Los espejos de una tierra encantada

El fotógrafo Jesús de los Reyes expone hasta el 16 de diciembre una colección de 35 instantáneas captadas en festejos de toda la provincia. • Ha seleccionado de entre más de 7.000 fotografías de su archivo, con un criterio que prima lo artístico y la mirada atípica. • Es una selecta muestra de su labor en un centenar de festejos, con su mirada más personal, atípica y original.


La primera sensación que tiene quien entra en la sala de exposiciones Antonio Pérez es la de estar ante un caleidoscopio que emite destellos de todos los colores. La siguiente, casi inmediata, es la de tener extendida ante la mirada toda una colección de sabores, sonidos y sensaciones, las que transmiten los festejos con más autenticidad de la provincia.

 ‘Guadalajara en danza’ es lo que el nombre indica, pero también mucho más: botargas salidas del mundo de las sombras o mascarones que se cruzan en la cámara bajo un cielo inquietante; caballos retratados al galope, se diría que literalmente desbocados; o soldados que custodian la imagen del Cristo en Semana Santa. Niños vestidos de diablo, de bufón o de angelitos, con bigote y sin bigote, soldados a pie, bandereos repletos de color… y un mundo que levita entre el cielo, a veces de tonalidades mágicas, y la tierra, que empaña o empasta, según qué casos, el objetivo que intenta capturarla.

De los Reyes ha estado en un centenar de tradiciones de la provincia, tiene más de 7.000 instantáneas catalogadas en su archivo y ha mirado y remirado muchos de estos festejos desde diferentes puntos de vista. Para esta selección ha primado el arte: la composición original, la mirada atípica del acontecimiento, la perspectiva inusual: a veces lo es la imagen casi mística –como esos danzantes que conforman una hilera de pies alzados del suelo y parecieran que colgaran del cielo-; en otras, en cambio, lo inaudito reside en la escena más prosaica de todas, como la joven sentada en la era, vista en dos primeros planos diferentes, durante las fiestas de Galve.

El criterio más oportuno

No siempre ha sido fácil. En general, una vez vista la exposición con los 35 cuadros en gran formato, colgados y combinados entre sí, De los Reyes ha quedado satisfecho. Quería una visión diferente de las tradiciones, que ha acompañado de una pequeña imagen, al lado, en la ficha que da título a la obra, con otra foto más pequeña que sí se ajusta mejor a la estampa típica de cada evento.

“La única condición que puse a Diputación –titular de este espacio y organizadora de la muestra– fue que la selección de las fotografías tuviese un criterio artístico y personal”. Y se puso manos a la obra, casi contra el reloj porque el encargo fue apresurado, y sin atender a segundas opiniones, a pesar de que la suya propia cambia de año en año. Y se vio de nuevo, eso sí, las calcula que entre 7.000 y 8.000 fotos de estas cerca de cien tradiciones que ha visitado, muchas en más de una ocasión.

E insiste: quería que la exposición no tuviese  la estampa más habitual de cada fiesta, la que cualquier guadalajareño ya tiene en su mente. Buscaba sorprender, resultar creativo. Pese a lo cual, sí hay alguna imagen que consigue retener en una única mirada fugaz todo un universo festivo, como ocurre en la fotografía de Albalate, donde aparecen San Blas con los niños ataviados para el festejo a sus pies y los cofrades mayores con sus llamativos trajes, uno en primer plano bebiendo de un porrón, porque es una fiesta tan religiosa como golfa.

El detalle

A veces, un simple detalle ha hecho que una fotografía esté en esta exquisita selección de obras, pasando una criba que ha dejado centenares de buenas instantáneas en el camino hacia su exposición al público.

Es el caso de una de las últimas imágenes del recorrido, de una procesión en Mondéjar, donde hay tres planos combinados: el Cristo, a la izquierda, rodeado de flores; al fondo la mascletá, tan habitual en las fiestas mondejanas; y en la base del cuadro, una nube de cabezas que en muchos casos levantan sus teléfonos móviles para grabar la pólvora. Sin embargo, el detalle que cautiva a De los Reyes y que ha hecho que la fotografía esté en esta selección para la exposición es mínimo: una mirada cruzada entre la imagen de Jesús y una mujer que, en medio del gentío, es la única que aparta la mirada del espectáculo para dirigirla al Nazareno. Una mujer cuyo rostro virginal incluso ofrece un halo de misterio, tal vez de religiosidad, en mitad de una estampa costumbrista del siglo XXI.

Hay más detalles que hacen que una fotografía resulte atractiva. A veces una ligera inclinación del encuadre ofrece una inestabilidad correcta en un banderazo; otras, el suelo adoquinado tras la lluvia; o una oscura sombra de una farola o de una campana, que dan un contrapunto de color a los llamativos trajes de una botarga. También la lengua rosada que asoma de la boca de un pequeño diablo de Luzón, con el rostro negro como el tizón y que, captado desde lo alto, mira directamente a cámara revelando que está a punto de iniciar una trastada.

Implicarse con las gentes

Se le dan bien los niños a De los Reyes, que asegura que se implican gustosos en el juego entre su desenvoltura en la escena y la necesidad de que quede bien capturada por su cámara. En general, el fotógrafo alcarreño intenta congeniar con quienes tendrá codo con codo durante la sesión.

Su presencia no pasa desapercibida, aunque en muchos casos sería lo ideal, así que a menudo intenta ‘trabajarse’ la familiaridad de quienes serán luego retratados. Porque considera que en este tipo de eventos, como decía también el mítico Robert Cappa de la guerra, si la fotografía no es buena es porque el fotógrafo no estaba suficientemente cerca de la escena. “Hay que involucrarse. Y más en mi caso, que trabajo con gran angular”.

Este uso del gran angular, el juego de claroscuros surtido por el cielo o remarcado por el uso del flash, la cercanía a la escena, el aprovechamiento del color del cielo (“la hora azul” de la anochecida resulta soberbia en la fotografía de una de las procesiones), los casi generalizados picados o contrapicados o el disparo al ras del suelo para trasladar a la película la tierra mojada que pisan los caballos galopantes de Atienza son algunos de los recursos plasmados en varias de las fotografías.

Combinaciones

Hay a lo largo del recorrido, por el que nos guía el propio artista, algunas obras que combinan entre sí, como los paneles que conforman tres retratos quietos de botargas en Málaga del Fresno, Robledillo de Mohernando y Humanes; los tres primeros planos de mascarones, en uno de los laterales de la sala; las tres procesiones relacionadas de algún modo con fuego en Setiles, Humanes y Mondéjar; o las dos escenas con caballos de Hita y Atienza.

Aunque su labor es extensísima, variada y ha evolucionado, en esta exposición el artista De los Reyes se descubre como un fotógrafo que busca un encuadre que rompa con los cánones. No dispara con bala, sino con tirachinas, echando el lazo o tirando las redes para capturar un tumulto de vaquillones que dan su merecido a un niño. Es una mirada fabulosa para una tierra que ofrece estampas que parecieran a veces rescatadas de la ficción. Son un canto a esa “bella tierra durmiente, soñando con el milagroso beso que la despierte”, como la princesa del cuento de hadas. Las fotografías ofrecen el enfoque necesariamente misterioso, desconcertante o travieso para unas escenas que, repetidas cada año, “forjan nuestra cultura castellana”, según escribe el propio fotógrafo en el díptico que presenta su exposición.

Dejemos que hable De los Reyes de este mundo despoblado pero no desprovisto de magia: “Por él pululan gigantes, enanos juguetones y amables monstruos, osados guerreros, encantadoras princesas, cerúleos sacerdotes y niños con bigote”. Y hacen cosas insólitas: “También lo surcan sonidos de guitarras y tambores, que hablan de amores y de mayos con flores; y de alegres dulzainas, roncos trombones… se rodea también de derruidos castillos, de tapizadas plazas con espliego y de ermitas cuyos únicos fieles son los árboles; de olores, de sabores y e tantos, tantos colores”.

Conocedor de las tradiciones

A base de trabajar en ellos, el artista se ha convertido en un gran conocedor de los festejos populares de la provincia e incluso se ha encariñado especialmente con alguno de ellos. Recomienda por ejemplo las fiestas de invierno en Valdenuño Fernández, con la botarga (una de las que tiene peores pulgas) y las danzas dentro de la iglesia, en cuyo paloteo saltan astillas, tan salvaje como sigue siendo allí este baile de tradición guerrera. También recomienda algún clásico de primavera, como la caballada de Atienza, o “las tradiciones del fuego”, que también son varias y siempre lucen en fotografía.

Entre los retos, pese a todo, está seguir ampliando su nómina de festejos fotografiados. Le da respeto, pero lo abordará, la procesión marinera del Carmen en Bolarque. Será un cambio de paisaje radical: el agua, en vez de sus habituales tierras y cielos, y los barcos, en vez de los caballos.

Es esta una de las pocas tradiciones que aún le siguen quedando por hacer en un proyecto que nació en 2003 con su compañero Luis Solano, el fotógrafo que desgraciadamente falleció en el retén de Cogolludo durante las tareas de extinción del incendio de La Riba en el verano de 2005. Se habían repartido los festejos y estaban cubriendo todos ellos, una labor que se hacía visible –y sigue siéndolo– en la web Guadalajara Tradicional y que también se plasmó en el libro ‘Guadalajara Tradicional. Tierra iluminada’.

Precisamente De los Reyes propone a Diputación que se anime a profundizar en la promoción de las tradiciones con fotografías que hagan más visual la oferta del posible turista a través del formato web y una “publicidad inteligente” que asigne una suerte de paquetes turísticos en los que la propuesta monumental o gastronómica combine también con las fechas en las que muchos de los pueblos llevan a cabo algunas de estas tradiciones.

Pero esa es otra historia. De momento, y hasta el día 16, De los Reyes mantiene desplegado el crisol de sensaciones captadas en las tradiciones de la provincia. Dejemos que acabe él, que habla tan bien como fotografía: “Espero que tras varios años de recorrer este país en calma, que en suerte nos ha tocado habitar, haya sabido robar los mejores espejos de esta tierra encantada para mostraros parte de lo que somos, parte de lo que he vivido entre estas gentes de bien…”. Juzguen ustedes mismos.


La exposición de Jesús de los Reyes, 'Guadalajara en danza', está abierta hasta el 16 de diciembre en la Sala de Arte Antonio Pérez del complejo San José (Guadalajara capital, C/Atienza) y se puede visitar de lunes a sábado, de 19,00 a 21,00 horas, excepto festivos.