El bufón del abecedario

Christian Atanasiu tiró de mímica y de humor absurdo para arrancar las carcajadas del público del Viernes de los Cuentos, en una actuación en la que jugó con las palabras.


Christian Atanasiu no es un alemán normal. Lo confesó anoche en su visita al Viernes de los Cuentos, en un CMI de Aguas Vivas con medio aforo. La confusión de orígenes y de acentos y sus fulminantes cambios de humor, son los síntomas inconfundibles de un diagnóstico severo. Atanasiu padece dislexia, amnesia y varios trastornos de la personalidad. Retuerce las palabras y las intercambia, olvida las letras, transforma una sílaba en un delirio arrebatador…

No venía el contador grecoalemán afincado en Barcelona y casado con una aragonesa a contar cuentos, sino a contar unos sinsentidos tremendamente divertidos, salpicando su actuación ‘JugLar con las palabras’ de charlotadas, en un admirable derroche teatral sobre el escenario.

Después de presentarse y hacer su primera confesión –que es un “alemán raro” – ofreció un divertidísimo monólogo en el que, a modo de erudito profesor, reflexionaba sobre los límites del entendimiento del lenguaje aun cuando nos comiésemos una letra, o dos, o tres… o hasta cinco en un discurso. Su perorata se hizo cada vez más delirante a medida que desaparecían la P, la letra F, luego la R y, finalmente, la L y la T, en una parodia tan absurda como acertada de lo vacíos que están a menudo tantos solemnes discursos.

De recortes trató el primer tramo de su actuación, continuado con un recital de varios “micropoemas mínimos”, con más gesto que texto, ideal –según defendió– para tiempos de crisis. Con el público algo desconcertado en los turnos de aplausos, lo que Atanasiu también aprovechó para bromear, el artista se explayó con todos los significados del ‘no’, con una excelente interpretación de la vida desde el nacimiento hasta el último suspiro o con las diferentes formas de hacer el amor sobre las tablas hasta explotar.

Le siguió un ataque de tos (o de toses), un juego de intercambio de palabras y, tras una ‘sensual’ sesión de posados improvisados para la fotógrafa de la primera fila, los momentos de histrionismo disparado: cuando hizo su segunda confesión de la noche –que se comporta de manera normal– con cacareos y un paseo transformado en gallina entre las butacas.  

En realidad, no es Atanasiu un tipo de muchas palabras. Es su fabuloso manejo del histrionismo y su reducción al absurdo de las situaciones lo que hace que unas sílabas sueltas o una frase mínima se estire y retuerza excitando las carcajadas del personal. Aunque la mímica juega un papel absolutamente dominante en su espectáculo, sorprende su habilidad para convertir un idioma adquirido, el castellano, en un arsenal de propuestas imaginativas para sus gags.

Cuando parecía que el show estaba finiquitado, Atanasiu repartió papeles al público con diferentes palabras reales o inventadas que tenían en su formulación la propia ‘palabra’. Hubo palabras, palabritas, palabrazos, ‘palabrasil’ y todo tipo de palabros. Atanasiu invitó a todos a dialogar intercambiando sus papeles, también a retorcer las palabras y, finalmente, a lanzárselas unos a otros. El patio de butacas acabó convertido en un patio de colegio. 

 

Fotos: R.M.

 

Artículos Relacionados