Rock curativo

Cerca de medio millar de personas asistieron anoche al concierto del argentino Ariel Rot en el Espacio Tyce. • Presentaba ‘La Huesuda’ pero apostó por regalar una actuación de puro rockandroll donde incluyó repertorio variado. Desde ‘Dulce condena’ de Los Rodriguez hasta temas de ‘En vivo mucho mejor’ o ‘Solo Rot’  y una versión rythm&blues de ‘Rock and roll en la plaza del pueblo’. Magistral.


El sabor a derrota sabe mucho mejor si antes tomas una buena píldora de rock and roll. El de Ariel Rot, clásico, conocido, se impregna en la piel y atraviesa los huesos. Ya sea en forma de milonga, de fox trox o de rythm&blues.

Con ‘El vals de los recuerdos’, el argentino, abrió la caja de los truenos en el Tyce diez minutos después de las once de la noche y lo siguiente fue hora y media de buenos guitarreos, apoteósicos, generosas concesiones a un patio que rondaba el medio millar de entradas vendidas, según cifras de la organización, y que estaba entregado a la causa desde el principio. “Gracias por venir”, le espetó un fan desde la primera fila. “Gracias a vosotros”, le contestó Rot. “Estamos felices de hacer un concierto con toda la banda eléctrica”. 

La milonga rock ‘Hoja de ruta’ dejó paso a la deliciosa ‘El mundo de ayer’ –ahora veo tu ventana con las luces apagadas, ya del mundo de ayer no queda nada-. Pero la mujer que le ocupa ahora el pensamiento a Rot se llama ‘La Huesuda’, y no podía faltar en el concierto esta canción simpática, fox trot, sobre una dama que nada más conocer quieres llevarte a la cama. Rot no sólo habla con la guitarra, también –y mucho- con los gestos y el acercamiento al público cuando regala solos. 

En su repertorio incluyó ‘Lo siento Frank’  o la desgarradora ‘Para escribir otro final’ –“Cómo cuesta decir que se acabó aunque acabes de pensarlo. Antes de que aflore el rencor, es mejor decir adiós, hasta luego, que hasta nunca”-.

En el prólogo de la chulesca ‘Manos expertas’ admitió no creer en el concepto envejecer y haberse dado cuenta que alrededor de él hay todo un negocio montado. Pero todo se supera “con amor, humor y manos expertas”, dijo. Uno de sus fans le interrumpió varias veces y le llegó a tocar la fibra sensible. Se rozó, por un momento, la delgada línea que separa el buen rollo del hartazgo. Afortunadamente, nada pasó y el público pudo disfrutar de la canción que enlazó con la versión de ‘Rubias de Nueva York’, Carlos Gardel .  

Con ‘Nena me enseñaste a amar’ preparó al personal a entrar en una comunión casi eclesial para repetir el pegadizo estribillo y con ‘Vicios caros’ regaló un solo de impresión. Quizás se echaron falta más versiones o más recuerdos de su etapa tequilera o con Los Rodriguez pero él creyó saciarlo con ‘Rock and roll en la plaza del pueblo’ –en versión rythm&blues- y la bonita ‘Me estás atrapando otra vez’. Los fans le pidieron, incomprensiblemente, “una de Calamaro” pero él prefirió tocar una compuesta "a medias” y sonó ‘Dulce condena’.

Se fue a la trastienda con la fantástica ‘Baile de ilusiones’ y volvió  con una despedida apoteósica llamada ’40 millones’, en versión extendida -“ni siquiera yo sé cuánto dura”, dijo-, una descarga rockera que aprovechó para presentar a la magnífica banda que le acompañaba (y que festejó el resultado de las canciones, estaban muy a gusto) y regalar un solo detrás de otro. A punto de dar la una de la madrugada, el público, colmado ante la actuación, comenzó a desalojar la sala. Rot había demostrado que las heridas con rock duelen mucho menos.

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Fotos: E.C.