Medias naranjas

'Los vecinos de arriba', con la que el cineasta Cesc Gay se estrena en teatro, agotó el sábado entradas en el Buero Vallejo. • La obra provocó la risa constante del patio de butacas, que aplaudió incluso varias réplicas. • Durante hora y veinte, la tragicomedia cuenta el encuentro entre dos parejas que termina siendo un retrato de la vida en común.


Hay parejas que viven continuamente enamoradas como el primer día y parejas a las que la monotonía les condena y llegan a tocar fondo. Parejas que viven libremente su sexualidad y parejas que, por el contrario, han perdido la chispa aunque se resistan a admitirlo. Dice el cineasta Cesc Gay ('Truman', 'Una pistola en cada mano'), que sólo con ironía y humor es posible escribir sobre la tragedia que supone esto, la vida en común. Y eso ha hecho en 'Los vecinos de arriba', estrenada originalmente hace dos años en catalán con otro elenco bajo el título 'Els veins de dalt'.

En su estreno como dramaturgo, Gay ha querido hablar de nuevo de parejas -ya lo hizo, por ejemplo, en 'Una pistola en cada mano'-, pero sobre todo, retrata el "reto mayúsculo" que supone convivir con la persona a la que amas. Para hablar de tragedia -en el fondo, la obra tiene un amplio poso de tristeza-, el cineasta apuesta por la luz y la risa sirviéndose de un episodio personal que vivió: hace un par de años unos nuevos vecinos ocuparon el piso de encima de donde vivía con su familia. Muy pronto empezó a oir ruidos extraños, a cualquier hora, gemidos, resoplidos... Aquello le inspiró esta comedia que anoche agotó entradas en el Buero Vallejo y que interpretan con química los actores Xavi Mira, Andrew Tarbet, Eva Hache y María Lanau. 

Eva Hache tiene la suficiente vis cómica para soportar el peso de la función, que comparte con un notable Xavi Mira, el hombre que ya no se parece a quien una vez amó, que se sube a la azotea a fumar y a ver las estrellas en un telescopio pero que, en realidad, está completamente alejado de su mujer. La llegada de los vecinos, una pareja sexualmente súper-activa, interpretada por el bombero canadiense simpático y de chistes fáciles al que da vida genialmente Andrew Tarbet y la psicóloga respetuosa, liberal y madura a la que caracteriza con corrección María Lanau, destapa la caja de los truenos y pone sobre la mesa las miserias del matrimonio interpretado por Hache y Mira.

El espectador asiste a partir de entonces a una especie de combate que gira en torno al sexo -a lo que éste tiene de tabú, de prejuicio y también, de fantasía y secreto- construido con diálogos livianos salpicados de lugares comunes que provocan la risa fácil y la carcajada continua y miradas que dicen mucho más que las palabras. 

La obra funciona a tenor de los aplausos y las risas del público, aunque al fin resulte ser una tragicomedia de envoltorio efervescente y digestión fácil, con una previsible terapia final, alguna ralentización en el ritmo, donde a veces da la sensación -sobre todo, en el último tramo-, de que el tema no da para más y que se remata con un final completamente abierto, que provoca cierta perplejidad: ¿hay luz al final del túnel?