‘Qué pelo más guay’ enreda en Azuqueca

‘La Espiga de Oro’ cierra esta última edición con ‘Qué pelo más guay’, una divertida comedia ante más de 200 espectadores • La complicidad de sus protagonistas, uno de los momentos más especiales de la obra


Con las luces apagadas y ante la expectación de más de 200 azudenses, una advertencia acerca del carácter ridículo de las escenas que a continuación se iban a mostrar a ojos de los espectadores ha resonado esta noche en el salón de actos de la Casa de la Cultura de la localidad para despedir esta última edición de la Muestra Nacional de Teatro ‘Espiga de Oro’.

‘Qué pelo más guay’ ha elaborado, en torno a una peluquería abandonada y un baño, una trama que no hacía sino enredarse continuamente en una maraña sin fin. Así se ha encargado de atestiguarlo una de las frases que ha acompañado, graciosamente, a los espectadores durante toda la obra: “The begining is the end”, en boca de sus peculiares protagonistas, Fran y Eddie. Dos gánsteres cuyo sueño era hacerse millonarios gracias a una maleta cargada de cocaína, la cual pretendían vender a través de un encuentro en una peluquería abandonada de la ciudad. Ha sido en este escenario donde ha tenido lugar una continua sucesión y repetición de escenas, tal y como reconocían los propios protagonistas, atrapados por una insólita máquina del tiempo: el baño.

Con intervenciones plagadas del humor más absurdo y “estúpido”, Fran y Eddie no han dejado de experimentar, juntos y separados, continuos viajes temporales. Aparentemente, la aparición de un viejo cronista y un camarero no ha hecho sino incrementar la confusión de los espectadores ante el devenir que tomaba la obra. No obstante, su oportuna intervención –a través de una ácida y entretenida cháchara- serviría para esclarecer puntos fundamentales de la historia.

Complicidad total

De manera desconcertante al principio e hilarante después, los personajes han compartido con los espectadores algo más que viajes en el tiempo y “en la obra”, tal y como ha señalado de manera constante Fran.Al igual que un reencuentro con un viejo amigo tan sólo requiere de unos pocos minutos para volver a la confianza de antaño, ha bastado alcanzar la mitad de la obra para que, tanto Fran como Eddie, hayan sentido un nivel de complicidad tal con el público que, por unos instantes, el guión ha quedado en un segundo plano, dejándose llevar los actores por sus emociones y mostrando así la esencia más genuina y pura del teatro.