El festival del guiñol y la globoflexia

Numeroso público está asistiendo al nacimiento de Festitiriguada, un festival de títeres que mantiene los mismos escenarios que Titiriguada, pero sacrifica las propuestas de calidad teatral. • El nuevo ciclo, que sigue este fin de semana, apuesta por el guiñol y la animación infantil mediante talleres e hinchables. • Hay menos representaciones y casi todas versiones libres de clásicos infantiles.


El teatro es con frecuencia sinónimo de transgresión, pero no suele ser habitual escuchar en una obra pensada exclusivamente para un público infantil que un personaje le salte al otro con un “¡ni de coña!”. Pero es que casi nada en Festitiriguada es lo que cabría pensar que debería ser. Al menos, para el público que este año ha acudido con la mente puesta en los deslumbrantes espectáculos de Titiriguada de años atrás. Los despistados todavía se hacen cruces con el cambiazo. Los mejor informados niegan con la cabeza.

‘Bienvenidos al festival del guiñol, los hinchables y la globoflexia’, debería poner a la entrada de los Jardines del Infantado, donde la concurrencia sigue siendo este año la habitual, salvo en las primeras sesiones de la tarde (demasiado sol, afortunadamente para el resto de la feria), mientras que a las ocho y media, cuando los títeres doblan la cabeza, la presencia de familias es muy numerosa y probablemente habría cuerda para rato.

Precisiones horarias al margen, Festitiriguada está viviendo estas Ferias su estreno con una propuesta que ha sorprendido por el cambio radical de concepto respecto a Titiriguada, que había dejado el listón muy alto. La alternativa al festival de teatro total y de marionetas que se había desarrollado en los últimos años en las inmediaciones del Infantado, bajo la batuta de la asociación Gozartes, es ahora un festival de guiñol y animación infantil carente del espíritu granuja de los titiriteros, la profundidad dramática de las propuestas escénicas, la variedad de formatos exhibidos y la internacionalidad que permitía conocer obras de gran calidad de compañías de diferentes lugares del mundo.

Tras la adjudicación por concurso a la empresa Ecoaventura, las canciones de series de dibujos animados, los talleres para pintar la cara o hacer figuras con globos y los castillos hinchables han ocupado un espacio que habitualmente era territorio de titiriteros profesionales, músicos que interpretaban en directo y artistas que exponían decorados originales. Dicho de otro modo: esta vez hay menos hilos y más plástico.

En el escenario principal

Entre las obras de teatro en el escenario principal a las que ha asistido este medio, cabe reseñar que los diálogos están en todos los casos orientados a un público muy infantil, con algunas morcillas y guiños para los adultos. Se trata de un teatro de guiñol al uso, con adaptaciones de historias clásicas como ‘Los tres cerditos’, ‘Blancanieves’, ‘El sastrecillo valiente’ o ‘Caperucita roja’.

El esfuerzo que realizan los actores es tal vez lo más destacable de las propuestas, ya que en algunos casos un único titiritero soporta el peso de varios personajes y voces, demostrando además su dominio de las técnicas para que los niños interactúen con los personajes. Los pequeños, a decir verdad, entran al trapo y en la mayoría de las funciones se emocionan y se ríen, objetivo prioritario.

Los textos, pese a todo, resultan excesivamente elementales. En estas propuestas, que desvirtúan los cuentos de toda la vida, Blancanieves es una bola de nieve con siete redonditos y el sastrecillo valiente combina varios escenarios en un baile de guiñoles de diferente formato no demasiado ortodoxo donde todo tiene nombres de quesos franceses. El esfuerzo por servir dobles sentidos en la mayoría de las obras, pensado para un público adulto, resulta poco creíble. Y el desarrollo de las historias, insuficiente para mayores de diez o doce años.

El teatro de guiñol ha sido todo un clásico de la cultura arriacense y muchos padres ya con entradas que ahora asisten con sus hijos a Festitiriguada se llegaron a aprender en su día de memoria los diálogos del mítico Chupagrifos. No hay gran diferencia entre aquellas funciones y las obras de este festival de guiñol que ha competido en Ferias con la oferta infantil de los gigantes y cabezudos, el Día de la Bicicleta o Guadalajara Mágica sin que decaiga la asistencia de público al Infantado y las actividades añadidas en la Plaza de los Caídos y el Jardinillo.

Festitiriguada acaba de nacer. Para evaluar sus resultados hay que fijar primero sus pretensiones: si consistían en llenar un hueco en la programación infantil de Ferias, entonces podría alcanzar el objetivo, pero no es el caso si lo que se perseguía era sustituir con una nueva alternativa al tan digno Titiriguada. En ese caso, baste con darse una vuelta por los Jardines del Infantado: los amantes del teatro no han parado de emitir su veredicto.

Fotos: R.M.