Melendi o las cosas de don Ramón

Melendi llenó las pistas de atletismo de La Fuente la Niña con un concierto de dos horas, donde desgranó íntegro su último álbum 'Lágrimas desordenadas' y pasó de puntillas por su etapa rumbera. •  Diez mil personas acudieron al último concierto de Ferias, destacando familias enteras, peñistas y jóvenes que madrugaron para conseguir un sitio en primera fila.


Melendi quisiera ser Evaristo, el rey de la baraja que creara el gran Roberto Iniesta, vocalista de Extremoduro. Crear corcheas, redondas, fusas como las de los extremeños, justos vencedores de la encuesta que Festejos lanzó para componer el cartel de Ferias. Lástima que los de Iniesta no estuvieran de gira. Melendi, segundo en la votación, se queda a años luz pero tiene fieles seguidores que se saben todas sus canciones y las corean con un simple jaleo del asturiano desde el escenario. Diez mil almas, todas las entradas agotadas desde hace semanas, consiguió que acudieran a La Fuente La Niña. Desde familias enteras, peñistas, público de todas las edades a jovencitos que desde la vecina Azuqueca hicieron cola desde las nueve de la mañana para estar en primera fila y que cuando faltaban minutos para que saliera Melendi, estaban exhaustos tras tanta espera. Y, por supuesto, fans: 'Estás más rico que el cachopo', rezaba una pancarta. "Y por amarte tanto, muero yo", decía otra.

Melendi esperó quince minutos pasadas las once para salir con una descarga de luz y guitarras dispuesto a desgranar 'Tu lista de enemigos'. Enfundado en vaqueros ajustados y camisa azul, salió frenético en el arranque, recorriendo el escenario de un lado a otro sin parar. Pero tras 'Piratas del Bar Caribe', hizo la primera pausa para ponerse trascendental. Lo hizo a menudo, con monólogos, en la introducción de algunas canciones. En la primera ocasión, lo hizo para presentar 'La tortura de Lyss', tema que aborda el maltrato infantil. "Por amarte tanto, muero yo... es el sentimiento más parecido que un padre puede tener por su hijo", dijo ante un 'ohhhh' del personal que al asturiano no le pareció suficiente y obligó a repetir. Su monólogo largo sobre el porcentaje de maltrato infantil (25%) no gustó a todo el mundo, que quizás lo que quería era escuchar menos palabras y más música. A esta le siguió 'Cuestión de prioridades', que compuso especialmente para el disco por el Cuerno de Africa en beneficio de la ONG Save the Children.

Tras este intermedio solidario, pidió un fuerte aplauso, "que lo sienta", para la guitarra eléctrica y continuó con más monólogos. Esta vez con cierto humor, donde confesó que era "un tipo curioso, cotilla, si quieren". Continuó ya rockero, con 'Autofotos', confeccionando una actuación con muchos altibajos, donde no faltó el 'Lágrimas Desordenadas' completo. Hubo más humor: "puestos a hacer confesiones, a lo largo de la historia de la música se han hecho miles de canciones a los dolores...dolor de corazón, dolor por la muerte de un canario...", dijo, pero no una canción al dolor tan especial que sienten los chicos después de un beso de tres horas. Así introdujo 'Mi primer beso': "me pasó hace 18 años y todavía me sigo acordando de él". ¡Ay, Sabina! Cuánto te echamos de menos.

Fotos: E.C.

Quizás porque retrocedió a su juventud, se puso rumbero, el estilo con que debutó en el panorama musical. Sólo concedió 'Calle La Pantomima', para seguir con la balada 'Cheque al portamor' de su nuevo disco y, de nuevo, sus consejos: "pido a los jóvenes que se cuiden" y "de lo que me he dado cuenta en lo poco que he vivido es que hay que creer en algo porque todos tenemos nuestros pequeños complejitos, frustraciones..." Pues 'Que el cielo nos espere sentao' cantó poniéndose de rodillas y mano arriba, meciendo a la masa.

Después de tanta profundidad, puso a todos a mover el esqueleto con el single 'Lágrimas desordenadas', con la acertada 'Tu jardín con enanitos' y 'Barbie de extrarradio'.

En la recta final, quiso acordarse de la banda de Iniesta con 'Arriba Extremoduro' y a la una menos diez hizo mutis por el foro. Pero habría un primer bis donde sonaron hits -'Con sólo una sonrisa'- y guitarreos. Parte del público comenzaba a abandonar el recinto mientras él desgranaba 'Un violinista en tu tejado'. Aún faltaba otro bis y el cierre, que dedicó "a un compañero de filas" que le acompaña desde el segundo álbum: 'Billy el pistolero', con el que presentó la banda que le acompaña hace diez años y que comanda, en la dirección musical, José de Castro.

Clavó las dos horas prometidas de concierto, se mostró muy agradecido ante un público que trató de "usted" y, en resumen, sirvió una ración de café descafeinado templado, en la que faltó más pasión y sobró cerebro. Tenía razón don Ramón: ya no quedan canciones como las de Extremoduro.