The Hole: Livin´ la vida golfa

Durante dos horas, The Hole sumergió a los espectadores que llenaron el Buero Vallejo en un viaje al desenfreno. • El show, de espíritu cabaretero, entre liberador y obsceno, regaló números acróbatas, canciones, risas, guiños alcarreños, acidas referencias políticas, bromas más o menos acertadas y streapteases eróticos con un fantástico Víctor Massán, como maestro de ceremonias. 


The Hole es una historia de amor entre un hombre y una rata vegana y del PP, de sentimiento y de carné, Maria del Mar. O un grupo de artistas que se unen para intentar que el espectador pase un buen rato. O un show cabaretero donde se muestran al aire tetas, culos, penes y cuerpos. O un espectáculo que mezcla acrobacias con números musicales picantes y desenfadados, además de sugerentes streapteases, múltiples referencias a diferentes tendencias sexuales, cientos de guiños a bares, rincones y personajes de Guadalajara, monólogos con bromas más o menos acertadas por parte de un maestro de ceremonias -fantástico Víctor Massán- que lo da todo sobre el escenario e incita a los espectadores para que salgan de su aburrida comodidad y saquen su lado más golfo. The Hole es esto y todo lo demás al mismo tiempo. El patio de butacas -todo lleno- tardó anoche en entrar en materia, eso sí, pese a las indirectas -“sois un público extraño”- por parte de Massán, quien pidió varias veces subir la emocionalidad. La fiesta para que fuera fiesta de verdad, tenía que estar también abajo. 

A lo largo de dos horas, el público asistió a un universo muy particular donde se metió la quinta desde el principio. En este 'agujero', con 14 personajes en escena, se invita a entrar con la filosofía de “la vida es una fiesta y hay que bebérsela”. En The Hole, hay bolas muy particulares que son picantes, simpáticas, que cantan muy bien y son capaces de enamorarse de latin-lovers aéreos; hay una excitante generala Madame y unas super Nenas, sexys y acrobáticas, un Supergold que es capaz de hacer poesía en el aire, un par de hermanos ucranianos -los Gerasymenko- que hacen acrobacias y desafían a la gravedad desde una sencilla mesa, hay sugerentes streapteases, cuatro mayordomos que cantan como los ángeles a capella y una Marylin gimnasta con curvas y michelines que, sin complejos, se sube al anillo aéreo.

De cabaret, en 'The Hole' hay más de espíritu que de escenografía. El hilo conductor, la historia de amor entre Massán y la rata pepera, es sólo una excusa para jugar a hacer el gamberro, con constante interacción con el público y muchos guiños políticos para conseguir la carcajada ("Dolores de Post-Pedal"). Porque en los monólogos de Cassán, la política y el sexo dan mucho juego. Anoche, los trajeados y encorbatados fueron objeto de las bromas -uno de ellos, terminó siendo el Albert Rivera de la noche-; al alcalde, Antonio Román, le tocó ser el exnovio de la rata Maria del Mar: “si no tienes tiempo para el Ayuntamiento, cómo vas a tener tiempo para mí...”, soltó el roedor, provocando las risas del respetable. Y el concejal de Cultura, Armengol Engonga, terminó siendo el repuesto del alcalde y muy piropeado por sus 'atributos'. Y es que en este agujero, uno se cachondea de todo y nadie está a salvo de nada. 

El público terminó de pie, aunque quizás se zambulló en la fiesta demasiado tarde, aplaudiendo y bailando en este viaje entre liberador y obsceno. El cabaret se queda hasta el domingo en el Buero. Si van a verlo, dejen los prejuicios en casa y tengan mucho cuidado con el Pony Loco. Carpe diem.