Entre el cielo y el suelo

La Sierra Norte permite viajar por rutas de arquitectura diversa, con propuestas para todos los gustos y precios al alcance de todos los bolsillos. • La pizarra, la madera, la piedra, asentados en karsts... a través de sus materiales se transita por vías variadas, que permiten conocer monumentos románicos, ermitas o pueblos negros, coloraos y serranos.


La Sierra Norte de Guadalajara permite viajar por pueblos de diferentes tipologías de construcción que en ocasiones, se elevan hacia el cielo –a los pies del Ocejón, de 2.048 metros de altura-; en otras, se resguardan al abrigo de frondosos valles por los que discurren pequeños arroyuelos, y al sur, en pequeñas lomas que alternan las tierras de cereal con el monte bajo.

El uso de la pizarra, la argamasa y la madera es típica de los pueblos ‘negros’, denominados Pueblos de la Arquitectura Negra, representados en torno al pico Ocejón por Campillo de Ranas, Campillejo, El Espinar, Majaelrayo, Roblelacasa, Robleluengo, Almiruete, Umbralejo, Valverde de los Arroyos, Palancares, la Huerce , Valdepinillos y las aldeas de La Vereda y Matallana.

También los hay serranos, construidos en piedra como Cantalojas, Galve de Sorbe, Condemios de Abajo y Condemios de Arriba.

La Historia ha dejado huella en construcciones y monumentos, y muchos de los pueblos conservan verdaderas joyas románicas, como las iglesias o ermitas de Villacadima, Campisábalos, Albendiego, Atienza, Carabias, Pozancos, Pinilla de Jadraque y Beleña de Sorbe, ó el Monasterio de Bonaval en Retiendas.

En otras ocasiones, son palacios renacentistas que han llegado a nuestros días restaurados o con la huella del paso de los tiempos en sus fachadas. Hay ejemplos de ello en Cogolludo, Sigüenza y Tamajón.

Los castillos y murallas, en su día vigías y fortalezas defensivas, están representados en Jadraque, Atienza, Sigüenza, Riba de Santiuste, Palazuelos, Pelegrina, Galve de Sorbe, Beleña de Sorbe, Hita y Cogolludo.

Otros pueblos, como Torre del Burgo, Arbancón, Muriel, Monasterio, San Andrés del Congosto, Membrillera, Villares de Jadraque, Bustares, Gascueña de Bornova, Prádena de Atienza y Arroyo de Fraguas, mantienen entre sus edificaciones una tipología rural de construcciones alcarreñas y elementos característicos de la zona en las iglesias, coronadas por esbeltas espadañas, o ermitas de piedra.

En ocasiones, los pueblos se asientan en torno a accidentes naturales, en valles, como Mandayona y Aragosa; en torno a elementos singulares como el olivo milenario de Puebla de Valles, o al agua, como las salinas de Imón y Huérmeces del Cerro. En todos ellos, hay establecimientos y servicios que combinan calidad y confort con precios asequibles.

La Ruta del Románico Rural recorre el norte de Guadalajara, dominado por las sierras de Ayllón, Alto Rey y Sigüenza. Revela una exclusiva muestra del románico tardío de finales del siglo XII y principios del XII, que constituye uno de los más bellos ejemplos arquitectónicos del arte medieval castellano. En Albendiego, Campisábalos y Villacadima encontramos importantes ejemplos, pero la ruta está abierta en general a los viajeros que deseen conocer un rico patrimonio arquitectónico, artístico y natural.

En la ruta, hay localidades de pasado medieval como Sigüenza, conjunto histórico artístico desde 1965, y Atienza, cabecera de comarca serrana, que bien merecen una visita. Pero el camino también lleva al visitante a lugares únicos como las salinas medievales de Imón, en el valle del río Salado; las mayores de la zona y durante mucho tiempo, las de mayor producción de la Península Ibérica. Construidas en el siglo X, fue ejemplo de tecnología preindustrial. En tiempos, la sal se llevaba a Hiendelaencina, y se utilizaba para la obtención de derivados de la plata.

Ermita Alto Rey y minas de plata: En las inmediaciones del Alto Rey, uno de los picos más emblemáticos de la comarca, se encuentra la localidad de Hiendelaencina, famosa por su Pasión Viviente de Semana Santa y su esplendoroso pasado minero. El municipio llegó a contar en el siglo XIX con hasta 420 pozos que explotaban un rico filón de plata, del que se extrajeron 300.000 kilos de mineral. Hasta tal punto esta actividad fue importante que a la localidad todavía hoy se le sigue llamando Las Minas.

En diferentes puntos, algunos muy cercanos al pueblo, se pueden todavía visitar vestigios de aquella industria como el pozo de Santa Catalina, en el que periódicamente se hacen visitas guiadas o el antiguo lavadero. La localidad está pendiente de inaugurar su Museo de la Plata. Desde Hiendelaencina –aunque su pueblo más cercano es Bustares. Hay una romería el 7 de septiembre- se puede acceder a una de las ermitas más enigmáticas de la provincia, la ermita de origen templario del Alto Rey, situada en la punta de esta ‘Montaña del Silencio’, a 1.858 metros de altura.
Ruta de la Arquitectura Negra: Es uno de los conjuntos más impresionantes de la arquitectura popular europea y está pendiente de declaración por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, por su valor etnográfico, arquitectónico y paisajístico. Las lajas pizarrosas dan el peculiar color negruzco a las construcciones de esta ruta, que permitirá conocer Cogolludo –con su palacio ducal, renacentista- y más al norte, Tamajón –con su Ciudad Encantada-.

Muy cerca, se encuentra Retiendas –lugar donde descansan las ruinas del monasterio cisterciense de Bonaval (s.XII). Su paseo de dos kilómetros desde el pueblo se hace a través de un precioso bosque de robles. Desde Tamajón parten dos carreteras: una por la ladera oeste del Ocejón con pueblos como Campillejo, El Espinar, Campillo de Ranas, Robleluengo y Majaelrayo. La otra por la ladera este; destacan pueblos como Almiruete, Palancares y Valverde de los Arroyos, con su espectacular paraje de la Chorrera de Despeñalagua, una cascada de 50 metros de altura.

Los pueblos coloraos: Entre el curso medio del río Jarama y el Sorbe, se encuentra La Ribera, una zona de transición entre la Campiña y la Sierra Norte de Guadalajara, con carácter autóctono que la hace única. Está asentada sobre terrazas fluviales y kársts de la era Cuaternaria, como otras muchas zonas situadas al sur del Sistema Central. Pero algo la hace diferente: los ocho kilómetros de franja de color rojizo que la atraviesa desde el Sorbe hasta la vega del Jarama. El color se debe al fuerte contenido en hierro de la arcilla, matizado por pizarrillas y cantos rodados, que varía según el periodo de consolidación del terreno, paraje y altura de la capa.

El tono rojizo era el color característico del casco urbano de los pueblos de la franja: Puebla de Valles, La Mierla y Retiendas. Por eso se les llama “los pueblos coloraos”, aunque hoy esa fisonomía apenas es reconocible. En la zona, las cárcavas y barrancos  alcanzan una especial belleza por el cambio de tonalidad del rojo según la luz del día: las Pequeñas Médulas, la Hoya del Santo y las cárcavas del pueblo en Retiendas son ejemplo de ello. En La Ribera hay tres karsts espectaculares: la banda de Muriel, en la cuenca del Sorbe, próxima al pueblo; el karst de Tamajón, que baja desde Almiruete hasta el cruce con Retiendas y la franja de Valdepeñas, desde Retiendas sigue el cañón del Jarama, pasa por Valdesotos, Tortuero y muere en Alpedrete. Los karts de la Ribera estuvieron habitados desde siempre por los prehistóricos y hoy se consideran Santuarios de la Prehistoria.