Un libro recoge semblanzas de treinta atencinos ilustres

La Posada del Cordón acogió este fin de semana la presentación de 'Atienza a través de sus personajes'. Su autor, Tomás Gismera, recibió también el título honorífico de Juglar de Atienza por parte de la Asociación Sibilas. El libro recoge perfiles de religiosos, políticos y hombres y mujeres de las letras y las artes. • Los vecinos piden a Diputación que permita que los atencinos puedan utilizar el patio central de la Posada del Cordón para actos culturales locales.


Un libro escrito por Tomás Gismera y recién publicado reúne en sus páginas una treintena de semblanzas de atencinos ilustres. El sábado de este fin de semana tenía lugar en la Posada del Cordón atencina la presentación del libro, titulado 'Atienza a través de sus personajes', en un acto que presidieron el alcalde, Pedro Loranca, y la presidenta de la Asociación Cultural Sibilas de Atienza.

La edición de esta obra se ha enmarcado en el homenaje que la asociación organizadora ha acordado tributar al autor atencino Tomás Gismera por su larga trayectoria literaria, concediéndole el honorífico título de “Juglar de Atienza”, título que le fue entregado en dicho acto, abierto por las emotivas palabras del alcalde de la localidad, quien agradeció a La presidenta de la asociación, María Teresa Vázquez, habló de Gismera como de un “incasable trabajador por la cultura de su tierra, y comprometido con la de su provincia”, mientras que el aludido realizó un largo y extenso recorrido a través de todos y cada uno de los personajes que se citan en el libro, y de otros muchos “de los que Atienza y Guadalajara han de sentirse orgullosas, puesto que llevaron el nombre del pueblo y la provincia por los cinco continentes”.

Vidas conocidas, vidas anónimas

La historia de los pueblos, siempre se ha dicho, la escriben sus gentes, a través de sus obras, de sus actos y de ese ir pregonando por los cuatro puntos cardinales, cuando de ello se trata, cuál fue el lugar en el que vieron la luz y comenzaron a caminar. Y Atienza ha sido, lo sigue siendo, una gran población levantada a fuerza de tesón por sus gentes. La mayoría anónimas, que han legado un pueblo hermoso del que los vecinso actuales están orgullosos. Aunque muchos de los personajes han caído en el olvido, Gismera recupera sus nombres y sus trayectorias ejemplares en este libro, homenajeando así a muchos de quienes han llevado el nombre de la villa por los cuatro puntos cardinales de los cinco continentes. De algunos queda el recuerdo, de otros se nos pierde la memoria y muchos más han pasado a ser parte del olvido.

Se nos pierde la memoria de Gonzalo Ruiz de Atienza, uno de los conquistadores de Sevilla junto a Fernando III; de Aparicio de Atienza, reformador de la diócesis de Albarracín; de Francisco de Atienza, reformador de la orden de San Jerónimo; de Juan de Ortega, estratega político de los Reyes Católicos; de Catalina de Medrano, reformadora del convento de San Francisco; de Luisa de Medrano, tenida como la primera mujer europea que dio cátedra en una Universidad; de Francisco de Segura, el gran atencino del Siglo de Oro, quien compartió vivencias con Lope de Vega o Cervantes; de Diego de Madrigal, que extendió su arte por gran número de las iglesias de la Castilla central; de Ana Hernando, que legó para Atienza la permanencia de un gran hospital barroco; de Pedro de Elgueta Vigil, que puso en valor las reales salinas de Guadalajara; de Antonio de Elgueta, que llevó el arte con letras mayúsculas a Murcia; de Baltasar de Elgueta, quien durante cuarenta años dirigió las obras del palacio real de Madrid y fundó la Real Academia de Bellas Artes; de José de Elgueta, que extendió su ciencia pacificadora por el Nuevo Continente, a través de la tierra de Chile; de Juan José Arias de Saavedra, que enseñó a Gaspar de Jovellanos a amar la tierra de Guadalajara; de José María de Beladíez, quien defendió la tierra de Guadalajara en las Cortes de Cádiz; de Antolín García Lozano, defensor de la libertad por encima de todo; de Baltasar Carrillo, que puso parte de los cimientos de la primera Diputación Provincial de Guadalajara; de Dionisio Rodríguez Chicharro, quien desde Miedes quiso dar a conocer la historia de los pueblos de la Serranía; Pedro Solís, el médico que rompió normas y mostró al pueblo la ciencia médica; Eduardo Contreras, un adelantado al tiempo que le tocó vivir; Bruno Pascual y sus hermanos Antonio y Francisca, que pusieron el nombre de Atienza en todos sus actos; Doroteo Cabellos, el primer Alcalde republicano de Atienza, y el primer fallecido a causa de la sinrazón de una guerra; Gil Ruiz Domínguez, quien acabó sus días víctima de la barbarie de los hombres, en Mauthausen; Teodoro Romanillos, quien luchó por la dignidad de los maestros, entre otros.

Podían, a estos, añadirse muchos nombres más, de raíz histórica: El gramático de Atienza, don Cipriano, que alborotó ese mundo allá por el siglo XVIII; su primo, de nombre Primo, que alcanzó la dignidad arzobispal en Cuba; Ruiz de Ribera, que fue a Roma a defender a Raimundo Lulio; Francisco Serantes, que tuvo la llave de la celda del duque de Riperdá; y los filósofos fray Gaspar y fray Baltasar.

Petición de apertura de la casa al pueblo

La presentación, en el espacio central de la Posada del Cordón, se encuadraba dentro del ofrecimiento de la Delegación de Cultura de la Diputación de Guadalajara para que dicho centro pueda ser utilizado por los vecinos de Atienza como sede desde el que difundir sus actos culturales, en acuerdo de colaboración entre Diputación y Ayuntamiento, como colaboradores necesarios de la cultura y promoción de Atienza. Asistiendo al acto el director del centro, José Antonio Alonso Ramos.

El acto de este fin de semana llenó por completo el aforo de la sala, no sólo con vecinos de Atienza, ya que al mismo asistieron gentes de la cultura y el asociacionismo de la comarca. El autor, Tomás Gismera, cedió los derechos de la obra a la asociación editora de la misma a fin de que los beneficios de la misma “caso de haberlos”, reviertan en Atienza a través de otros actos culturales.