La vida en panorámico

La muestra dedicada al fotógrafo José Regueira permanecerá abierta hasta el 2 de septiembre en las Salas del Duque, en el Infantado • Está formada por instantáneas que realizó durante las primeras décadas del siglo XX • De Guadalajara, destaca una imagen del Palacio del Infantado y dos más de Lupiana.


Entre 1919 y 1930 José Regueira (Madrid, 1880–1953), un aficionado a la fotografía, aprovechaba sus salidas con la elitista Sociedad Española de Excursiones para inmortalizar estampas, como un grupo de esquiadores en la sierra o miembros de la citada Sociedad en una visita al palacio del Infantado. Su gran truco era la cámara que llevaba al hombro, una Panoram nº 4, a la que dio un uso muy personal, “muy alejado de la práctica habitual de los panoramistas de su tiempo”, apuntan como nota introductoria en la exposición que sobre Regueira ha organizado la Fundación Mapfre y que puede visitarse en las Salas del Duque del Palacio del Infantado hasta el 2 de septiembre.

Medio centenar de fotografías, de las 216 que realizó entre 1919 y 1930 en formato de 10x30 centímetros, se muestra en este recorrido de impresiones de tinta sobre papel de algodón, que plasman imágenes de Avila, Segovia, Guadalajara y, fundamentalmente Madrid, con miradas privilegiadas desde una calle, una iglesia, un corner de un campo de fútbol o bajo la sombra de un punto perfecto en el parque madrileño del Retiro.

De sus viajes con la Sociedad Española de Excursiones, se ha elegido, además del Infantado, la visita que realizó al monasterio de San Bartolomé en Lupiana el 10 de abril de 1921. De la villa, inmortaliza en dos panorámicas la plaza Mayor. Es toda una estampa cinematográfica, en blanco y negro: gente jugando a los bolos; en otro plano, niños charlando; y en otro, escalando el rollo.

La riqueza de las imágenes de Regueira no sólo radica en la gran cantidad de información que da a quien las ve, sino desde donde dispara y cómo lo hace, consiguiendo casi una película con varios planos, un microrrelato, pequeñas historias: la soledad que parece percibirse en una panorámica de la sierra de Peñalara, en Madrid, o el ‘monólogo’ que se marca al regalar una vista de Ávila, sobrevolando la ciudad como si el propio autor fuera un pájaro.

Portugalete, Toledo o Madrid

La exposición también incluye una panorámica del famoso puente de Portugalete sobre la ría, símbolo de un pasado industrial; otra donde se aprecia la majestuosidad de Toledo, imperial desde el río y otra más, que demuestra la inmensidad de Madrid desde el Palacio de Correos, donde Regueira parece querer demostrar la teoría: la tierra es redonda, verdaderamente.

La muestra, que ha comisariado Ricardo González, también incluye instantes congelados con actos multitudinarios, originales castillos como el de Coca (Segovia), verbenas en Cuatro Caminos o la plaza de Carlos V, de Madrid, cuando había tranvía. No sólo son fotos, sino también retratos de una época, crónicas.

Regueira fotografió desde 1902 hasta 1953, explican desde la Fundación Mapfre. Pudo retratar lo mismo que otros pero su ingenio fue hacerlo de manera diferente “siguiendo un procedimiento basado en el movimiento rotatorio del objetivo, consiguiendo un espacio intermedio entre la fotografía y el cine”. Su ‘modus operandi’ fue un hallazgo para el propio Regueira, añaden, de cuya afición hoy quedan 7.000 fotografías en diferentes formatos en el archivo familiar, en Segovia.