El torero aplicado

Iván Fandiño corta 5 orejas en su encerrona ante una seria corrida de Jandilla, con bastantes dificultades. • El torero de la tierra demostró ante su público gran oficio, honestidad con sus oponentes, y valor en momentos delicados. Excelente entrada en la Plaza de Las Cruces, que superó los 3/4 de aforo. Guadalajara disfrutó por primera vez de una corrida de estilo goyesco


Segunda corrida de la Feria Taurina de Guadalajara, celebrada en la Plaza de Toros de Las Cruces, que registró una excelente entrada, unos tres cuartos del tendido. Tarde muy calurosa y soleada, perfecta para la ocasión. La lidia se realizó con vestidos y ambientación goyescas, de gran lucimiento, por primera vez en la historia de esta plaza. Amenizó la corrida la Banda de Música de Brihuega, que para la ocasión utilizó un repertorio inusual, con piezas de música clásica en la primera parte de la corrida. Luego llegaron los consabidos pasodobles "de toda la vida".

Se lidiaron cinco toros de Jandilla y uno del segundo hierro de la misma casa, Vegahermosa (el 3º), para una encerrona en solitario de Iván Fandiño. Todos de excelente presentación, encastados, aunque justos de fuerzas. Con dispar clase en la embestida, sí destacó por su calidad el lidiado en quinto lugar. Dieron en la romana 484, 501, 486, 445, 503 y 502 kilos de peso. La corrida fue retransmitida por Canal Plus Toros y por la televisión pública regional.

Iván Fandiño, en solitario, vestido de rosa palo y azabache en estilo goyesco: 1º: Pinchazo hondo, media estocada y dos descabellos. Palmas. 2º: Estocada completa ligeramente desprendida. Oreja. 3º: Estoconazo hasta la bola y un descabello. Oreja. 4º: Media estocada y el toro se tumba. Oreja. 5º: Soberbio estoconazo que hace rodar al toro sin puntilla. Dos orejas. 6º: Estocada muy tendida tras ser fuertemente volteado. El toro se tumba. Petición minoritaria y vuelta al ruedo.


Ni un pero. A Iván Fandiño, torero vizcaíno que recaló en nuestra tierra hace años, nadie le podrá poner ni un pero por su actuación de este viernes en la plaza de Las Cruces de Guadalajara. Quien tuviera resquemores o sospechas de que su encierro en el coso alcarreño vestido de goyesco era un tejemaneje entre el empresario, la televisión y el torero, se equivocaba. Porque Fandiño no vino a cubrir expedientes, sino que se encerró con verdad, ante seis Jandillas de trapío, excelentes hechuras y soberbia presentación. Algunos tenían cuernos como velas. Y muchos, bastante mala leche, conocimiento, y ganas de amargarle la tarde al vecino de Tórtola. Fandiño se dio una auténtica paliza hasta acabar agotado, porfiando con los bureles, especialmente con el último, de peligro sordo, y que le dio un revolcón, cogiéndolo de unas maneras que por momentos hicieron pensar en lo peor.

Iván Fandiño demostró en Las Cruces que sus tres últimas exitosas temporadas le han cuajado como un profesional de los pies a la cabeza. Tiene un dominio de los terrenos envidiable, una capacidad de tapar defectos de los toros digna de alabanza, y la honestidad intacta de quien todavía no ha aprendido las maldades del postureo taurino, sino que opta por darle al público lo que el público paga: verdad y entrega. Es pues Fandiño un estudiante eficiente. Y si la tauromaquia fueran unas oposiciones a Notarías, sería de los primeros de la lista.

Pero en el ruedo de la verdad la torería no se mide con preguntas tipo test. El arte es otra cosa. El pellizco, la sublimación del toreo que en otras ocasiones hemos visto al tortoleño (en Las Cruces, sin ir más lejos, y no hace mucho), esta vez llegaron sólo en momentos puntuales. La estadística les dirá que Fandiño cortó 5 orejas con sus 6 toros. Pero la sinceridad taurina les convencerá de que hubo una faena, una única faena, digna de pasar a los anales de esta temporada fandiñera.

Fue con el quinto de la tarde, de nombre Hereje, castaño y de 503 kilos de peso, al que el de Tórtola recibió con un saludo capotero por delantales que caldeó el ambiente en Las Cruces. El morlaco no fue apenas picado, pero sí se entregó en un gran tercio de banderillas, donde destacó el par colocado por Miguel Martín en tercer lugar. Brindó Fandiño al público, y con su derecha propinó los mejores muletazos de la tarde, soberbios, quietísima la figura, largos los pases y con la ligazón que conecta al tendido. Una lección de temple. Menos entregado el toro por la izquierda, Fandiño regresó pronto a la diestra para cuajar esa faena que, ya les digo, será la que quede en la retina de quienes acudieron al coso arriacense, y que se remató con unas bellísimas mondeñinas, y un estoconazo lleno de verdad. Dos orejas de verdadera ley.

El resto, las otras tres que cortó, fueron más generosas. Pero ninguna injusta, porque el público las pidió con fuerza. Quizá porque hubo suficientes detalles que reconocer, como las chicuelinas y tafalleras del primero de la tarde, y una tanda de naturales de suave trazado. O las buenas maneras con la izquierda que vimos con el tercero, en una faena de más a menos. O la capacidad de sacar faena ante el descastado cuarto al que le cortó una oreja. O la entrega valerosa con la que Fandiño lidió al sexto, del que ya se ha comentado su peligro. Y sobre todo, por la entrega en todos y cada uno de los toros a la hora de coger el estoque e irse arriba por derecho.

En resumen, una tarde entretenida, una gran faena, un saco de honestidad, y la sensación de que Iván Fandiño podrá estar mejor o peor, pero cumple, y siempre por encima de sus oponentes.


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