“De Guadalajara no queda ni huella, sólo el nombre”

El experto en patrimonio desaparecido Fernández Pardo ofreció un desolador panorama sobre la cuestión en la provincia en el homenaje a uno de sus mayores estudiosos, el fallecido profesor García de Paz. • Su amigo el historiador Herrera Casado trazó un emotivo perfil profesional y personal: “Era un enamorado de nuestra tierra”. • La diputada de Cultura entregó una placa a su viuda.


El profesor José Luis García de Paz amaba nuestra tierra y le dolían sus pérdidas en un sentido casi unamuniano. Le dolían, en realidad, todas las pérdidas del patrimonio artístico, pero en especial las de una provincia que siempre sintió como propia, aun cuando era su segunda casa. Fue por eso por lo que se entregó a estudiar tanto sobre Tendilla, la familia de los Mendoza, la Guerra de la Independencia… lo que le aproximó tanto al cronista oficial, el historiador Antonio Herrera Casado, y fue por eso mismo por lo que también se interesó por el trabajo de todo un experto en la materia a escala nacional, el investigador Francisco Fernández Pardo.

Ambos estuvieron ayer en la mesa en la que Diputación rindió homenaje al profesor García de Paz, fallecido en octubre de 2013. Un acto en el que el historiador alcarreño glosó la figura de su colega, insistiendo en que fue “un enamorado de la tierra”, y Fernández Pardo, llegado de San Sebastián, se centró en dar un repaso al panorama patrimonial guadalajareño, sin paños calientes.

“Ha habido una desamortización silenciosa”

En su conferencia, Fernández Pardo desgranó una galería de titulares contundentes: “Guadalajara es irrecuperable”, “ha desaparecido toda la estatuaria, ustedes han sido saqueados”, “la Calle Mayor es un destrozo” o “de Guadalajara [la medieval] no queda ni huella, sólo el nombre y nada más” fueron algunos de los golpes que dio al auditorio, entre el que recriminó como muestra de su pesimismo que no hubiese jóvenes. Porque el autor de ‘Dispersión y destrucción del patrimonio artístico español’, que acaba de cerrar con el sexto volumen, se confesó realista, si no pesimista directamente: “No puedo ser optimista, sería irreal”.

“A mí también me duele Guadalajara. Una vez vine y me marché desesperado”, aseguró, aunque también matizó que el de esta ciudad “no es un caso aislado”. Sí se detuvo en la pérdida del rastro de la ciudad árabe y sus murallas, que “aquí es apenas apreciable” a pesar de lo mucho que hubo, incluyendo la fortificación, los torreones y las mezquitas. Las causas, aseguró, son las mismas que en otros lugares, pero agravadas incluso por la propia ciudadanía arriacense. “Se ha producido una desamortización silenciosa” a lo largo de los dos últimos siglos. Las pérdidas del patrimonio artístico en este periodo es precisamente el tema central de su ambiciosa investigación publicada en seis libros.

“El edificio del Cívico da grima”

Obró Fernández Pardo en su conferencia como un agitador de conciencias, dibujando a veces la sonrisa de los presentes al llevar su catastrofismo casi hasta demoler lo que –aunque sea milagrosamente– todavía queda en pie. “¡Pobre Alcácar!”, exclamó en una ocasión. “¿Pero quién ha tirado la muralla?”, se preguntó, justo después de confesar que la Puerta de Bejanque le parece “una ruina”. No se ahorró el comentario sobre el edificio negro del Cívico: “Aquello da grima”.

Su teoría se redondeó haciendo responsables a todos de la catástrofe: al pueblo llano, por permitirlo, a los mandatarios y poderosos, por llevarlo a cabo: “Aquí ha habido cuatro clases que tienen toda la responsabilidad en lo sucedido porque eran quienes lo tenían todo”. Y citó la alta burguesía, la realeza, la Iglesia (que “también ha tenido bula”) y la nobleza, en particular los grandes de España. Todos ellos han estado 200 años vendiendo “a precio de chatarra” las joyas del patrimonio español.

Dijo Fernández Pardo que fue su manera de sentir como propias todas estas pérdidas de una tierra que no es la propia, la que seguramente llamó la atención de García de Paz, que “amaba a Guadalajara ardorosamente” y que se puso en contacto con él (“recibí una llamada insólita”) a propósito de sus lecturas de las investigaciones de este logroñés afincado en San Sebastián.

En su paso este lunes por el San José, este experto no perdió la oportunidad de reivindicar un comportamiento más activo entre la ciudadanía, siguiendo el rastro de la indignación compartida con García de Paz por los expolios, abandonos y desapariciones del patrimonio: “Las ciudades nos hacen a nosotros, las fachadas nos pertenecen”, aseguró, y pidió también “recordar a las personas que aquí han sido algo, y sus edificios”, no permitir las políticas de demoliciones de casonas antiguas como las que él mismo confesó haber visto con motivo de esta visita a Guadalajara o la necesidad de cuidar los detalles de los palacios como el Infantado, con puertas adecuadas y abiertas, según citó a modo de ejemplo.

Fernández Pardo reivindicó, además, una “regeneración estética para aprender a ver, a escuchar y a hablar de arte” y que se hace todavía más necesaria porque la desaparición del patrimonio que estaba a la vista supone que “desaparecen también de nuestra educación visual” una serie de referentes que considera imprescindibles.

“Para ser buen historiador hay que ser simpático”

La conferencia del invitado al homenaje cerró el acto, en el que la diputada de Cultura, Marta Valdenebro, quiso poner una nota de optimismo a pesar del panorama dibujado por el experto. Ella misma hizo entrega de una placa a la viuda del profesor García de Paz, tras expresarla también de palabra el “sincero y calusoro agradecimiento” por el trabajo que el profesor dedicó a la provincia.

Fue el cronista oficial de la provincia y académico de la Historia alcarreño, Herrera Casado, quien se encargó de situar la importancia del trabajo de quien fuera su amigo. Ensalzó lo “fulgurante” de su carrera académica como físico y repasó algunas de las fechas vitales principales, para centrarse después en sus investigaciones sobre la historia de la provincia de quien fue también nombrado cronista de Tendilla, aunque apenas disfrutó de ello entre julio y octubre, cuando murió.

Dijo Herrera Casado que García de Paz conocía a los Mendoza “como si fueran de su propia familia”, que “le llamó la atención” la Guerra de la Independencia para estudiar “su intrahistoria” y no sólo las grandes batallas de las que hasta ahora se ha ocupado la mayor parte de la investigación y que hizo uso de un “método clásico” buceando entre bibliografía y legajos de archivos, pero también preguntando a la gente, haciendo uso de un talante abierto: “Para ser buen historiador hay que ser simpático”, defendió el académico, que confesó también que el profesor “estaba muy ilusionado porque en octubre empezaba su año sabático, que sólo disfrutó una semana”.

El historiador y editor de Aache, donde publicó gran parte de su trabajo García de Paz, se mostró emocionado pero hizo de tripas corazón para desglosar uno por uno los títulos de “una obra que no es muy amplia, pero sí intensa”, donde también se encuentran los libros sobre los castillos de la provincia de Guadalajara y de la Comunidad de Madrid y el último de ellos, ‘La Feria de las Mercaderías de Tendilla’, “un libro pequeño pero muy bien trabajado” que nació al calor de la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional para el evento de la localidad alcarreña. Y recordó Herrera Casado que la obra del homenajeado “se multiplica en boletines de la provincia” y artículos de prensa donde siempre se mostró inclinado a participar.

Finalizó declarando lo que es obvio, su “cariño y admiración” hacia el amigo perdido a temprana edad. Un físico madrileño que será siempre recordado en Guadalajara por un sentimiento de dolor hacia Guadalajara. Lo dicen sus libros y lo subrayó en el homenaje su colega: “García de Paz era un enamorado de esta tierra”. 

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