Yebes pide a la Junta que declare BIC al búnker 'rojo'

La declaración sería un primer paso para salvaguardar el refugio subterráneo del IV Cuerpo del Ejército Republicano, donde además, se podría proyectar un Centro de Interpretación de la Guerra Civil española en Guadalajara. • El búnker, construido en 1937, tenía un diseño que protegía contra los ataques de gas y podía acoger a más de cien personas.   


A diez metros de profundidad, en las proximidades del Sanatorio de Alcohete, se encuentra el refugio subterráneo que se construyó en 1937, dos años antes de acabar la Guerra Civil, para acoger al Estado Mayor del IV Cuerpo del Ejército republicano, al mando del anarcosindicalista Cipriano Mera, que huía de los bombardeos a los que la aviación nacional sometía a Guadalajara. Una obra de ingeniería militar de las unidades de zapadores de este bando y "uno de los vestigios arquitectónicos mejor conservados de la Guerra Civil”, señalan fuentes del ayuntamiento de Yebes. Otras fuentes lo señalan como "uno de los más importantes de España, solo superado por la Posición Jaca, en Madrid". 

Por eso, el consistorio yebero ha solicitado a la Junta de Comunidades que sea declarado Bien de Interés Cultural, con el fin de preservar el recinto y dotarlo de una figura de protección que permita su incorporación al Catálogo patrimonial de Castilla-La Mancha. Es el primer paso, señalan, para salvaguardar su conservación y, con posterioridad, “proyectar la construcción de un modesto edificio en sus proximidades que acogería el Centro de Interpretación de la Guerra Civil española en Guadalajara”.

Mediante paneles explicativos, "los visitantes tendrían la oportunidad de conocer de primera mano la ingeniería civil que configuró el frente de Guadalajara y el sistema de defensa que se diseñó en torno a la capital de España". 

Tres accesos

El búnker cuenta con tres accesos: uno de ellos cegado; otro, una simple trampilla a ras de suelo y el último, una entrada abovedada en superficie que precede a una larga escalinata por la que se baja al pasillo principal. Es la ‘Posición Saldón’, nombre en clave que identificó a uno de los tres refugios aislados del frente de los que se tiene constancia en España. 

El refugio se organiza en forma de U en torno a tres pasillos y cuenta con un núcleo central en el que se disponen la mayoría de las estancias. Aparte de las diez salas cuadradas de alrededor de 6 metros cuadrados cada una, existe una dependencia que hacía las veces de subestación eléctrica. Esta sala conserva dos transformadores: uno contemporáneo al búnker y otro de datación posterior. Aunque sus usos no están claros, todo apunta a que pudo disponer de dormitorios, enfermería, salas de planos y estación de radio, todas ellas destinadas a oficiales dado que la tropa ocupaba las instalaciones del Sanatorio de Alcohete. 

Equipado con elementos de ligera sobrepresión atmosférica y un pozo de ventilación de 12 metros para captar aire limpio que contrarrestase los efectos de los gases tóxicos, este complejo construido a diez metros de profundidad era capaz de resistir la onda expansiva de proyectiles de 155 mm y bombas de 100 kilos. Su diseño era perfecto para garantizar la estanqueidad frente a los ataques con gas puesto que el enterramiento y la quebradura de las galerías en ángulo impedían su fácil propagación. Estaba preparado para alojar a más de un centenar de personas, y un generador de gasoil alimentaba la iluminación interior y el funcionamiento de los sistemas de bombeo de aire y agua. 

El alcalde de Yebes, Joaquin Ormazábal, valora la “idoneidad y oportunidad” de dotar a este “testigo silente” de la contienda española de alguna de las figuras de protección previstas para los bienes muebles. Ormazábal entiende que “reúne los valores recogidos en la legislación vigente al tratarse de una construcción vinculada a un periodo funesto de la historia reciente de nuestro país”, en concreto, la Ley 4/2013, de 16 de mayo, de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha. 

Para ello, explican, "se ha remitido a la Consejería de Educación y Cultura un amplio dossier que explica de forma documental la relevancia que tuvo este refugio subterráneo durante la Guerra Civil y la necesidad de impulsar su conservación".  

El refugio de Alcohete fue concebido para dirigir en situación de emergencia y durante semanas a todo un ejército, incluso sin contacto directo con el exterior. Para ello contaba con medios autónomos, conexión telefónica segura y su localización era secreta con el fin de preservarlo de las ofensivas de la aviación y la artillería. Además de Cipriano Mera, se tiene constancia documental de que por este lugar también pasaron el general Segismundo Casado y hasta Juan Negrín, último Presidente del Gobierno de la II República.

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