La estatua del Conde de Romanones, a salvo

La recién restaurada estatua del Conde de Romanones, ubicada en la plaza de Santo Domingo, se ha inaugurado tras un mes y medio de trabajos, que han consistido en la limpieza de la piedra y del bronce. • Se ha sustituido el jardín por una gruesa grava blanca, que ayudará a evitar la humedad. • El coste de la obra asciende a 22.600 euros. • La estatua cumple su centenario en octubre de 2013.


La estatua del Conde de Romanones, ubicada en la plaza de Santo Domingo, se ha inaugurado tras un mes y medio de restauración que le ha devuelto esplendor a su piedra y al bronce. Es “el mejor conjunto escultórico de la ciudad”, ha dicho el alcalde, Antonio Román, que ha destacado también la autoría de la obra. Miguel Blay es “uno de los innovadores del modernismo español”, han coincidido las restauradoras Marta Campoamor y Cecilia Hernández.

Entre los avances sociales de este político guadalajareño, que desarrolló su carrera en la provincia gracias a un claro “clientelismo”, destaca el Real Decreto de 1901 por el que incluía en los Presupuestos Generales del Estado los salarios de los profesores, y el pago de las atenciones de personal subalterno y material de las escuelas públicas de primera enseñanza. 

El monumento fue, por eso, financiado por el colectivo de maestros de principios del siglo XIX. En octubre de 2013, la estatua cumple su centenario. El coste de estos trabajos, elaborados por la empresa guadalajareña R. Restauración de Bienes Culturales, ha ascendido a 22.600 euros. 

El monumento se encontraba en “una situación crítica”, ha explicado Román. “Los daños hubieran sido irreparables si no se hubiera actuado”. Los hongos, los líquenes, el hielo y el deshielo habían dañado mucho este conjunto escultórico, que presentaba además “fractura en la piedra” y excrementos de aves, cuyo ácido dañaba el bronce. Los traslados también han pasado factura a este grupo escultórico, ya que en 1931 pasó de la plaza del Palacio del Infantado a un almacén, donde permaneció durante algún tiempo, produciéndose “cortes en la escultura”, que había sido concebida como “un grupo escultórico único”.

Los trabajos de restauración también han incluido el jardín, “que ocultaba en parte y hacía que la humedad ascendiera por la piedra”, ha explicado Román, que ha añadido: “se han sellado grietas y realzado volúmenes”, se le ha aplicado una pátina de color y dotado de uniformidad cromática. 

La estatua ha sido restaurada “por el interés de este equipo de gobierno por mantener el patrimonio histórico-artístico de la ciudad”, ha dicho Román, que ha explicado otros ejemplos donde han intervenido como “los torreones, el puente de las Infantas, la puerta de Bejanque” y en el futuro, la valla del parque de Adoratrices.  “Considero que es una obligación porque es la herencia de nuestros antepasados”, ha dicho. 

Además del busto del Conde de Romanones, el conjunto escultórico representa la sabiduría –representado en el maestro- y el aprendizaje, a través de la escultura del alumno, que a su vez, recoge de manos de Romanones la Orden Ministerial donde se integra en los Presupuestos estatales los salarios de los profesores. 

Romanones, diputado durante más de 30 años

“Guadalajara era el feudo personal de Romanones”, escribe el profesor guadalajareño José Luis García de Paz. Escaló posiciones a través de actitudes clientelistas, propias del caciquismo “teniendo una rara habilidad para premiar mediante favores a aquellos que le eran fieles. De hecho consideraba una obligación inexcusable el contestar las peticiones de aquellos que le mostraban su apoyo en las elecciones”. 

Romanones Álvaro de Figueroa y Torres, fue el primer conde de Romanones. Nació en Madrid en 1863 y falleció en esa ciudad en 1950, pero su trayectoria política está fuertemente vinculada con Guadalajara, donde fue elegido diputado provincial ininterrumpidamente desde 1891 a 1923. Además, fue presidente del Senado y de los Diputados, varias veces ministros, tres veces presidente del Consejo de Ministros bajo el reinado de Alfonso XIII y formó parte del Partido Liberal de Mateo Sagasta y José Canalejas. 

Consiguió ser diputado provincial durante más de 30 años seguidos, “a veces sin candidato en contra, independientemente de qué partido gobernara en ese momento”, dice De Paz, “eso tiene su ‘mérito’ especialmente cuando abundaba el ‘pucherazo’: el gobierno se turnaba entre liberales y conservadores, siendo el partido que gobernaba el que colocaba sus candidatos y ‘preparaba’ las elecciones siguientes de modo que siempre obtenía mayoría. No existía una representación del pueblo tal y como ahora la entendemos. Muestra del control que ejercía Romanones en Guadalajara, incluso en sus comienzos como político, es que llegaría a salir elegido a pesar de que su propio partido apoyaba a otro candidato”, añade. 

Romanones fue un hábil escritor llegando a ser Académico de la Historia y Académico de Bellas Artes de San Fernando. Durante la República escribió sus memorias. Obras suyas fueron ‘Breviario de Política Experimental’, ‘Biología de los Partidos Políticos’ y ‘Notas de mi vida’. “Sin embargo, a pesar de ser ya Académico, autorizó en 1913 la venta al Museo de Berlín del Retablo de Monforte de Lemos, con la obra ‘Adoración de los Magos’, de Hugo van der Goes. Era vivo de genio y según él, católico, pero enemigo de la intransigencia religiosa y de la influencia del clero”, dice De Paz. 

¿Quién es Miguel Blay?

Miguel Blay y Fàbregas (Olot, Gerona, 1866-Madrid, 1936) es, además de un exigente y magnífico dibujante –el Prado conserva once de sus dibujos- “uno de los más importantes escultores modernistas”, coinciden las restauradoras guadalajareñas Marta Campoamor y Cecilia Hernández, encargadas de los trabajos de rehabilitación del conjunto escultórico del Conde de Romanones. La importancia de la estatua radica precisamente en su autor, que también ha firmado, entre otras joyas, el grupo escultórico de La Cançó Popular para el Palau de la Música Catalana, donde mezcla modernismo y romanticismo, o la estatua a Ramón Mesonero Romanos en los jardines del Pintor Ribera en Madrid. 

Blay trabaja y se forma en Olot, en los talleres de Arte Cristiano de José Berga y Boix y del pintor Joaquín Vayreda, labrando imágenes religiosas. Se cultivará en Roma y París, donde gana la medalla de honor en la Exposición Universal de 1900 y es nombrado caballero de la Legión de Honor francesa al año siguiente. En 1906 vuelve a España y se establece en Madrid.

Fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1909 y, desde el año siguiente, profesor de la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. También dirigió la la Academia de Bellas Artes de Roma de 1925 a 1930 y consigue la primera medalla en la Exposición Nacional de 1892 por su escultura ‘Los primeros fríos’, -que atesoran en el Jardín Botánico de Buenos Aires- galardón que repite en 1897 por ‘Al ideal’. En 1908, logra medalla de honor por ‘Eclosión’, conservada, como la anterior, en el Museo del Prado.