y duras", con sueldos que se desconocen. "No hay constancia de grandes motines ni huelgas" pero sí de que carecían de Seguridad Social y de seguro: "las Sociedades no tenían ni obligación de curar ni de indemnizar en caso de accidente", detalla. En 1900, la legislación permitió crear un hospital de dos salas, quirófano y área de rehabilitación. Se inauguró en 1913 pero "ya no queda nada, salvo planos y un par de fotos, porque los vándalos lo desmantelaron".

"El núcleo poblacional debería seguir siendo objeto de estudio", defiende la profesora Layuno. El examen de los planos que existen revela que hubo barrios mineros, como el de las Minas o Santa Catalina, donde "las casas emergen del propio macizo". Se sabe también que la plaza Mayor, la del mercado, que es la mayor de los pueblos de la zona, era un punto de encuentro de comerciantes, un trasiego de gente movida por la producción de plata. La experta destaca también el patrimonio histórico del pueblo: "una iglesia parroquial de construcción sencilla, que financió la propia comunidad minera y un rastro antiguo, con arcos de ladrillo, que hoy es el Ayuntamiento" y que únicamente conserva una parte. 

Cuando las minas cerraron, algunos fueron empleados en la construcción de la carretera que va de Jadraque a Hiendelaencina. Otros se fueron a Madrid y trabajaron en la construcción de la primera línea del Metro, argumento que ha servido al escritor guadalajareño Diego Bris para hilar su novela 'Metropolitano'. "Estamos hablando de población nómada y, por tanto, cuando dejaron de explotar la mina se fueron", puntualiza Angeles Layuno.

Se marcharon, sí, pero dejaron atrás todo un patrimonio. Las minas de La Fuerza, una de las más antiguas de Hiendelaencina, donde la extracción se hacía con animal de carga; la de Santa Teresa, actualmente en estado precario pero con posibilidades de recuperación ya que se pueden seguir los procesos de producción; la de San Carlos, la más vandalizada... Y más nombres: Santa Cecilia, La Fortuna, La Suerte, la Verdad de los Artistas, La Perla, El Relámpago, la Tempestad, La Vascongada, El Tiburón, La Bodera, La Carolina... Todas esas minas fueron modelando la comarca del Alto Rey, pero también un paisaje que creció al antojo de un filón de plata. Dos siglos después, los actuales vecinos de Hiendelaencina, pueblo al que muchos todavía se refieren como Las Minas, se resisten a perder del todo ese pasado, a resignarse a olvidar sin más. Están convencidos de que en ese patrimonio, hay memoria y, sobre todo, aún se esconde un 'filón rico' por explotar.