“Las guerras no acaban cuando dice la Wikipedia”

El reportero Gervasio Sánchez inaugura en el Infantado su ‘Antología’, una selección de fotografías de 25 años de cobertura de conflictos en todo el mundo que demuestran que “la guerra no es un espectáculo”, sino un horror. • El periodista ofreció una conferencia en la que denunció el negocio militar y reclamó que el profesional tiene que “empatizar con las víctimas”.


La guerra de Bosnia no acabó el 14 de diciembre de 1995. Ni la de Ruanda, en 1993. Tampoco la Guerra Civil española terminó en abril de 1939. Aquellas guerras, todas las guerras, siguen aún. Permanecen en los campos minados, en las secuelas mentales de la población civil, en el muñón de cada miembro amputado y en cada refugiado expulsado lejos de su casa. El fotógrafo, que ha estado en Santiago de Chile, en Kosovo, en Bagdag, en Goma o en el cementerio municipal de Guadalajara, continúa todavía hoy librando su propia batalla, denunciando al salvaje a través de su rastro criminal: cadáveres amontonados, miradas asustadas, bibliotecas en llamas.

El trabajo de Gervasio Sánchez no es tanto hacer fotografías y publicarlas como documentar el horror. Su exposición ‘Antología’ ofrece una cruda selección de escenas de conflictos armados en todo el mundo a lo largo de las tres últimas décadas, un vagabundeo entre bombas y machetazos que detiene la mirada en las víctimas. Son escenas muy duras que, como dice siempre Gervasio Sánchez,  demuestran que “la guerra no es un espectáculo”.

El reportero tituló precisamente así la conferencia con la que ayer acompañó la muy esperada inauguración de su exposición –estuvo a punto de desembarcar aquí hace año y medio, pero se retiró sin explicaciones después de anunciarse–. Esta puesta de largo, en la que estuvo presente el director provincial de Cultura de la Junta, Faustino Lozano, atrajo a más de un centenar de guadalajareños hasta el Infantado para ser los primeros en ver aquí la muestra comisariada por Sandra Balsells, que ofrece casi 175 instantáneas y que lleva ya un lustro girando por todo el país a iniciativa del Ministerio de Cultura.

Odio la guerra”

La guerra es horrible. Y el deber del periodista no es “trabajar como un autómata” sino “empatizar con las víctimas y con la gente que sufre sin saber por qué”, mantuvo ayer el periodista, que asegura que antes que un espectáculo, “la guerra es un negocio” del que se benefician empresarios que no se manchan las manos de sangre y que embrutece, en cambio, a quienes combaten en ella.

En conflictos como Ruanda, que dice haber sido el peor que ha vivido (“literalmente tuvimos que pisar cadáveres para movernos en los campos de refugiados”), con 750.000 asesinados en tres meses, aprendió que “cuando todo se desmorona, nos convertimos en salvajes”. Personas grises mutan en auténticos carniceros. “He conocido muy pocos héroes en las guerras, contados con los dedos de una mano”. No hay nada de épica ni heroicidades, sino masacres, violaciones y un sufrimiento que, insistió, no cesa el día en que la enciclopedia virtual dice que acabó la guerra.

Hay que buscar razones para resistir” ya que siempre “hay algo de ti que muere en cada conflicto”, se confesó el periodista, habitual desde sus inicios en El Heraldo de Aragón. “Odio la guerra, es lo peor que le puede pasar a una sociedad”, subrayó, marcando distancias con el cinismo que se han gastado otros reporteros con perfil de tipos duros.

Sánchez repasó en su conferencia sus proyectos periodísticos desde las coberturas en América Latina, los Balcanes y el África subsahariana hasta los más recientes, ‘Vidas minadas’ y ‘Desaparecidos’ –con el que sigue, documentando el horror en las fosas del franquismo–. Ofreció varios montajes de fotografías en vídeo y reclamó un trabajo bien hecho: “hay que entrar en las historias a saco”, exigir a esos medios “que tienen la costumbre de acostarse con los poderosos” que hay que hacer una labor “de vigilancia”. “Que los periodistas no hagamos bien nuestro trabajo significa que haya menos posibilidades de salvar vidas”. Y hubo, también, unos cuantos mandobles habituales hacia los presidentes españoles (mención especial a Zapatero) por multiplicar los beneficios por la venta de armas.

En su recorrido, Gervasio Sánchez se detuvo al final en el proyecto de ‘Desaparecidos’, del que hay varios retratos en la exposición y en el que sigue trabajando, ahora en España. El periodista no dejó títere con cabeza y arremetió contra “la cobardía de la clase política española” por la ausencia de apoyo a quienes buscan todavía a sus familiares desaparecidos en fosas comunes y cunetas: “Me parece un escándalo”, subrayó, para calificar poco después de “vomitivo” que el Ayuntamiento de Guadalajara haya cobrado una tasa municipal por la exhumación del cadáver de Timoteo Mendieta en febrero de este año, un acontecimiento al que el propio Sánchez asistió.

Dedicado a los colegas muertos

En la inauguración en la Sala de Linajes del Infantado, Gervasio Sánchez dedicó esta exposición a sus colegas españoles que han muerto cubriendo conflictos y a cuantos siguen perseguidos por intentar hacer su trabajo actualmente. Dejó un consejo para los más jóvenes (“la paciencia ha sido muy importante para consolidar mi obra”) y denunció la situación de los medios de comunicación, “una profesión muy pisoteada por algunos sinvergüenzas”. Sánchez, que se declara “periodista desde la cuna hasta la tumba: quiero morirme hablando de periodismo”, recordó también a Manu Leguineche y Enrique Meneses.

La exposición consta de cinco apartados: América Latina (1984-1992), Balcanes (1991-1999), África (1994-2004), Vidas minadas (1995-2007) y Desaparecidos (1998-2010). Estará abierta al público hasta el 15 de enero en la Sala de Linajes del Palacio del Infantado, en el horario habitual. En ella encontrará el visitante innumerables ventanas hacia el horror, una crudeza que abofetea la conciencia del espectador por una buena causa: convertirnos en mejores personas. Porque esas expresiones de horror constituyen el testimonio de un fotoperiodista que sueña con que algún día un científico que sobreviva a un conflicto armado invente una vacuna contra la violencia.

 

 

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