Contra el periodismo de última generación

Els Joglars ofrece en ‘Zenit’ una parodia de los vicios de la prensa posmoderna con algunos momentos artísticamente interesantes pero un guion flojo y numerosos lugares comunes.


Zenit’ podría haber sido un magnífico montaje, otro más, de Els Joglars. No lo es porque, como el buen periodismo, ha renunciado al texto. Ofrece unas notables interpretaciones y algunos pasajes artísticos fantásticos. Pero cuando sus personajes abren la boca se esfuma toda la magia. 

La compañía catalana llegó este sábado al Teatro Buero Vallejo de Guadalajara y atrajo la atención de unos 350 espectadores para ver una obra paródica que, no obstante, no muestra toda su capacidad corrosiva, seguramente la seña más característica de su carrera. El resultado es un montaje entretenido que no se va a encontrar, sin duda, entre los repertorios memorables de una compañía que tiene el listón mucho más alto. 

Los mejores minutos los sirven de inicio. Con música de Tchaikovsky de fondo, los actores componen sobre el escenario una serie de cuadros que representan los episodios más destacados de la historia de la humanidad y de los que el periodismo habría sido fiel notario. Hay un guiño sutil al 2001 de Kubrick en una escena que empieza con los monos sabios y acaba con el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York de ese mismo año. 

Sólo después de este magnífico prólogo arranca la historia de ‘Zenit’, la redacción de un periódico que se adapta a las exigencias de los nuevos tiempos. La posmodernidad con su ritmo frenético y su impactante frivolidad. Arden las redes, fluyen los likes y los periodistas son los camareros que le sirven la posverdad antes de que se quede fría. La crítica es necesaria, pero pareciera que Fontserè –que sigue en la dirección tras la marcha de Boadella– se hubiese tomado más tiempo en pensar la obra que en escribirla con Martina Cabanas.

Los diálogos, sembrados de lugares comunes, atascan el desarrollo de la trama, poco menos que convertidos en torpes transiciones de unas a otras escenas artísticas donde, aquí sí, se encuentra lo mejor de la propuesta. Aun con su falta de originalidad, es fantástica la puesta en escena de un grupeto de periodistas como aves carroñeras mientras suena de fondo ‘El lago de los cisnes’. Es en estos momentos donde se borran los diálogos y los actores llenan la escena con coreografías y cuadros artísticos cuando más y mejor transmite la obra. 

Acierta Els Joglars en las críticas al periodismo actual y a la doble moral de la sociedad que tan bien se escenifica en los medios, pero lo hace sin añadir ninguna idea nueva y sin dejar ninguna puerta abierta. Al periodismo trivial, pusilánime, sobrecogido por el impacto de la imagen y entregado al espectáculo, que reniega del contexto y que se traiciona hasta renunciar a contar la verdad, sólo se le contrapone la caricatura del último superviviente de la prensa canalla, un borracho pasado de rosca, un tipo tan aparentemente vaciado de moral como sobrecargado de moralina en sus sermones por encima del bien y del mal. 

El dibujo del personaje que interpreta Fonserè es precisamente uno de los principales lastres. Es un protagonista innecesario como tal protagonista. En algunas escenas funciona como contrapunto, es claramente la oveja negra en medio de un rebaño manso de plumillas modernos, pero no logra que el espectador eche de menos la épica del mejor periodismo. En ‘Zenit’ no hay asomo de buenas prácticas. En esta redacción no se salva ni el becario.

Artículos Relacionados