La gloria, el duende y la guasa

‘La gloria de mi mare’, de Choni Compañía Flamenca, deleitó y divirtió con un espectáculo de cante y baile flamenco salpicado de momentos cómicos. • Durante dos horas, la obra reflexiona sobre las diferentes miradas que suscita una joven artista en su entorno, sobre todo en su madre. • A la obra en el Buero Vallejo sólo le faltó más público; los 200 asistentes se sentaron en un improvisado patio de butacas sobre el escenario.


El duende no está reñido con la guasa. Es más, bien asociados, ofrecen casi dos horas de espectáculo tan divertido como fascinante en una original reflexión sobre los sentimientos en el mundo del arte: el éxito, los celos y, sobre todo, el amor de madre.

Así fue en la tarde del viernes en un Teatro Buero Vallejo que quedó improvisado como tablao flamenco para el pase de este show que fue presentado en la XVI Bienal de Flamenco de Sevilla y que llegaba a Guadalajara con el aval de las buenas críticas recibidas y la presencia del versátil y camaleónico Juanjo Macías como protagonista, además del buen hacer de una bailaora que ha compartido cartel con artistas de la talla de Antonio Canales. Toda la magia se dispuso en apenas unos metros cuadrados, sobre el gran escenario del Buero, donde se congregaron los cuatro artistas con un cometido muy particular –la bailaora, la cantaora, el guitarrista y el cómico- y todo el público asistente a la cita.

La Choni Compañía Flamenca representó ‘La gloria de mi Mare’, dirigida por Estrella Távora, un espectáculo que reflexiona sobre las diferentes miradas que confluyen sobre la figura de una bailaora que despunta: los ojos entregados del guitarrista ante las sinuosas formas que dibuja el cuerpo de la joven sobre las tablas; la celosa de la veterana cantaora, que intenta imponer su experiencia como un grado; y la de la madre, por supuesto, una mirada llena de amor cuyo control, sin embargo, resulta agobiante, cuando no incluso aparatoso para el arte de su pequeña. 

Porque la Gloria del título es la gloria del flamenco, pero sobre todo es la madre. Concretamente, la madre orgullosa de su hija artista, Estrellita,  una proyección de lo que Gloria Jiménez quiso ser y no fue, aunque a folclórica no la gane todavía nadie.

El humor

Pero la Gloria es también el actor Juanjo Macías, genial en la improvisación, desternillante en el monólogo que interpreta cara al público y más cargante en los momentos en que abusa del gag fácil con acento andaluz.

El actor, caracterizado como la mujer dominante que quiere controlar cada detalle de la carrera de su hija, lleva el peso de la obra, al ser el único con diálogo, y no sólo arrebató carcajadas al respetable con el guión, sino que improvisó para poner sonrisa en los contratiempos: los fallos de sonido, que convirtió en efectos especiales de la presencia desde el más allá de su marido fallecido; o la escasez de público, a la que se refirió, siempre en tono de broma, en media docena de ocasiones.

El humor es la principal aportación de este espectáculo. Son cómicos los pasos de baile, los gestos de mímica de los personajes más rígicos (cantaora y guitarrista) y la letra de las canciones, pero sobre todo las miradas amenazantes que cruza durante toda la obra la veterana y consagrada cantaora, ya en declive, con su marido el guitarrista, con Gloria y con la niña, con la que mantiene ya al final una discusión a golpe de castañuela. 

Pero, además de la absoluta profesionalidad que demuestran los artistas en la interpretación de las guajiras, seguidillas y alegrías, hay momentos álgidos que pusieron en pie al público, como el taconeo de Asunción Pérez 'Choni' en Caña del Mantón.

Fueron dos horas de flamenco, con duende, y de risas, muchas, dos formas flamencas de gracia a las que sólo les faltó contar con una nómina más amplia de palmeros entre las butacas. El espectáculo bien lo merecía.


Galería de fotos del espectáculo: 

Fotos: Abraham Sanz