El granero de la cultura seguntina cumple un siglo

Sigüenza celebra el centenario de la reconversión de El Pósito en un auditorio municipal inaugurado a finales de julio de 1917. • El edificio, que tras la guerra quedó abandonado, ha sido recuperado de nuevo y actualmente vive un nuevo esplendor cultural.


La iniciativa partió de abajo, de un grupo de seguntinos que lideró una movilización encaminada a reconvertir el viejo edificio agrícola en un espacio escénico para el disfrute de los vecinos. No faltaron jornaleros que se prestaron a trabajar gratis, contribuyendo así a un proyecto en el que no podían ofrecer donativos en metálico. Fue el 28 de julio de 1917 cuando se inauguró la rehabilitación de El Pósito como un teatro digno de la ciudad, cumpliendo con las aspiraciones de sus vecinos.

Este viernes, cuando se cumplían exactamente cien años de este hito, Sigüenza lo celebró con un acto en el que hubo zarzuela sobre las tablas de este escenario y en el que Juan Carlos García Muela, quien fuera alcalde de la ciudad entre los años 1986 y 1990, recordó con detalle la historia del edificio. Antes intervino el actual regidor, José Manuel Latre, que remarcó que “desde su nueva inauguración El Pósito es el centro cultural y artístico de la ciudad, donde se representan conciertos, conferencias y, donde a lo largo de este mes de julio ha habido una completa programación cultural que se prolongará después en agosto”, a la vez que se mostró convencido de que este centenario demuestra que los seguntinos saben conservar la historia, y dan pie a que las siguientes generaciones hagan lo propio.

La historia del edificio

Los pósitos fueron declarados de utilidad y necesidad pública por las Cortes de Valladolid en 1555. En Sigüenza faltaba en el siglo XVI un grandero para asegurar el pan y las cosechas y en 1593 se concedió la licencia para “hacer la dicha obra del granero” pro el maestro de cantería Andrés Carrera, luego sucedido por Francisco de Vinuesa y terminado por el maestro de obras de la Catedral, Juan de Buega, según recuerda el también profesor García Muela. El edificio comprende una gran extensión cerrada por recias tapias con patios en los que se distribuían edificios de distintas categorías en función y tamaño. La sólida construcción ha sobrevivido desde entonces a guerras, invasiones, incuria, abusos y distintas tropelías.

A partir de 1906, los pósitos pasaron a depender del Ministerio de Fomento y de los ayuntamientos. El paso del tiempo y la falta de actividad dejaron marcada su huella negativa, utilizándose en precario como local para las representaciones teatrales de las compañías profesionales que se encontraban de paso y también por grupos de seguntinos y veraneantes.

Desde la desaparición de El Liceo en 1900, en la ciudad de El Doncel no había un local adecuado para representaciones. Se llevaban a cabo algunas en los casinos, con obras menores, pero en septiembre de 1914 la junta local de la Cruz Roja y el industrial Llorente llegan a un acuerdo para proporcionar la madera con la que crear el escenario de El Pósito, “donde tienen lugar las funciones teatrales para que en verano quede habilitado y se puedan dar”.

Un año más tarde, el alcalde Antonio Algora pone a disposición de la Colonia Veraniega el teatro provisional de El Pósito. En agosto, los ferroviarios organizan una función a beneficio de la Asociación del Montepío con gran éxito. Dicen las crónicas que la sala estaba preciosamente engalanada con flores, ramajes y guirnaldas. Las actrices fueron obsequiadas “con bouquets de flores naturales”. En octubre, en ferias, actuó la Compañía de Bartrina Medrano, en su paso hacia Madrid, con gran asistencia y grandes aplausos. El alcalde, lanza la idea para convertir el local en un teatro moderno, “digno de la ciudad”. A finales de mes, se organiza la Comisión gestora para su rehabilitación y hay obreros seguntinos que se ofrecen para trabajar de forma gratuita unos días “ya que pecuniariamente no pueden ayudar”.

La sociedad formada para afrontar la construcción de un teatro emprendió su andadura en octubre de 1916. Ese año se emiten acciones de 50 pesetas que son suscritas por personas de toda condición. La junta provisional estaba formada por los señores don Antonio García, don Melquiades López, don Santos Cardenal y don José Sanz (secretario).

En diciembre, el ayuntamiento dio su autorización para que no hubiera ningún obstáculo legal y la sociedad pudiera administrar el funcionamiento. Una vez decidido el emplazamiento, entre construir uno de nueva planta o aprovechar las instalaciones de El Pósito, los trabajos efectivos comenzaron en febrero de año siguiente y finalizaron en mayo. Después, la ornamentación y mobiliario se fueron completando hasta primeros de julio en que el teatro quedó definitivamente terminado. Es el industrial Joaquín Ibáñez quien gana el concurso para su explotación. Aquel local tenía 30 metros de largo, 12 de ancho y 8 de altura. Construido de piedra de sillería y mampostería. La techumbre estaba sostenida por 5 arcos. A la entrada, el vestíbulo con el bar y guardarropa.

La inauguración

Los aficionados locales no se atrevieron a preparar y representar una obra teatral para la inauguración. Cedieron el testigo a la Compañía profesional de don José Vila que puso en escena dos obras el 27 de julio de 1917: Serafín el Pinturero, o “contra el querer no hay razones”, sainete lírico, en dos actos, que se había estrenado en Madrid en mayo de 1916 y El amigo Melquiades, o “por la boca muere el pez”, zarzuela en un acto, también estrenada en Madrid en mayo de 1914. Sobresalieron las tiples Antonia Mora y Pepita Álvarez y el maestro de música don José Manuel Campos.

Los asistentes vitorearon a los señores López Santa Cruz, Relaño y Franco que fueron los encargados de dirigir las obras de rehabilitación. A la inauguración no asistió el alcalde don Antonio García Pérez, según los datos históricos que ha recuperado García Muela. El nuevo teatro medía 30 metros de largo, 12 metros de ancho y 8 metros de altura. La techumbre era sostenida por 5 arcos de sillería; el vestíbulo, amplio con escaleras de acceso a general a ambos lados. En el centro una artística y amplia mampara para favorecer el acceso a la sala con 16 filas de butacas de 10 localidades, foso de orquesta separado por una barandilla y 14 plateas de 6 localidades. El escenario de 9 metros de fondo, 7 de ancho y 5 de altura. Cuartos e artistas y materiales con un amplio foro que permitía el paso del apuntador a la concha.

Siempre según la descripción de García Muela, la capacidad total del teatro era de 482 espectadores repartidos de la siguiente manera: 200, en general, 20, en delantera de anfiteatro, 160 butacas sala, 18, para la orquesta y 84 en las plateas. “La sala estaba decorada en estilo inglés, sencillo y elegante utilizando tonos claros y oro. Las plateas de color verde. La boca del escenario del mismo estilo con un escudo de Sigüenza en el vértice. En los laterales dos columnas rematadas con macetas de palmeras. Las butacas construidas en Valencia y con respaldo”.

A lo largo de la vida artística de El Pósito se fueron alternando distintas actuaciones teatrales con sesiones de cine. Las compañías profesionales de teatro, a su paso hacia Madrid o Zaragoza, representaban distintos tipos de obras de rabiosa actualidad. Seguntinos y veraneantes preparaban obras, declamaciones, actuaciones musicales y recitales para recaudar fondos destinados a fines sociales.

Cierre y abandono

El 23 de septiembre de 1928, ardió el teatro Novedades de Madrid produciendo 80 víctimas mortales y más de 200 heridos de distinta consideración. La consecuencia inmediata fue la suspensión de actividad de todos aquellos recintos que no reunieran ciertas condiciones mínimas de seguridad. La más importante era poseer un telón metálico para separar el escenario de la sala y otra no menos crucial era la de habilitar salidas de emergencia. Los espectadores seguntinos que acudieron al día siguiente a la proyección cinematográfica se encontraron con la suspensión de la sesión y la devolución de los 35 céntimos de peseta que era el importe de los pases semanales de las películas. La continuidad del local quedaba herida de muerte y dio comienzo un tortuoso camino de incautaciones, exigencias de los derechos de reversión, pleitos, informes de juristas, apelaciones y un rosario de despropósitos que provocaron la ruina del edificio, y un deterioro que no fue irreversible por la fortaleza y reciedumbre de la construcción.

En 1938, los destrozos se acentuaron después de haber acogido a la tropa durante un largo período de tiempo con especial incidencia en la puerta y las maderas, que probablemente las utilizarían como combustible en época invernal.

Fernando Sánchez Ruiz mantuvo una carpintería en los años 40 y 50. Era también propietario de un salón de baile en esa misma calle y junto al de Vicente Hernández Viagel que tenía otro local en la calle San Vicente, procuraban entretenimiento a la juventud en épocas anteriores. En diciembre de 1963, el ayuntamiento enajenó la instalación en un concurso subasta adjudicándolo a Sor Josefa Bouzas Retuerta, superiora del Hospital y Colegio de San José para una Escuela de Párvulos.

La recuperación

El Obispado compró el edificio el 30 de abril de 1987 a las Hijas de la Caridad y el obispo de la Diócesis firmó el 30 de marzo de 2004 con el entonces alcalde de la ciudad, Francisco Domingo, un convenio para la cesión en uso del antiguo Teatro por 75 años para Sala de representaciones teatrales, sala destinada a exposiciones, Centro de interpretación de Historia y Costumbres locales. El Plan de Dinamización Turística realizó una excelente rehabilitación del edificio que dejó la capacidad del edificio en 224 personas (16 filas de 14 butacas).

Ahora, El Pósito, como hace un siglo, mantiene la actividad cultural de la ciudad durante todo el año. Y para demostrarlo, justo a continuación, presentada por la concejala de Cultura, Sonsoles Arcones, y por Zoila Paradela, aficionada a la lírica que cada temporada deleita a los seguntinos con la proyección de obras del género, presentaron la actuación de la compañía El Barco, que dirigida por Mabel González, representó la zarzuela 'La Revoltosa'.