Romanones rejuvenecerá por 23.000 euros

La concejalía de Patrimonio Histórico invertirá 22.608 euros en la mejora de la escultura del Conde de Romanones, situada en la plaza de Santo Domingo. • “Acumula suciedad, manchas de oxidación y agentes biológicos que falsean su tonalidad”, explican. •  Se estima que los trabajos durarán tres meses.


El Ayuntamiento de Guadalajara, a través de la Concejalía de Patrimonio Histórico, restaurará el monumento erigido a Álvaro de Figueroa y Torres, Conde de Romanones, situado en la Plaza de Santo Domingo. Los trabajos comenzarán a lo largo de la próxima semana y durarán, estiman, unos tres meses. 

Se invertirán 22.608,69 euros y estarán destinados, tal y como explica la edil de Patrimonio Histórico, Isabel Nogueroles, a “preservar la integridad del monumento. El estado del monumento es deficiente y precisa de una intervención que mejore su aspecto estético y garantice su conservación. La superficie de cada elemento acumula suciedad, dado que cuenta con muchas manchas de oxidación y están sufriendo los efectos de agentes biológicos que falsean su tonalidad y aceleran su degradación”, señala. 

La empresa que desarrollará los trabajos es R. Restauración de Bienes Culturales S.L. Previamente, intervendrá en el monumento, realizando un trabajo de documentación mediante el que se recopilarán datos históricos, estilísticos y técnicos de la obra, y de su particular estado de conservación. Se realizará, además, una toma de muestras de todas las piezas para identificaciones petrológicas o del material constitutivo de la obra (arenisca y bronce). Entre otras actuaciones, se eliminarán los depósitos superficiales, se limpiará la superficie, se eliminarán los elementos de corrosión, se realizará un tratamiento inhibidor, se repondrán los elementos que faltan, se sellarán fisuras y grietas, entre otras actuaciones. También se intervendrá en la superficie de arenisca, explican fuentes de la concejalía. 

Una escultura levantada por los maestros

La escultura fue inaugurada el 16 de octubre de 1913 en Guadalajara. Se levantó primero en plaza del Palacio del Infantado, como consecuencia del empeño de las asociaciones de maestros de la provincia que habían convencido al colectivo del Magisterio Español para realizarla. Fue encargada a Miguel Blay, uno de los escultores más reputados del momento, que concibió una obra compuesta por dos figuras de bronce alrededor de una peana de piedra en cuya cúspide se aupaba el busto del benefactor. 

Álvaro de Figueroa y Torres se perfiló como uno de los principales personajes de la clase política durante todo el reinado de Alfonso XIII, situándose en la élite del Partido Liberal y ocupando cargos de responsabilidad en la gestión del Estado. Su carrera estuvo ligada al distrito electoral de Guadalajara, donde siempre obtuvo acta de diputado a Cortes y donde estructuró un clientelismo eficaz que le permitió ganar todas las confrontaciones electorales a las que concurrió. Uno de sus primeros destinos de entidad fue la cartera del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, lograda en 1901, en el Gobierno de Sagasta.

En ese año, sacó adelante uno de sus más aplaudidos logros: el Real Decreto de 26 de octubre por el que se posibilitaba la inclusión dentro de los presupuestos generales del Estado de las partidas necesarias para cubrir los sueldos de los docentes y el pago de las atenciones de personal subalterno y material de las escuelas públicas de primera enseñanza. 

A partir de ese hito, se gestó en Guadalajara una comisión de maestros encabezada por Mariano Chueca, Isidro Almazán Francos y Pedro De Diego que se ocupó de iniciar las gestiones para erigir un monumento que perpetuara la gratitud hacia el conde. 

Algunas fuentes le describen como el prototipo de político palaciego, maniobrero, de escasos escrúpulos y titular, valedor de poderosos intereses económicos, cultivador de influencias personales y caciquil.  Fue prolífico escritor –escribió sus memorias durante la I República- y fundó el periódico Diario Universal en 1903. El dramaturgo Valle-Inclán le nombra en su obra cumbre, ‘Luces de bohemia’, como paradigma de hombre inmensamente rico.

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