Sigüenza recrea el repudio de doña Blanca de Borbón

Las XVI Jornadas Medievales se celebran entre el  10 y el 12 de julio con un programa cargado de actividades, entre las que destacan la noche de ánimas, el concierto de Mar del Norte, los talleres, el mercado con más de 180 puestos y la recreación del destierro de doña Blanca, con el asalto al castillo.


Por veredas y polvorientos caminos llegarán las brujas a Sigüenza para participar en las Jornadas Medievales que cumplen su XVI edición, en uno de los atractivos nocturnos más esperados de esta cita con la historia: la noche de embrujo. Mujeres y niñas del emblemático barrio del Arrabal, componen este grupo que, tomando como base el  medievo y siguiendo crónicas y leyendas de la época, interpretan temas tan actuales como la vida misma. Ataviadas de negro riguroso, envueltas en capas, sosteniendo en sus manos velas y abalorios, acompañadas por el sonido de tambores, dulzainas y campanillas, se abren paso ante el gentío que inunda la noche para dirigirse a la Fuente de los Cuatro años. Al filo de las once, iluminadas por la tenue luz de sus velas y las antorchas de la plaza, ante el numeroso público allí congregado, conjuran el poder del agua y los elementos, para iniciar su recorrido hacia el interior de la ciudad medieval, hasta llegar a los pies del castillo, donde vive confinada Doña Blanca. 

Es la historia de mujeres diferentes con un final triste: las brujas son mujeres perseguidas por querer ser libres, muy diferentes a la reina, presa de un amor no correspondido. Todas son mujeres que presagian y comparten un aciago desenlace. Una historia que está presente en los diferentes y variados sainetes que interpretan durante su ronda nocturna.

Al llegar a las puertas de acceso al interior de  la muralla, una parada para invocar a la luna, echar líquido en el caldero donde hierven sus pócimas, lanzar algún conjuro, maleficio o embrujo, augurando el desdichado final de su reina camino del destierro y el de ellas mismas que terminarán condenadas por brujería en la hoguera. La noche de embrujo se prolonga con el baile de las ánimas bajo la tenue luz de las velas y amenizado con el sonido de la música medieval. 

Pero no todo es magia en estas jornadas de tres días, donde se recrea la historia de la joven, rubia y guapa reina de origen francés doña Blanca de Borbón. Es un viaje a la Sigüenza del siglo XIV, que se palpa en cada calle, en sus monumentos, y donde se recuerda y honra la memoria de una mujer perseguida por el infortunio y repudiada por su propio marido, el rey castellano Pedro I.

Toda la ciudad participa en esta cita, donde se disfrazan cada año más de quinientos seguntinos y seguntinas. Caballos, rapaces, luchas fratricidas, viandas de mil gustos, decenas de aromas y mil colores, completan un atractivo fin de semana, programado por la Asociación Medieval Seguntina, que este año ha mimado especialmente la banda sonora.

El viernes se ha programado un festival de música folk con la actuación de dos grupos de música tradicional, Assika Folk y Las Colmenas, que completarán otros grupos clásicos en su presencia en la ciudad, como son Ixera, Dulzainas de Alcalá, Baucan, la batukada Bloco Dum Dum o el grupo de Danzas Medievales Manzanares. La noche del sábado actuará el grupo Mar del Norte.

Otras actividades, como el palenque en las eras del Castillo, son siempre de las más esperadas y concurridas de las Jornadas. Tendrán lugar en la tarde del sábado. 

Además, en la Plaza del Castillo, el sábado y domingo por la mañana, habrá pasacalles en los que desfilarán acompañados de música, los diversos grupos que actúan en estas jornadas medievales. Una exhibición de indumentaria medieval inundará de color las calles más céntricas de la ciudad, animando al público a integrarse y participar en la fiesta.

El programa se completa con las actividades complementarias: talleres de madera, exposición de armas, muestra de material de arquería, escuela de esgrima medieval, taller de fabricación de cota de malla y escudos. 

La historia de Doña Blanca 

Doña Blanca llegó demasiado tarde a Castilla para celebrar su boda con Don Pedro. Casada muchos meses antes por poderes en Francia, su viaje hasta Valladolid fue muy lento, según las crónicas y documentos de la época. En primer lugar, por la envergadura de su propio equipaje (en el que destacaba su riquísimo ajuar, cuya confección había sido muy laboriosa, lo que contribuyó al retraso), pero sobre todo, por los problemas que desde el principio hubo entre la corte francesa y la castellana en el pago de los plazos acordados de la dote.

El contrato matrimonial de Doña Blanca, hija de Don Pedro, Duque de Borbón, y sobrina del rey de Francia, se ratificó por este último el 7 de julio de 1352 y por el rey castellano el 4 de noviembre de ese mismo año. Fue entonces cuando, desde Paris, acompañada de su madre, la reina viajó por Beaucaire y Nimes hasta Narbona, donde llegó el 26 de noviembre. Allí se detuvo unos meses por los problemas surgidos con el impago del primer plazo de la dote. Antes de proseguir su camino, se trasladó a Avignon para entrevistarse con el nuevo Papa Inocencio VI, pues acababa de morir Clemente VI, promotor de su enlace con el rey castellano. Desde allí viajó a Barcelona a principios de febrero del 1353 y a finales del mes llegó por fin a Valladolid.

El monarca no acudió inmediatamente a esta ciudad para la boda real, pues en los meses de espera había conocido a Doña María Díaz de Padilla, de la que se enamoró apasionadamente y quien le dio una hija, Beatriz, nacida el 22 de marzo de ese año del 1353. Comprensible entonces que Don Pedro se mostrase reticente a casarse con Doña Blanca, y aunque el matrimonio se celebró efectivamente el 3 de junio, no fue extraño que aprovechase el impago de la dote para repudiar a su esposa y volver junto a Doña María. La decisión enfrentó directamente al rey con su valido, Don Juan Alfonso de Alburquerque, a quien consideraba responsable de haberle ocultado la incapacidad de Francia de asumir los pagos. Pocos meses después, la crisis se agudizó y el rey se enfrentó al Papa y a la nobleza castellana tras anular su boda con Doña Blanca.

Con el apoyo del Papa, parte de los nobles castellanos, entre los que destacan Alburquerque y los hermanos bastardos de Don Pedro, los Trastámara, se pusieron del lado de la reina y se levantaron contra el rey. Doña Blanca se trasladaría a Sigüenza en mayo del 1355, donde vivió cuatro años confinada.  

La reina moriría pocos años después en Medina Sidonia, asesinada por un ballestero, según sostienen algunos, aunque otros opinan que envenenada o simplemente víctima de una enfermedad. Ocho años después, sería asesinado el rey Don Pedro, y aunque enla Fiestas Medievales se recrea este hecho, se deja muy claro que no ocurrió en el castillo de Sigüenza, sino en los campos de Montiel. 


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