La mirada cotidiana de Márquez Macho

La Riba de Saelices homenajea este fin de semana, con una exposición y una proyección de diapositivas, a este fotógrafo que fue discípulo de Tomás Camarillo, fundador de la af/G y retratista de paisajes y gentes del pueblo. 


La mirada del fotógrafo Antonio Márquez Macho se posaba sobre lo cotidiano. Sus negativos están repletos de estampas familiares, escenas costumbristas de la vida rural y rincones de su pueblo, Riba de Saelices, que este fin de semana le homenajea con una exposición y una proyección de diapositivas, cinco años después de su fallecimiento en 2011.

Gloria Márquez, su hija, ha estado todos estos días previos al homenaje inmersa en los preparativos, entre materiales fotográficos de otra época que este sábado salen a relucir. Porque habrá fotografías -21 componen la exposición, con escenas de las calles del pueblo en los años sesenta- pero quienes se acerquen hasta La Riba podrán ver también documentos como el primer contrato que tuvo con 15 años, su ampliadora, cubetas o productos químicos de revelado.

Y estará también la inseparable compañera de Márquez Macho, la ‘rolleiflex’, una cámara singular, cuadrada, que llevaba siempre colgada al cuello y que tenía como particularidad un visor del mismo tamaño que la fotografía que sería revelada, casi un adelanto en unos tiempos en los que el fotógrafo no veía lo que encuadraba de esta manera más similar a lo que ha ocurrido más tarde con las cámaras digitales o los móviles.

La de este fotógrafo es la huella de uno de los nombres que consolidó el panorama fotográfico en la provincia. Fue discípulo de uno de los pioneros de este arte en Guadalajara, Tomás Camarillo, con quien recorrió toda la provincia durante tres décadas, pero también numerosas ciudades del país, y para quien trabajó revelando carretes que los clientes llevaban a su estudio.

Pero González Macho fue también uno de los socios fundadores de la actual Agrupación Fotográfica (af/G), un ya lejano 16 de marzo de 1956 del que precisamente se han cumplido 60 años. No obstante, este fotógrafo jamás se dio demasiada importancia, a pesar de que también obtuvo premios nacionales y de que su labor resultó fundamental animando a otros nombres que más tarde han estado íntimamente ligados al panorama fotográfico alcarreño, como el de Santiago Bernal, quien aprendió con él.

Muchos le recuerdan por lo buena persona que era”, dice su orgullosa hija, Gloria Márquez, miembro también ella de la Agrupación, que no obstante espera que el homenaje de este fin de semana sirva también para mostrar un trabajo por cuyo reconocimiento su padre nunca tuvo una preocupación especial. 

Dos imágenes de la iglesia de La Riba y calle de la Virgen, tomadas en 1958 por Márquez Macho. /Fotografías cedidas por la familia.

Yo siempre le recuerdo con la cámara colgada al cuello, llegaba el domingo y se iba a hacer fotografías”, recuerda la hija, que destaca el amplísimo legado que ha dejado. “Tiene miles de negativos, porque mucho de lo que hacía no lo positivaba: a lo mejor iba al río, hacía diez fotos, pero luego sólo revelaba una”, explica su hija.

La exposición que se inaugura este sábado en La Riba y que estará al menos abierta al público en el Centro Cultural El Horno hasta el puente de diciembre ofrecerá un recorrido a través de una veintena de estampas por las calles del pueblo, para que se pueda observar cómo ha cambiado a lo largo de este medio siglo. 

La mirada cotidiana de este fotógrafo se posó a menudo por los rincones de La Riba –las calles, por supuesto, pero también la iglesia–, aunque también en escenas agrícolas o costumbristas que esta vez no serán expuestas, pero que podrían dar para otra muestra.  

El río, la iglesia, sus hijos y sobrinos, las calles del pueblo… el amplísimo rastro que ha dejado impreso en sus negativos este fotógrafo, fallecido hace cinco años, constituye toda una herencia de la vida cotidiana de La Riba, que ahora le hace protagonista de este homenaje junto a otra figura importante del pueblo, Emilio Moreno Foved, guía de la Cueva de los Casares durante décadas. Será, de algún modo, un reencuentro del pueblo con dos guardianes de su memoria.