"No pidan orejas, que me pierdo al Atleti"

Soporífera corrida de toros en la tercera de abono. • Miguel Abellán cortó la única y generosa oreja de la tarde.  Petardazo ganadero de Los Bayones, con un infumable baile de corrales.  Media entrada en Las Cruces, para la penúltima de la Feria de Guadalajara.


Tercera corrida de abono de la Feria Taurina de Guadalajara 2014, celebrada en la Plaza de Toros de Las Cruces. Tarde soleada y calurosa, y media entrada en los tendidos. Se lidiaron 4 toros de la ganadería de Los Bayones (1º, 3º, 4ºbis y 6º), uno de José Vázquez (2º) y otro más de Abilio y Ramiro Hernández (5º). Fue devuelto, al resultar lesionado nada más saltar al albero, el 4º de la tarde, de José Vázquez. La corrida anunciada, de Las Ramblas, fue rechazada de plano y ni siquiera salió al encierro matutino. De hecho sólo lo corrieron 5 de los 6 bayones, de los que tampoco fue lidiado finalmente uno. Corrida desigualmente presentada, y de pésimo juego en líneas generales. Infumables casi todos los bureles, a excepción del lidiado en quinto lugar. Mansos hasta la exasperación, descastados, flojos, rajados y sin nobleza alguna, no se emplearon en ningún momento, ni permitieron lucimiento.

Juan José Padilla, de gris plomo y oro: 1º: Pinchazo, bajonazo infame, un descabello y hasta 7 puntillas. Pitos. 4ºBis: Estocada desprendida y dos descabellos. Silencio.

Miguel Abellán, de blanco y azabache: 2º: Pinchazo hondo y estocada caída. Oreja. 5º: Pinchazo, media estocada y un descabello. Petición minoritaria y vuelta al ruedo.

Manuel Jesús "El Cid", de azul y oro: 3º: Dos pinchazos, estocada y 5 descabellos. Silencio. 6º: Pinchazo, estocada y un descabello. Silencio.


La Feria Taurina de Guadalajara estaba en un nivel muy aceptable, pero se ha desplomado de golpe en pleno sábado de Semana Grande. Infumable corrida de toros la que padecieron quienes se acercaron a Las Cruces. Qué espanto, que sosería, qué sopor con calores. Y así las cosas, se sienta este cronista al teclado con la difícil misión de contarles un evento en el que no pasó casi nada destacable, y en el que lo más noticioso fueron los bostezos del personal.

Empecemos por el principio, porque el despropósito del ganado de este sábado, puro desecho de tienta, comienza el día anterior, cuando la ganadería que se había anunciado en los carteles manda a Guadalajara unos bureles impresentables, descaradamente afeitados, a decir de quienes los vieron... y les aseguro que son fuentes de primer nivel. Adónde hemos llegado en la tauromaquia patria, si hasta Padilla, Abellán y El Cid, que no son precisamente los señoritingos del escalafón, son capaces de imponer afeitados generales.

El caso es que los veterinarios cumplen su misión, desechan el rebaño, y la empresa contrata una corrida nueva, de Los Bayones. Pero no 6, sino 5, porque uno se lesiona y no sale al encierro. Y luego misteriosamente encontramos un sorteo donde desaparece otro bayón, entran como remiendos dos Vázquez (que eran los sobreros del día anterior de Fandiño), y de rondón además un "Abilio y Ramiro", hierro salmantino de los mismos dueños de la ganadería titular. Si han leído ustedes hasta aquí igual hasta se han perdido. No se agobien, es normal. Se lo resumo: Un sindiós en los chiqueros, un baile de corrales que nadie termina de entender.

El caso es que se cierra la corrida, se sortea, y a las 6 de la tarde se trenza el paseíllo para lo que debía suponer la vuelta a cierta "normalidad provinciana". Sábado de Ferias con un cartelito al uso, tras esos dos primeros días que fueron más imaginativos. Y en el albero tenemos a Juan José Padilla, Miguel Abellán y Manuel Jesús "El Cid". Y empieza la corrida.

A partir de aquí, lo que les cuente se quedará corto. Ni bayones ni vázquez dieron el mínimo juego. Mansos, rajados, flojos, ciegos en la embestida, sencillamente no se dejaron torear.

Y como no tenían ni medio pase, no los dieron, los toreros. Hombre, hubo quien lo intentó más (Abellán), y quien directamente se borró de la corrida (Padilla y El Cid). Pero el sustrato de las faenas fue casi siempre el mismo. Se lo resumo: Cero entrega en el capote, puyazos eternos incomprensibles, desastre en la lidia, esperpento banderillero, mantazos con la muleta, y bajonazos con la espada.

Si se empeñan ustedes en buscar algo positivo de la tarde, algunas cositas habremos de rescatar. Como por ejemplo el quinto toro, único que embistió con cierta nobleza y clase, y que permitió a Abellán cuajar la única faena mínimamente lucida de la tarde. Un trasteo basado en tandas despaciosas con la derecha, pero tras el cual falló a espadas, lo que le privó de una oreja que una parte (minoritaria) de la plaza solicitó, pero que el presidente, acertadamente, no concedió.

No pasó lo mismo en el segundo de la tarde, cuando don José de Juan (que lleva una década demostrando que, como policía, es un presidente pésimo) sí le dio al de Usera una "pelúa". Una oreja, la única de la tarde, que tampoco solicitó la mayoría del tendido. Fue ante un toro tan manso como el resto, con el que Abellán puso, al menos, intención. Trató de caldear lo gélido en base a unos alardes efectistas en la recta final. Y la oreja que pidieron algunos tuvo más que ver con un reconocimiento al peligro del toro, por una pequeña cogida que afortunadamente no revistió gravedad. Y así ocurrió lo que ocurrió. Que, tras esta oreja, y en previsión de lo que podía venir por delante, un peñista con más raza que los 6 toros de ayer juntos puso cordura, a voces: "¡Hagan el favor de no pedir orejas, que no llego al partido del Atleti!"

Contado lo de Abellán, diremos que Padilla, el "Ciclón de Jerez", esta vez no pasó de brisa de Chiclana. Ni tuvo toros para lucirse, ni ganas para intentarlo, y por eso le pitaron en el primero de la tarde. Con el cuarto-bis (sobrero de Los Bayones que suplió a un "josevázquez" que se descoordinó) el jerezano quiso un poco más, pero sus ganas se quedaron circunscritas a tres buenos pares de banderillas que fueron, seguramente, el otro detalle rescatable de la tarde. Finalmente, cabe decir que Manuel Jesús El Cid estuvo ayer en Guadalajara, pero que sus siempre esperables naturales se quedaron esta vez en la furgoneta. No era día para sacarlos a pasear. 

Y sí, menos mal que el personal hizo caso, no se pidieron más orejas, y el peñista colchonero llegó a casa a tiempo de ver a Arda Turan marcar el 1-2. Aúpa Atleti.


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