Éxtasis místico de 'El Pana'

La "corrida sexagenaria" dejó momentos de gran emoción en el Coso de las Cruces, en la primera tarde de la Feria Taurina de Guadalajara. • Al mexicano 'El Pana' se le vio muy mermado hasta que rompió en un excelso tercio de banderillas. • 'Frascuelo' cuajó una honda faena de toreo clásico con su segundo burel. • Ambos cortaron una oreja cada uno en el 'mano a mano' de los 128 años, con el mexicano brillando desde la heterodoxia, y el madrileño desde el clasicismo.


Primera corrida de la Feria Taurina de 2014, celebrada en el Coso de las Cruces de Guadalajara, con más de media entrada en los tendidos. Tarde de agradabilísima temperatura, aunque con una ligera y molesta brisa para la lidia. Amenizó la cita la Banda de Música de Brihuega ante la ausencia, un año más, de la descompuesta Banda Provincial. Se lidiaron 5 toros de Juan Manuel Criado, y otro (el 4º) de Encinagrande (segundo hierro de la misma casa) ante el rechazo completo que sufrió la corrida prevista inicialmente, de Los Bayones, por parte del equipo veterinario. Descastados, justos de peso, y con desigual aunque correcta presentación. Adolecieron en general de una evidente falta de fuerzas, aunque con cierta nobleza que evitó algún que otro apuro a los veteranos matadores. Dieron en la romana 440, 440, 460, 455, 445 y 475 kilos, respectivamente. La corrida fue retransmitida por la televisión pública regional.

Carlos Ruiz Escolar 'Frascuelo', de verde y azabache. Con su primero, pinchazo hondo y dobla el toro. División de opiniones y saludo desde el tercio. Con su segundo, estocada casi entera y oreja con fuerte petición de la segunda. Con su tercero, pinchazo y media estocada caída. Palmitas, y vuelta al ruedo por su cuenta.

Rodolfo Rodríguez 'El Pana', de grana y oro. Con su primero, 3 pinchazos y se tumba el toro. Algunos pitos. Con su segundo, 3 pinchazos, 5 descabellos y se tumba el toro. Pitos. Con su tercero, Tres pinchazos y dobla el toro. Oreja y apoteósica vuelta al ruedo.


Carlos Ruiz Escolar 'Frascuelo' está a punto de cumplir 66 años. Rodolfo Rodríguez 'El Pana' tiene 62. Dos toreros que suman más de siglo y cuarto trenzaban este jueves el paseíllo sobre el albero de Las Cruces, abriendo la Feria Taurina 2014 en una corrida extemporánea, peculiar, romántica e insegura. Y lo que ocurrió es que vimos a un torero de 66 años lleno de juventud (Frascuelo); y a otro de 62 que pareció envejecido, castigado, mermado... hasta que rompió en un éxtasis místico de torería.

Atardecía sobre la Alcarria y Rodolfo Rodríguez, nacido en la cuna de la nación mexicana (y llegado a España hace apenas dos años por la gracia de un brindis a unas putas y un faenón en el DF) se tomó el elixir de la eterna juventud. Y quien durante dos horas había dado muestras de ancianidad en su andar y de precaución y temores en su hacer torero por sus escasas facultades físicas, de repente se transfiguró.

Todo comenzó cuando el chiquero se abrió para que pisara el ruedo Tocador, sexto de la tarde, y a la postre el mejor de la floja corrida de Criado. El toro salió trotón y don Rodolfo le recibió con unos preciosos lances afarolados que hicieron que Las Cruces, literalmente, crujiera. Uno, y otro; y un tercero con el toro corriendo la plaza pegado a la tabla, y que pusieron la grada boca abajo.

Quite de cortesía para el sobresaliente Abasolo (bien, por cierto), y llega el tercio de banderillas. Y 'El Pana', que no está precisamente para correr la maratón, ordena a la cuadrilla la retirada. Y coge los garapullos y se lía la manta a la cabeza. Y como no puede correr, porque es que no puede, tira de recursos, y pone dos pares al quiebro, escalofriantes, pegado el hombre al tendido de sol. Y luego un tercero, al quiebro y al violín, ya en la sombra. Y la grada entra en delirio. Y los que hace media hora le gritaban "Imserso, Imserso", ahora le dicen: "¡Tú sí que vales!" Y los peñistas que dos toros antes le cantaban por Barricada ("estás asustado, tu vida va en ello...", que lo estaba), ahora dicen que 'El Pana' es cojonudo, o que es de la Spynce, o que viva la madre que le parió. Y don Rodolfo se abre de brazos, mira al cielo, nubla la vista, y flota soñando que de joven pudo ser figura, agradeciendo el clamor, mostrando su rabia y su genio torero en estos rehiletes de su última curva. Levitando, en suma. Que parecía el hombre Teresita de Ávila.

Las banderillas de 'El Pana'

Tres pares de banderillas como tres inyecciones de viagra. Tres pares de banderillas como tres polvos "bien echaos", para el orgasmo taurino de un Rodolfo Rodríguez que luego ya sólo tuvo que dejarse llevar por el efluvio de este peyote torero. Un pase por la espalda, unos estatuarios soberbios, dos tandas de derechazos de mágica heterodoxia, cautivadora. Poco más hubo con la muleta, pero fue suficiente para que sus pinchazos postreros (porque 'El Pana' no mata, porque no puede) le valieran la oreja más embriagadora de cuantas se han visto en Guadalajara en muchos años.

Un triunfo rotundo de 'El Pana' que, no se engañen, no ensombreció a su pareja de tarde. Porque 'Frascuelo' también triunfó. Eso sí, lo hizo desde las antípodas taurinas. Tirando de hondura, de ortodoxia, de toreo decimonónico y con regusto, de la categoría que le permite, también, estar como una rosa a sus 66 años, que sus esfuerzos le cuesta mantenerse.

Ya en su primero don Carlos dio aviso de sus tremendas ganas, brindando al público primero, y soltando media verónica de un empaque soberbio en el final del saludo capotero. El 'frascuelo' de las esencias, se oyó en la grada. Pero la faena se vino abajo con la muleta por el pésimo juego del primer Criado de la tarde.

Fue con el tercero de la tarde, su segundo en suerte, con el que 'Frascuelo' cuajó faena. Primero con el capote, afarolando un remate cual Belmonte en la era Twitter, y luego con la muleta, en un toro que brindó al actor (¿exactor?) Máximo Valverde, y que Ruiz Escolar entendió como él sabe. Lo cuidó, toreando cadencioso y con la mano altita, pero sin ventajismo, hasta rematar varias tandas, todas ellas con la derecha, de exquisito temple. La izquierda apenas la probó porque el toro, como todos en la tarde, se caía a cada poco, y no se dejaba 'naturalizar'. Estocada arriba, casi entera, y la plaza pidió con fuerza hasta la segunda oreja, que el presidente, con buen criterio, denegó. Una 'peluda' estaba bien, y así se agradeció.

Repitió intento, esquema y actitud 'Frascuelo' con el quinto de la tarde, pero esta vez la faena no tuvo la ligazón necesaria, fue de más a menos, y a pesar de su innegable pinturería, la cosa no pudo pasar de unas merecidas palmas de agradecimiento.

Tarde feliz, por tanto, en la que los claros se impusieron sobre las sombras, la veteranía sobre la vejez, la mística sobre los malos augurios... y hasta la respuesta del público sobre la crisis, con una más que aceptable entrada que, a buen seguro, ahora celebra un empresario que, por valiente, y por dar esta oportunidad al romanticismo, lo merecía.


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