El mapa de la vida neandertal

Caníbales, enterradores, tochos, con casa en la costa y en el interior peninsular. El paleoantropólogo Rolf M. Quam, de Atapuerca, reconstruyó el mapa de la vida neandertal en el cierre de los Cursos de Otoño. • Su conferencia fue un viaje a través de hallazgos de diferentes yacimientos, entre ellos, la Cueva de los Casares, de la que dijo: "confiamos en que las excavaciones arrojen nuevas informaciones".


Donde hay una cueva, comienza la historia. La de los neandertales se sabe que no se escribió en Africa, donde no se ha descubierto rastro de su presencia, pero sí en Europa y si acercáramos la lupa, también en España; también en Guadalajara, en la Cueva de los Casares, donde se excava actualmente y donde se sabe que coexistieron con los cromañones -porque hay grabados de homo sapiens pero también una industria lítica musteriense, típica neandertal-. Sus restos, encontrados en distintos yacimientos del mundo, han dado hasta ahora mucha información pero las investigaciones recientes con el ADN, la genética insertada en sus fósiles, ha demostrado que se abre un campo inmenso al conocimiento de esta especie.

Hay muchas incógnitas y algunas certezas, varias hipótesis, razonamientos cabales pero, sobre todo, mucho por saber. La vida de los neandertales todavía sigue siendo enigmática, su sociabilidad (o no) con los cromañones también, aunque el puzzle va teniendo ya piezas sólidas con las que los expertos van reescribiendo la novela de la vida y extinción del neandertal, su mapa vital.

De certezas pero también de hipótesis sobre este humano, aunque especie distinta al homo sapiens, habló este miércoles en el Centro San José el paleoantropólogo norteamericano Rolf Michael Quam, Doctor en Antropología por la Universidad de Binghamton en EEUU (2006) y miembro del equipo de excavaciones de Atapuerca desde 1996. Clausuró con su ponencia 'Los neandertales ibéricos' los Cursos de Otoño, organizados por la UAH y la Diputación, que han contado como conferenciantes con dos compañeros, los paleoantropólogos de Atapuerca Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal.  

Ni rastro de neandertales en Africa

El mapa neandertal es quizás "más extenso de lo que sabíamos", dijo Quam. Su presencia se data en Europa, en el Medio Oriente... "es muy probable que lo que se conoce hoy en día sobre su distribución habrá que cambiarlo". De momento, existen 250 individuos neandertales o más cuyos restos han dicho muchas cosas. Hay dientes, mandíbulas, esqueletos parciales y enteros -"sólo uno entero aporta más que cien huesos aislados", precisó- que han dicho todo lo que se sabe hasta el momento de esta especie diferente al homo sapiens, en cráneo, en caderas... aunque "sus dos esqueletos sean humanos",  los neandertales son "más tochos y robustos" que los cromañones, "tienen una historia evolutiva distinta". En algo coinciden todos los expertos: "se trata de dos linajes distintos pero con antepasado común, pudiera ser el Homo Anteccesor descubierto en Atapuerca". Pudiera. "Sea quien sea, lo compartieron".

De su conducta, se sabe que igual que enterraban a sus muertos aunque se trate de enterramientos nada complejos, sin ajuares ni decoración, también se sabe que practicaban el canibalismo. 

En yacimientos como el francés La Ferrasie se han descubierto 7 u 8 individuos; en la cueva iraquí de Shanider, 10. El cuarto, por cierto, con bastante polen de especies florales que aún crecen en la montaña donde se encuentra la cavidad “¿fue un acto de cariño?”, se preguntó Quam. “Puede ser”. 

Más hallazgos: En Siria, dos enterramientos de niños neandertales, donde se han encontrado restos simbólicos, aunque discutibles. Uno de ellos, una piedra en forma de corazón colocado justo en el lugar del corazón de uno de los pequeños “¿es simbólico o no?”, repreguntó el experto. “Pues hay que tener cuidado de tomar por sentado que fueron iguales a nosotros. Hay evidencias de simbolismo pero en la mayoría de los casos es discutible”. En cualquier caso, “el hecho de que se tomaran tiempo para enterrar, significa algo. Al menos, una idea del más allá…”.

Se sabe que no todos los neandertales acabaron enterrados. En la cueva de Moula-Gueray, en Francia, se han encontrado marcas de corte, actividades típicas de un neandertal que come un animal y se trata del mismo tratamiento que le daban a un fémur humano encontrado ahí. Es decir, igual comían animales que vecinos. 

Con ‘coco’ para la tecnología 

De los descubrimientos también se desprende que los neandertales tenían capacidad tecnológica. Su industria musteriense indica herramientas “más complejas de lo que había antes” y suficientemente grandes para cazar presas grandes, muestra de su habilidad como cazadores. 

También se sabe que se encontraron con los homo sapiens (nosotros) y que coexistieron. Pero no si fueron amigos o sospechaban los unos de los otros. Su cruce duró entre 2.600 y 5.400 años, “tiempo suficiente para hacerse preguntas” como si los objetos de los últimos neandertales que se han hallado eran tan parecidos a las de los sapiens porque se los copiaron, aprendieron de ellos o, simplemente, porque los neandertales fueron capaces de innovar ellos solos. Una prueba es el collar de huesos de ciervo encontrado en el yacimiento de Arcy sur Cure, en Francia. 

Las investigaciones con ADN han dado más información, aunque “este mundo está apenas en su infancia”, señaló Quam. Por ejemplo, se sabe que hubo neandertales con el pelo rojo, que su sistema inmune era diferente y su grupo sanguíneo era el O. eL ADN mitocondrial del neandertal original ha revelado además que sapiens y neandertales tienen materia genética distinta pero que “pudieron tener hijos y de hecho, se cree que tenemos entre un 1 y un 4% de ADN que viene del neandertal, lo que indica que la hibridación fue más que ocasional”. 

El neandertal que vivió en la costa española

La Península Ibérica es especial porque permite estudiar la totalidad de la evolución del neandertal. “Atapuerca podría ser el inicio del linaje”, tras el descubrimiento del cráneo 5, hasta ahora el cráneo pre-neandertal más completo hallado en el mundo, con una antigüedad de unos 300.000 años  y el hallazgo de una mandíbula, que sugiere que “el origen de los neandertales podría estar vinculado a una especialización de la dieta… podrían abrir la boca más que nosotros” y ese es un rasgo clave de su aparición. ¿Por qué? Aún es una incógnita, según Quam, pero puede ser por “un cambio en la dieta o porque usaba los dientes anteriores como una tercera mano”. 

El viaje por los yacimientos prosigue hasta Cova Negra ( Valencia), donde Quam precisó que se había hallado un enterramiento, donde casi todos eran niños. “Los neandertales tenían un patrón de crecimiento diferente, crecían más rápido porque sus vidas eran más cortas”, señaló este experto. La cueva ha arrojado también otros datos como que sus “ocupaciones eran esporádicas. Podían vivir días, semanas, pero no meses”, eran bastante móviles, nómadas y sus herramientas musterienses, lo que indica que pudieron ser neandertales tardíos.

Las excavaciones en Cova del Gigant en Cataluña han revelado una mandíbula humana de rasgos neandertales, que corroboró una secuencia corta de su ADN y en la cueva asturiana de El Sidrón, Quam realizó una parada especial: “se trata del yacimiento más excepcional del mundo porque contiene la mayor acumulación de huesos neandertales, más de 800 fósiles, de pocos individuos. También hay evidencia de canibalismo y allí, se descubrió el gen FOXP2, el gen del lenguaje, que ha permitido concluir que el hombre Cromañón y el de Neandertal tenían las dos mismas mutaciones (diferencias) respecto a los chimpancés. “Quizás los neandertales también podían hablar”, dijo Quam.

La Sima de las Palomas, en Murcia, es una sima vertical con casi 100 fósiles pegados a la pared, por lo que es “muy difícil escavar”. Contiene dos esqueletos parciales con rasgos neandertales pero “suavizados”, lo que lleva a pensar que no todos los neandertales tenían los mismos rasgos y que ello dependía de su situación geográfica. 

El último neandertal vivió posiblemente en la Cueva de Zafarraya, en la provincia de Granada. “El valle del Ebro hacía frontera entre los humanos modernos –cromañones-, que venían del Este y los neandertales que aún quedaban en la Península y que se refugiaban en el sur de España”, explicó Quam. 

Cuevas en el interior

En el interior de Península, Quam destacó el yacimiento burgalés de Valdegoba, donde se encontraron “dientes de leche, cuyo ADN reveló afinidades con los neandertales del Este” y el de Pinilla de Jadraque, en Madrid, que funcionó como escondite de hienas –no hay rastro de herramientas de piedra y los huesos neandertales encontrados ahí los trajeron ellas-.

En Guadalajara, destacó los yacimientos del Jarama, donde “no hay evidencia de supervivencia de los últimos neandertales” aunque sí “industria musteriense y un fósil neandertal” y la Cueva de los Casares, en Riba de Saelices, con ejemplos de industria lítica, un metacarpiano de la mano y grabados “seguramente de sapiens”, aunque la cueva es “prueba de dos humanidades distintas y actualmente se está excavando. Tenemos confianza de que esas excavaciones arrojen luz y nueva información sobre la vida de los neandertales”. 

Extinción

Entender su desaparición no es fácil. Se habla de cambio climático pero también de la competición que pudo suponer como especie la llegada de los cromañones. Quam defendió que “los neandertales vivieron casi medio millón de años en Europa y estaban adaptados al medio y a las oscilaciones climáticas. Sin embargo, desconocemos cómo fue la reacción de los neandertales al encontrarse con los cromañones” incluso si todos los neandertales ibéricos reaccionaron igual en Granada que en Murcia. Asi que “¿pudo ser que ambas especies compitieran por los mismos recursos?¿o que los cromañones hundieran demográficamente a los neandertales?” 

Difícil saber si estos eran una especie “en regresión cuando llegamos nosotros”, difícil también si en su extinción pudo “haber influido una estación climática fria con una especie humana con mejor herramienta. Seguramente ha sido así porque es raro que haya una única razón”. Difícil, sobre todo, saber cómo eran. Por el momento, sus huesos no han desvelado su espíritu.

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