Auténtica pasión por el ruido

Barricada descargó treinta temas de sus tres décadas de trayectoria, con una apoteosis final en la que no faltaron los clásicos ‘Okupación’, ‘No hay tregua’ o ‘En blanco y negro’. • La banda de El Boni y Alfredo compensó con oficio y una muestra de los nuevos sonidos explorados la notable ausencia del carismático El Drogas.  Cerca de 3.000 espectadores disfrutaron del primer concierto de Ferias en La Fuente de la Niña.


Había muchos y sobrados motivos para pasar anoche por la Fuente de la Niña. Se había hecho esperar Barricada en una nómina de grupos estelares de rock duro que venía cerrando el Guadarock después del paso de nombres fundamentales como Barón Rojo (el año pasado), Obús, Rosendo y en el que los navarros no podían faltar. Llegaban además para presentar no un trabajo sino dos, el álbum de estudio ‘Flechas cardinales’ y el directo ‘Quedan caminos por recorrer’, marcados por la etapa posterior a la ruptura entre El Drogas y el resto de la banda, ahí es nada. Y lo hacían con el amplio catálogo de éxitos acumulados en tres décadas de oficio.

Tal vez por eso sorprendió que el público respondió de manera discreta en cantidad, aunque en cambio de forma entregada en intensidad. Las pistas de atletismo registraron una entrada que no pasó de 3.000 espectadores que recibieron treinta descargas de rock duro. Casualidad o no, Barricada celebra los mismos años, treinta, sobre los escenarios.

Sin El Drogas

Pero, antes que nada, no retrasamos más uno de los asuntos fundamentales del directo: resulta inevitable mencionar al gran austente, Enrique Villarreal, El Drogas. El carismático fundador, letrista, cantante y bajista, que ha abandonado el grupo en una agria ruptura publicitada sin recatamiento, sigue teniendo presencia en los conciertos, incluso como integrante fantasma. Se hace difícil no escuchar su voz en algunos temas ni sentir su indecorosa pero característica estampa sobre las tablas. También los más veteranos pudieron echar en falta algunos temas que, de estar él, serían imprescindibles: ‘Problemas’, tal vez, ‘Oveja negra’, sin lugar a dudas.

Pero el cuarteto, con El Boni y Alfredo ahora a la cabeza, conjunta bien el sonido y la puesta en escena, en ambos casos con gran oficio. El grupo, consciente de la profundidad de la ruptura, parece empeñado en seguir adelante. Lo hace en vivo. Y lo demuestra también con el dinamismo de su actividad: dos discos en dos años y sin parar de girar por todo el país.

Más muestras de que tienen ganas de pasar página: el nombre de la gira ‘Quedan caminos por recorrer’ y el cierre del concierto de anoche, ‘Flechas cardinales’, toda una declaración de intenciones: en vez de dejar al personal con los ecos de unos estribillos que devuelven una y otra vez a El Drogas, se atrevieron con una canción nueva y con un sonido más característico de algunos cortes de esta última etapa, más americanos –si se quiere–, que en el disco al que este tema da nombre comparten sitio con sonidos clásicos del punk-rock nacional del que Barricada es tal vez el mayor exponente.

Treinta descargas

Barricada salió al filo de las doce y media de la noche y desde el principio puso las guitarras al borde del abismo del escenario para rugir ante un público de la primera fila que coreó, ondeó una ikurriña y, ya entrados en los bises, proclamó en una pancarta de elaboración doméstica “No hay tregua ni la habrá”.

Y apenas hubo tregua. Abrió el concierto ‘Punto de mira’, siguió ‘La suerte está echada’ y continuó ‘Pasión por el ruido’, tema de estos últimos tiempos que tiene todas las trazas de convertirse en un clásico. “Estamos aquí por nuestra pasión por el ruido”, fueron las primeras palabras de El Boni. Y zapatero a tus zapatos: ‘Noche de rock’n’roll’, uno de los hits más antiguos, reconvertido en su sonido ochenteno (Obús como referente) a unas guitarras más sucias y rasgadas que mantuvieron el tono del directo.

Fotos: E.C.

El directo había despegado y el grupo combinó canciones de toda la vida como ‘Contra la pared’, ‘Lentejuelas’ o la muy celebrada ‘Todos mirando’ con otras nuevas, algún comentario escueto (“por la libertad y todos los que dieron la vida por ella”) y mucho guitarreo. Nada impredecible. Todo correcto. No defraudaba el sonido al estilo de Barricada, uno de los grupos del género que más afición ha tenido en Guadalajara desde hace ya un par de décadas.

Sin concesiones acústicas a temas pasados ni presentes, con un sonido duro pero bien armado en todo momento, la banda repasó la mayoría de sus grandes éxitos, pero también tiró de bastantes canciones nuevas como 'Aguardiente’, ‘El muelle’ o ‘Pídemelo otra vez’, además de su homenaje al 15-M en ‘Hasta diez’. “Esto no ha hecho más que empezar”, dijo en uno de los pocos mensajes que El Boni lanzó al público, siempre a propósito del título de alguna canción.

La apoteosis

Hubo unos compases del directo un poco más relajados, a tono con el continuo perfume a hierbas (y no era el césped de la Fuente de la Niña) que llegaba continuamente desde la primera fila, para dar paso a un último tercio del concierto memorable para los incondicionales: ‘A toda velocidad’ devolvió a lo alto al público, que se adhirió a la propuesta de vivir como un ciclón. Hubo más himnos de las generaciones criadas sobre el asfalto: ‘Okupación’, ‘Entrando a matar’ y ‘Animal caliente’, con la que el respetable levantó los pies del suelo. Era el momento de la apoteosis. ‘En blanco y negro’, estirada para repetir una y otra vez el estribillo, dejó a banda y público sin aliento.

Pero quedaban los bises. El regreso, muy oportuno por el título, fue ‘Pídemelo otra vez’, un medio tiempo (si es que algo así existe en un concierto de Barricada) que abre precisamente su último disco. Sirvió para entonar de nuevo a todos, antes del momento más esperado: ‘No hay tregua’ lanzó a cientos de disparos al aire (afortunadamente) con un público capacitado para cantar de la primera a la última letra mientras hace los cuernos con una mano y graba con el i-phone  en la otra.

A la ceremonia de exaltación de los treinta años de Barricada en Guadalajara le quedaban dos canciones para redondear la cifra: la penúltima vela fue para la muy coreada ‘Esta noche’ (“esta noche no es para andar por esas calles”, toda una ironía en Ferias), con el público desgañitándose al compás que marcaba el bajo y la banda sentada junto al batería. Era el último resuello: ‘Flechas cardinales’ ponía el punto y final a la actuación. Demostrando la pasión por el ruido que todavía está por venir.

El Guadarock

Barricada cerró una primera actuación en La Niña que, como viene siendo habitual en Ferias, ofreció antes la oportunidad a los grupos guadalajareños ganadores del DOG (el concurso Denominación de Origen Guadalajara).

Llamó la atención la ausencia del tercero de los grupos invitados, Quartetto Mínimo. La organización asegura a Cultura EnGuada que les ha resultado imposible contactar, pese a su intento por diferentes vías, con el grupo que tenía la oportunidad de actuar ante el público de la Fuente de la Niña como segundo clasificado del DOG. Sí saltaron al escenario los más poperos Anoxia 71 y los vencedores del certamen, Durgamata.

Los ganadores del concurso desplegaron en su miniconcierto un divertido show con sonidos rock, funk y ska, y su cantante, que exhibió una voz potente y eficaz en todos los registros, demostró lo bien que lo pasa sobre el escenario. Durgamata suena estupendamente, ha encontrado un estilo propio y gana cada vez más adeptos con todo merecimiento. Se echaron en falta algunas canciones más para estos muy dignos teloneros de Barricada.

Los conciertos en la Fuente de La Niña continúan esta noche con el espectáculo house Supermartxé y mañana y pasado con los conciertos de Hombres G y Melendi.