El cuento como fórmula de resistencia

Más de 200 personas han acudido a la última actuación de la programación alternativa de la Asociación de Amigos del Teatro Moderno. • El cuentacuentos Pep Bruno ha encadenado  siete piezas diferentes combinando canción, humor, clásicos e improvisación.


La razón, como las bellotas, no se arrebata por la fuerza. Muy al contrario, hacen falta ingenio y paciencia, como bien aconseja la experiencia. Y al final la razón caerá por su propio peso, como fruta madura, como la bellota del último cuento que ha contado esta tarde de domingo Pep Bruno.

“La poesía es un arma cargada de futuro”, según el célebre y combativo verso de Gabriel Celaya. Y Bruno ha venido a decir que el cuento, como forma tal vez más evidente de cultura popular, es una fórmula de resistencia cargada de paciencia.

Tal vez así se puede explicar la moraleja de toda la sesión, en la que más de doscientas personas han acudido a la llamada de la Asociación de Amigos del Teatro Moderno en su programación alternativa de octubre ante las puertas cerradas de este espacio escénico en que cada domingo a las cinco se celebraba tradicionalmente una función infantil. Los fieles de siempre han seguido demostrando durante cuatro fines de semana seguidos que, como rezaba el lema de la protesta de la asociación, “el público sí está”. Con lluvia, unas veces; con un frío intenso, en esta otra función, que ha sido la última del ciclo que denunciaba la ausencia de programación en otoño y la amenaza de privatización. Ahora, en noviembre, el teatro en la calle cede el paso al trabajo institucional, con la búsqueda de socios para nutrir y hacer viable el proyecto asociativo.

Canción, poesía e improvisación

El punto y final, la moraleja y el colorín colorado de estas sesiones –que han contado también y de forma voluntaria con Circo Sentido, Elfo Teatro y Estrella Ortiz- lo ha puesto Pep Bruno, veterano maestro en el arte de la narración oral y figura comprometida de la cultura guadalajareña, que durante cerca de una hora ha contado siete cuentos completamente diferentes en los que su habitual sentido del humor, sus guiños constantes con mayores y niños y su verborrea reivindicativa han acabado conformando un espectáculo tan poético como combativo.

Bruno ha levantado el telón imaginario con un cuento extremeño cantado con el público y rematado con cosquillas, y ha continuado con un cuento en verso protagonizado por el señor don Nicanor: hasta tres veces lo ha contado por imperio democrático, pues la decisión de volver a contarlo o no dependía del resultado de una votación improvisada que ha convertido al respetable en asamblea.

No han faltado fábulas con alusiones veladas o directas al conflicto del Moderno, cuentos donde los reyes (“los reyes simbolizan el poder, los banqueros, los que tienen la pasta…”, ha dejado claro) acaban por estar cada vez “más al otro lado”; y alegorías más profundas sobre la libertad a través del retrato de un pájaro.

El repertorio se ha completado con una particular adaptación de Caperucita Roja (“para los más puristas”, ha mentido Bruno) donde el desenlace -no hay cazador que rescate a la niña- responde a las enseñanzas más realistas porque “es mejor que la tragedia suceda en la ficción” y con una divertida concatenación de ocho cuentos improvisados a través de palabras dichas por los niños a partir de la sugerencia de otros tantos colores. Todo un arcoiris de historias que han puesto a prueba los reflejos y el ingenio de Pep Bruno con un resultado más que digno y una buena ración de risas.

Y al final, el precioso cuento sobre la vieja encina en lo alto del monte y el modo en que un campamento de ratones pretendía hacerse con la bellota defendida por una serpiente, un búho y una familia de cuervos. La moraleja ya se la saben. Y, si no, se lo dice Pep Bruno: “Resistiremos”.

 

 

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