Mejor con los suplentes

Tarde entretenida en la segunda de Feria, con una gran faena de Castella arruinada por los aceros, y una generosa puerta grande de Perera. • El alcarreño Fandiño se enfrentó al peor lote, pero puso voluntad y oficio.  Los remiendos de José Vázquez superaron en calidad y nobleza a los toros de la ganadería anunciada.


Segunda de abono en la Feria Taurina de Guadalajara 2016. Dos tercios de entrada en el Coso de las Cruces, en tarde otoñal y agradable. Se lidiaron cuatro toros de la ganadería anunciada en los carteles (los hierros Torrehandilla-Torreherberos), y dos de remiendo de José Vázquez, al haber resultado dañados en el encierro dos toros “titulares”. Los de procedencia Jandilla resultaron sosos, descastados y justos de fuerzas. Salieron mejor los “suplentes” de Vázquez, codiciosos y repetidores; especialmente noble y con clase el lidiado como cuarto de la tarde. Pesaron 485, 465, 439, 490, 507 y 451 kilos, respectivamente. Presidió la corrida, tan alegremente y falto de criterio como siempre, don José de Pedro. La Banda de Música de la Diputación Provincial amenizó la tarde, en lo que suponía el regreso de esta formación al coso arriacense tras cuatro años de ausencia.

Sebastián Castella, de purísima y oro: En su primero, estocada casi entera y dos descabellos (silencio). En su segundo, media estocada y bajonazo (silencio, escuchó un aviso).

Miguel Ángel Perera, de burdeos y oro: En su primero, pinchazo y estocada en lo alto (leve petición de oreja no atendida, y ovación). En su segundo, estoconazo en lo alto (dos orejas, escuchó un aviso).

Iván Fandiño, de bandera y oro: En su primero, pinchazo, pinchazo hondo y un descabello (silencio). En el que cerraba plaza, estocada arriba y un descabello (oreja con petición de la segunda).


El cartel del viernes de Ferias -con el francés Castella, el extremeño Perera y el vasco alcarreñizado Fandiño- era sobre el papel el de mayor atractivo taurino del ciclo de Guadalajara en esta Semana Grande. Y aunque por momentos pareció que la tarde se podía quedar en un quiero y no puedo, lo cierto es que la corrida fue de menos a más, hasta el punto de que al final resultó entretenida, sobre todo a partir del cuarto toro. Hubo detalles interesantes que permitieron que el respetable, que llenó dos tercios largos del tendido, saliera satisfecho del Coso de Las Cruces.

Se había anunciado una corrida de los hierros jienenses Torrehandilla y Torreherberos, ambos de la misma casa y procedencia Jandilla, pero hubo “baile” en los corrales por los daños acaecidos en el encierro matinal, y dos ejemplares tuvieron que ser remendados por sendos “José Vázquez” que, al final -a veces pasa- resultaron dar mucho mejor juego que los de la ganadería titular. Talmente, y para que me entiendan los menos taurinos, como lo que ocurrió el otro día con Morata y James en el partido del Real Madrid ante el Sporting portugués, en el que los suplentes salvaron los muebles en el último minuto.

En la particular historia de la Feria, las reseñas breves dirán que la tarde se saldó con triunfo y puerta grande de Miguel Ángel Perera, al desorejar el extremeño al quinto de la tarde. También dirán que Fandiño cortó otra oreja en el que cerraba plaza y que, sin embargo, Sebastián Castella se fue de vacío de Guadalajara, un año más, antes de coger rumbo a Nimes (donde este sábado le espera una encerrona de aúpa con seis “adolfos”). Pero, sin embargo, en la retina del cronista, y esto siempre es muy particular, quedará que fue Castella quien logró los mejores lances de la corrida y de lo que va de Feria, y que lo hizo ante “Acanelado”, cuarto de la tarde, y que fue un toro de nobleza evidente y calidad extraordinaria. Fue una faena completa y llena de matices: desde el buen puyazo que recibió el toro en varas, a un magnífico quite por chicuelinas, pasando por un tercio de banderillas donde destacó la sobresaliente cuadrilla del francés, y finalizando con una faena estupenda, en la que Castella hizo mucho, variado, y durante mucho rato. Tuvo un maravilloso arranque, esa faena, con el francés parando la embestida de su par en los medios, y toreando con gran temple y quietud, en apenas un palmo de terreno. Luego, tres tandas de excelentes naturales, una de ellas cuajada con un pase de desprecio mirando al tendido, y otra combinada de preciosos ayudados. Y un final de lidia de dominio absoluto de la embestida del nobilísimo burel de Vázquez, con circulares de gran hondura. En fin, una delicia taurina a la que se sumó la Banda Provincial (qué bueno que volviste, Nuria Matamala) al son de “Chiclanera”.

Hizo pues Castella, decíamos, una faena para recordar, pero la arruinó con la espada, y se quedó sin tocar pelo. Tampoco lo pudo hacer antes, con el que abrió plaza, donde el francés pasó desapercibido, porque ni hubo capote, ni varas, ni banderillas, ni muleta, ni toro: el morlaco no quiso embestir, sólo buscaba cuerpo, y hubo que pasaportarlo por la vía rápida.

La otra buena faena de la tarde fue la que Miguel Ángel Perera cuajó con el quinto, el otro “Vázquez”. Y tuvo mucho mérito, porque el toro se dañó en el tercio de banderillas, y a partir de ahí costó un mundo domeñar una embestida que pasó a ser sucia, que acababa en gañafones, y que se “estropiciaba” siempre a medio muletazo. Pero Perera porfió con mucho oficio desde los medios, y doblegó la voluntad manifiesta del toro de rajarse -a punto estuvo de suceder-, hasta lograr encelarlo y cobrar tandas de mérito y plasticidad. Logró un estonozaco extraordinario, el de Badajoz, y el tendido se pobló de pañuelos pidiendo una merecida oreja. El presidente, como es como es, un hombre de natural alegre y generoso, le dio dos. Y por si era poca fiesta, pidió además que le dieran al toro la vuelta al ruedo, todo sea por la estadística, la alegría, el jaraneo y el no dejar el pañuelo quietecito. 

Iván Fandiño, finalmente, tuvo el peor lote de la tarde, y aún así dejó detalles curiosos y de interés para los aficionados, sobre todo con el que cerraba plaza. Ante un toro (como todos los de la ganadería anunciada) de exasperante justeza de fuerzas y sin clase, el tortoleño estuvo, como en él es habitual, por encima. Fandiño es un profesional y un lidiador, y siempre hace lo posible por agradar. Así ocurrió este viernes, en esa faena al sexto tan porfiada, en la que el de Tórtola se empeñó en arrancar muletazos donde pocos lo hubieran siquiera intentado, y en la que a base de mucho trabajo y facultades logró enganchar al tendido, hasta cobrar una merecida oreja.

En su primero, que hacía el tercero de la tarde, ese “trabajo honesto” de Fandiño fue insuficiente, porque el toro (un burel anovillado en extremo, impropio de esta plaza), sencillamente no pasaba.


 

Fotos: Fernando Toquero.

1: Castella, toreando por la espalda.

2: Saludo capotero de Fandiño.

3: Extraordinaria estocada de Perera.

4: Media verónica de Perera.

5: Pase de pecho de Perera.

6: Preciosa chicuelina de Castella.