El embrión del Museo de la Ciudad

El Centro Municipal Integrado Eduardo Guitián acoge la exposición Guadalajara 1460-2010, germen del futuro Museo de la Ciudad. • Se ha programado un programa didáctico dirigido a escolares para que conozcan la historia de la ciudad. • La exposición ya fue mostrada en el Palacio del Infantado a finales de 2010.


La historia de Guadalajara está hecha de fotos, de cuadros, de maquetas, de esculturas y trípodes. De catastros que, aunque ingeniosos en su época, fracasaron estrepitosamente, de urnas electorales semejantes a barrocos jarrones que recuerdan destellos democráticos en pleno siglo XVIII. De periódicos, viejos frascos de la fábrica de hielo y gaseosas La Industrial S.A., aviones, capiteles, escudos y suelos programados. Los que la crisis económica y la burbuja inmobiliaria han dejado inertes, a la espera de tiempos mejores.           

A falta de un Museo de la Ciudad, que la concejalía de Cultura no descarta concebir en un futuro, el centenar de piezas originales y 60 reproducciones incluidas maquetas y planos que conforman la exposición ‘Guadalajara 1460-2010. Historia de la ciudad’ -mostrada a finales de 2010 en el Museo Provincial y comisariada por Pedro J. Pradillo, jefe técnico municipal de Patrimonio- son hoy el embrión de ese futuro museo capitalino. Se puede disfrutar en el CMI Eduardo Guitián. 

“Lo que queremos es que [estas piezas] sean disfrutadas por todo el público, que no estén guardadas”, señala a CulturaEnGuada Isabel Nogueroles, concejala de Cultura, “porque yo siempre he dicho que una obra de arte o una pieza guardada no existe porque no se muestra a la sociedad y no se comparte; por tanto, no tiene sentido”. 

“Desde el Patronato de Cultura queremos que sea conocido por el mayor número de público”. Por eso, se ha programado también –está pendiente de presentarse- un “programa didáctico para los escolares, para que puedan conocer la historia de la ciudad en la que viven. Es un programa muy divertido que se presentará en breve porque está todo listo”. 

El itinerario de la exposición descubre al visitante en varios espacios los orígenes y primer emplazamiento de Guadalajara, la transformación en una notoria capital de Al-Andalus, la incorporación al reino de Castilla como uno de sus principales concejos, la influencia de los Mendoza y su aportación al desarrollo de las artes, los años de esplendor ligados a la Real Fábrica de Paños, la llegada de los Ingenieros Militares y de la industria automovilística y aeronaútica, los desastres de la Guerra Civil y, por último, el renacer con la recuperación de las libertades democráticas. 

El principio de este ‘cuento’ arranca con el nacimiento de Guadalajara como ciudad, a finales de la Edad Media -1460, año en que el rey Enrique IV concedió el título- hasta principios del siglo XVI. Esta época permite ver cómo se estructuró el Ayuntamiento o se conformaron las murallas –se exhiben piezas cerámicas vidriadas encontradas en la plaza Mayor y un dibujo de la ciudad de Anton Van Der Wingaerde, dibujante paisajista flamenco del siglo XVI, que recorrió España a partir de 1561, dibujando un colección de 62 vistas de pueblos y ciudades, tal y como le encargó Felipe II. 

Guadalajara ha sido ciudad devota y conventual –llegó a tener hasta 14 conventos-, pero también una ciudad de progreso y éxito –en el siglo XVIII, recibió bienes de la dinastía borbónica y su deuda histórica con el Concejo con la Real Hacienda fue condonada y se implantó la Real Fábrica de Paños. 

En la Edad Media la ‘Judería’ se disgregaba por algunas calles del centro: las actuales Doctor Benito Hernando, Teniente Figueroa, Miguel Fluiters y Cuesta de San Miguel. Es decir, a lo largo de las vías de mayor actividad comercial; regentando muchas de las tiendas, talleres y bodegas aquí establecidas. El convento de Santa Clara, como propietario de las casas situadas frente a la iglesia de San Andrés, recibía importantes beneficios de los comerciantes judíos que las tenían en alquiler. 

La hija de Fernando VII, Isabel II, cambiaría el sesgo fabril de la ciudad por una imagen castrense. Mientras reinó Isabel, se construyó el canal del Henares, mejoraron las condiciones de riego de la Campiña pero también el Parque de Ingenieros Militares, que convirtieron a Guadalajara en cuna de la aerostación, germen de la Hispano. 

El progreso finalizó con el estallido de la guerra, en 1936, silencio recuperado con la llegada de la democracia, a mediados de los años 70. Testigo de ello son fotos de periódicos, de políticos, de imágenes que dan fe de cómo ha llegado esta ciudad a los días que ahora vivimos. La crisis enseña un montón de suelos programados, sin definir, a la espera de un nuevo orden económico.