Las mil caras de la Princesa de Éboli

Retratada con misterio, personaje protagonista de novelas y películas y hasta figura de cera o inspiración de un sketch cómico de Martes y Trece, la pastranera más popular de todos los tiempos, que es también uno de los personajes más enigmáticos de la historia de España, ha rendido a sus pies a creadores, historiadores e investigadores. Repasamos cómo ha visto la cultura a doña Ana de Mendoza.


El retrato más conocido de la Princesa de Éboli no es seguramente el más fiel. Y no deja de resultar una ironía que el rostro con que más la identificamos resulte tan misterioso como el propio personaje, uno de los más controvertidos de la historia de España: involucrada en las conjuras palaciegas y pieza fundamental de la llamada leyenda negra de Felipe II, la realidad y la ficción de su legado se funden para crear una biografía con un magnetismo indudable.

Tal vez por eso no sólo los historiadores se han sentido atraídos por doña Ana de Mendoza: la pintura, la literatura y el cine han ofrecido numerosos retratos de la princesa alcarreña. Visiones y revisiones que no han hecho sino añadir todavía más caras al enigmático retrato de la hija única de don Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda. Los hay tan disparatados como el homenaje televisivo que hizo Martes y Trece en un pequeño gag con ‘La princesa del Boli’, mientras otros han buscado la mayor fidelidad, las intrigas palaciegas o inmortalizarla en libros o en el Museo de Cera.

La “alcarreña más conocida”, según el historiador José Luis García de Paz, sería la primera duquesa de Pastrana, y una figura que estaría en primer plano de la vida cortesana, pero el relato de su vida está contaminado de imprecisiones y su propio carácter, muy controvertido, no ha ayudado a fijar con nitidez su historia.

En todo este entramado de miradas encontradas y a la vez esquivas hacia la ‘princesa tuerta’, Nacho Ares es seguramente uno de los nombres que en la actualidad más trabaja en la divulgación del enigmático personaje y que suele estar presente en el Festival Ducal de Pastrana, que se celebra estos días en la localidad alcarreña. Habitual en las ondas de la Cadena SER, la fascinación de Ares por Ana de Mondoza ha cristalizado en publicaciones como ‘Éboli. Secretosde la vida de Ana de Mendoza’, publicado en 2006, que busca incorporar las aportaciones documentales de los últimos tiempos, abordando lo que hasta hace poco eran asuntos tabú sobre el carácter de la princesa o acerca del ojo que tapaba bajo el parche. También en su interesante página web se dan cuenta de numerosos trabajos y hay una sección en la que ofrece un escaparate de investigaciones y aportaciones sobre la princesa, algunos de los cuales serán sido citados también en este reportaje.

Repasamos a continuación algunos de los retratos que (por este orden) han hecho la pintura, el cine, la literatura de ficción y el ensayo o estudio histórico sobre la aristócrata alcarreña.

El cuadro más famoso

El retrato más conocido de la princesa de Éboli simboliza como pocas obras de la cultura el enigma del propio personaje. Para empezar, se trata de un lienzo anónimo: aunque tradicionalmente ha habido quien lo ha atribuido a Alonso Sánchez-Coello, pintor de cámara de Felipe II, lo cierto es que se desconoce qué pincel trazó la imagen que con más éxito ha sido identificada con la cara de la princesa. Es también conocido como el retrato de la gola (el cuello cervantino que exhibe) o de la Casa del Infantado, pues esta familia lo adquirió y desde entonces ha estado en su poder.

Pese a todo, hay algunos elementos que no cuadran en exceso con la opción de que fuese un retrato realizado directamente a la princesa. Es la teoría que expone un estudio publicado este mismo mes de julio por Sandra María Cerro, grafóloga, en el que recuerda que “la famosa gorguera de abanillo o ‘gola cervantina’ que rodea el cuello de la princesa no se puso de moda hasta un siglo después y, por supuesto, Sánchez Coello no podía pintarla, puesto que no había conocimiento de tal, en su época de pintor”. El elemento del vestuario sí está presente en obras, por ejemplo, del pintor pastranero Juan Bautista Maíno, pero ya en el siglo XVII.

Esta experta también analiza una serie de aspectos del cuadro, como el rostro, idéntico al de otro retrato de la princesa, vestida de pastorcilla: “Las dos imágenes, proporcionadas, encajan a la perfección”; así como el vestido, sin un contorno fuerte. María Cerro aventura la hipótesis de que el cuadro podría ser una suerte de mosaico con elementos de diferente procedencia.

“No se trata de un retrato como tal”, mantiene Cerro. “Doña Ana de Mendoza nunca posó de esta forma para ningún pintor y nunca vistió ese cuello ostentoso. El retrato se trata, más bien, de una especie de ‘collage’, una composición realizada en varias épocas y, casi seguramente, por distintas manos artistas”, explica este estudio, el último que ha tratado de abordar los enigmas de la controvertida duquesa de Pastrana.

También Nacho Ares aborda el asunto en su libro ‘Éboli. Secretos de la vida de Ana de Mendoza’, recogiendo la teoría de María Kusche, según la cual el retrato más conocido de la princesa se habría realizado a partir de un boceto anterior, que habría sido adaptado más tarde con elementos a la moda del siglo XVII, momento en que fue encargado. Tal vez ese boceto pudiera explicar el calco entre los dos cuadros más conocidos de la princesa, el de la gola cervantina y en el que ofrece un aspecto más campestre.

Los ‘otros’ retratos

Precisamente este retrato en el que la princesa aparece como una pastorcilla es el otro más conocido de los muchos que hay sobre Ana de Mendoza. En este caso la autoría corresponde al pintor Sofonisba Anguissola.

Existe también un pequeño retrato de una niña de unos 13 o 14 años que la experta en arte María Kusche habría encontrado en la Casa del Infantado y que tendría la particularidad de presentar a la princesa sin parche, como recoge Ares en su libro, donde también consta que la ‘Joven desconocida’ de Prado, que pudiera ser obra de Anguissola (aunque se ha venido atribuyendo a Sánchez Coello), pudiera ser Ana de Mendoza, también aquí sin el carismático parche. Pese a todo, no existen argumentos más sólidos para asegurar con certeza que estas dos imágenes de infancia y juventud se correspondan con la dela mujer nacida en Cifuentes.

 

Menos dudas ofrecen otras obras en las que aparece, como un cuadro del Museo Franciscano de Pastrana donde, ahora sí con su parche, Ana de Mendoza forma parte de un conjunto protagonizado por Santa Teresa de Jesús, con quien tuvo más de un roce a propósito de la construcción del convento de las Carmelitas. El rostro de la princesa en esta escena es similar al del cuadro más conocido, si bien se mantiene la incógnita sobre cuál pudo constituir el modelo para cuál.

Ares también da cuenta de la existencia de algunos grabados y de cuadros modernos, como un dibujo en papel y óleo con trazos vanguardistas de Eduardo Arroyo. Un restaurante patranero, El Cenador de las monjas, muestra también dos retratos actuales realizados por el pintor local Javier Cámara, uno de ellos con la princesa como monja. En los últimos años Cámara ha realizado otro retrato más, mientras que el rostro de Ana de Mendoza ha sido llevado al lienzo por un franciscano pastranero en 1991. Las formas de arte más popular la han llevado por ejemplo a tener figuras pintorescas de Play-Mobil y una estatua de cera en el museo de figuras de Madrid.

Una princesa “frívola” en ‘La conjura del Escorial’

‘La conjura del Escorial’ llegó a las pantallas en 2008 con una historia que ahondaba en las intrigas palaciegas de la corte de Felipe II a partir del asesinato en una emboscada de Juan de Escobedo. La película, firmada por Antonio del Real, costó 14 millones de euros y se rodó en escenarios de Toledo, Jaén o Segovia, pero también en La Alcarria: Lupiana y Pastrana. El reparto internacional estaba encabezado por el español Juanjo Puigcorbé en el papel de Felipe II, Jason Isaacs como Antonio Pérez y Julia Ormond en el papel de la princesa, cuya figura histórica describió como “un personaje muy fuerte pero atrapado en su época” y que se sintió “frutrada” al intentar desplegar sus anhelos de libertad en una época que castigaba estos impulsos en la mujer.

La película, que gozó de un gran despliegue publicitario, seguramente no tuvo el éxito esperado en taquilla, aunque gozó de buenas críticas. El periodista Nacho Ares, una de las personalidades que más está contribuyendo en divulgar la figura de Ana de Mendoza, asistió a un preestreno y calificó el filme de  “fabuloso”, aunque advertía que apostaba por un retrato de la princesa de Éboli muy clásico, “el perfil de mujer frívola e intrigante” que ha legado la historia más oficialista. Para el crítico de ABC, Javier Coritijo, estamos ante “un thriller palaciego con todas las letras”.

La producción de este filme fue una de las que más empatía generó entre los pastraneros, que no sólo disfrutaron de la utilización de algunas escenarios del pueblo para la película sino que conocieron detalles por adelantado en el Festival Ducal anterior al estreno y recibieron visitas de algunos miembros del equipo en otros momentos diferentes al rodaje.

Belén Rueda se cambió el parche

A la princesa encarnada por Belén Rueda siempre se la recordará por una particularidad: tenía el parche en el ojo contrario. Lo comprobaron más de 2,8 millones de espectadores de audiencia de Antena3 en octubre de 2010 (menos en el segundo capítulo, aunque lideró su franja horaria), cuando se estrenó esta miniserie, que tuvo también entre los conocidos nombres del reparto a Hugo Silva como Antonio Pérez y Eduard Fernández como Felipe II. Una vez más, el relato se centraba en los amores entre Ana de Mendoza y el asesor del rey. También en esta ocasión los pastraneros pudieron reconocer en pantalla varias localizaciones de su pueblo, como la Plaza de la Hora o el propio Palacio Ducal.

Esta vez la recreación del personaje ofrecía un carácter corajudo e independiente para una mujer que generalmente ha sido representada con menos generosidad y poniendo el acento en otros atributos, como el egocentrismo. Pero lo que más llamó la atención a todos fue que esta princesa tuviese tapado el ojo izquierdo en vez del derecho, lo que incluso obligó a una justificación por parte de la actriz Belén Rueda: “lo de cambiar de ojo el parche tiene una simple justificación: no podía trabajar con el ojo derecho tapado, y eso era un problema, por ejemplo, para las escenas de esgrima”.

Más princesas del celuloide

La princesa ha tenido muchas más representaciones en el cine, protagonizando historias o con apariciones con más o menos peso en el guión. Una de las más importantes ha sido ‘La tumultuosa princesa de Éboli’, dentro de la serie Mujeres Insólitas que dirigió Cayetano Luca de Tena y que pudo verse en la pequeña pantalla en 1977, dentro de una producción de TVE. Uno de los capítulos, emitido en febrero de ese año, se centraba en la vida de la princesa pastranera, representada por Marisa Leza, mientras que Luisa Sala encarnaba a santa Teresa de Jesús y Ricardo Merino daba vida a Antonio Pérez.

Otros títulos que aporta, cómo no, el ‘ebolimaniaco’ Nacho Ares en su recopilación es ‘La princesa de Éboli. El silencio de la muerte’, esta vez en la serie Mujeres en la historia de María Teresa Álvarez (1998), de nuevo para TVE y con el rodaje de algunas escenas de la parte dramatizada en la conocida Habitación de la Hora del Palacio Ducal de Pastrana, en un documental que está disponible en la web de TVE. Esta serie dio lugar a un libro, firmado por la misma autora, ‘Ellas mismas’, en el que de nuevo hay un capítulo dedicado a Ana de Mendoza con el título ‘La princesa de Éboli, historia de una ambición’.

Cinco novelas con la princesa como protagonista

La escritora Almudena de Arteaga, perteneciente a la familia del Infantado, escribe sobre una de las más poderosas figuras de sus antepasados en ‘La princesa de Éboli’, una novela que ha tenido un gran éxito de ventas y que vio la luz hace ya quince años.

Se puede decir que esta novela es ya uno de los clásicos narrativos inspirados en la figura de Ana de Mendoza, si bien los títulos exitosos sobre ella tienen una larga tradición. La novelista británica Kate O’Brien escribió ‘Esa dama’, un libro aparecido en 1946 y llevado a la gran pantalla con el mismo título por Terence Young.

En 2007 hubo una triple coincidencia: Manuel Ayllón, con ‘La conjura del Greco’; Antonio Gala, en ‘El pedestal de las estatuas’; y Guillermo Rocafort, que esta vez pone de protagonista al marido de la princesa, el portugués Ruy Gómez de Silva, en ‘El príncipe de Éboli’.

Una ‘desconocida’ novela alemana

El alemán Friedrich Wencker-Wildberg publicó también su propia revisión de la historia de Ana de Mendoza y Antonio Pérez en 1937, un libro muy poco conocido y cuyo título en alemán es ‘Die spanische Salome. Der Roman der Fürstin Eboli und des Staatssekretärs Antonio Pérez’, traducido como ‘La Salomé española. La novela de la princesa de Éboli y el secretario de estado Antonio Pérez’. “Escrita en alemán y muy poco conocida por los ‘freakes’ del mundo de doña Ana, esta novela escrita en tercera persona y con aspecto de ensayo es en realidad otra de esas rarezas novelescas que no debe faltar en las baldas de cualquier estudioso”, asegura el divulgador Nacho Ares, que también apunta otros títulos antiguos menos conocidos como el poema dramático ‘Don Carlos, infante de España’ de Friedrich Schiller de 1787 y la novela de José Ortega Munilla titulada ‘La princesa de Éboli’, publicada en 1918. Otros trabajos literarios más recientes son el libro de historia novelada firmado por Aroní Yanko o ‘El bello ojo de la tuerta’, escrito por César Leante y que para Ares es “sin lugar a dudas, la mejor novela” sobre la figura de la princesa, a su juicio muy bien documentada.

Más de veinte ensayos y estudios

Hay más de una veintena larga de ensayos, investigaciones y estudios históricos que abordan la figura de Ana de Mendoza de manera monotemática o generosa. Entre los títulos que Ares tiene recopilados se encuentran una edición espcial del Ayuntamiento de Pastrana y Caja de Guadalajara editada en 1994 por el IV centenario de la muerte de la princesa (escrita por varios autores); la biografía del doctor Gregorio Marañón sobre ‘Antonio Pérez: el hombre, el drama, la época’ (1951); un librito firmado por E.Infante en 1959; la obra sin traducir ‘Power and gender in Renaissance Spain’ de la profesora norteamericana Helen Nader (Universidad de Illinois); los escritos de Giuseppe Barra y Antonella Cestaro; el ensayo de Vicenta Mª Márquez de la Plata y Ferrándiz, ‘Mujeres de acción en el Siglo de Oro’; además de otra media decena de títulos centrados en el proceso contra Antonio Pérez.

También está en esta colección ‘Vida de la princesa de ‘Eboli’, publicado en 1877 por Gaspar Muro, que es “la mejor obra que se ha publicado hasta la fecha sobre la princesa de Éboli”, según el propio Ares, que asegura que no es fácil obtener un ejemplar en la actualidad. Lo mismo sucede con “la obra más completa” después de esta otra, ‘La princesa de Éboli’ de José García Mercadal, posterior (1943) y, por eso mismo, “la última gran biografía”.

Algunas de las revisiones recientes están dibujando un perfil distinto al que tradicionalmente retrataba a la dama pastranera. Es el caso del trabajo del académico Manuel Fernández Álvarez en ‘La princesa de Éboli’, publicado en España en 2009, donde “rompe una lanza a favor de doña Ana y la libera de muchos de esos traumas históricos que han pesado sobre ella como un verdadero lastre”, explica Ares. También con un gran rigor metodológico, Trevor J.Dadson y Helen H. Reed han publicado este mismo año ‘Epistolario e historia documental de Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli’.

Entre las curiosidades editoriales está también ‘Las razones del rey’, un libro de Alfredo Villaverde Gil publicado en Guadalajara en 1998 con motivo del IV Centenario de la muerte de Felipe II y que da cuenta, entre otras cosas, de una obra de teatro en la que se recrea un cuentacuentos basado en la historia de amor de la princesa y Antonio Pérez, contado al estilo de la tradición de los relatos de ciegos del siglo XVI.

Desde Guadalajara

Una historiadora pastranera y una editorial alcarreña se han encargado de ofrecer una de las visiones más modernas sobre la princesa. Es el caso de Esther Alegre Carvajal en ‘La villa ducal de Pastrana’, publicado en Aache hace ahora una década, y en el que la profesora de la UNED, también muy activa en el Festival Ducal, se centra en la vida de la princesa en la localidad alcarreña. Con numeroso material fotográfico, se puede seguir también como una guía para conocer Pastrana tras los pasos de doña Ana de Mendoza, aunque el libro ofrece muchas más páginas sobre otros aspectos y personajes de la historia de la localidad. Editado en tapa dura y con un formato grande, constituye casi una obra para coleccionistas. 

Con anterioridad, hay que citar al menos otros dos títulos editados en Guadalajara. Uno de ellos corresponde al historiador y cronista oficial de la provincia, Antonio Herrera Casado, también en su editorial Aache. Aparecido el año 2000, ofrece un retrato general del personaje. Mientras, Manuel Santaolalla Llamas autoeditó un libro de 150 páginas en 1995, con algunos datos curiosos y fotos de época. En el amplio catálogo de miradas sobre 'La Tuerta' no podía faltar la historia escrita por sus paisanos contemporáneos.