Todo es mentira

Unas 700 personas acudieron anoche a ver 'Una gata sobre el tejado de zinc caliente', en el Buero Vallejo. • La versión de Amelia Ochandiano sobre el conocido drama de Tennessee Williams brilla en su escenografía pero 'pincha' en las interpretaciones. 


El teatro, a veces, es como el fútbol. Pasa que, a veces, en un partido no siempre gana el equipo que todo el mundo espera que gane. Pasa que, a veces, el jugador que todo el mundo espera que meta goles, ese día no tiene 'su día'. Pasa que, a veces, el entrenador pone en juego un 'diseño' que en lugar de dar espectáculo y hacer ganar al equipo, consigue aburrir a la grada.

Llegaba el sábado al Buero Vallejo 'Una gata sobre el tejado de zinc caliente', conocida obra de Tennessee Williams, con película de referencia protagonizada por Paul Newman y Elisabeth Taylor, registrando una generosa entrada -unos 700 espectadores- y con un atractivo elenco actoral encabezado por Juan Diego, Eloy Azorín y la televisiva Maggie Civantos ('Vis a vis').

La directora Amelia Ochandiano dibuja una versión del original bastante fiel a la última que realizó el propio Williams de su 'primera gata', pero imprime más rock a este drama duro y contemporáneo. No sólo con el cambio del maravilloso 'Summertime' de Ella Fitzgerald por el fantástico 'Summertime' de Janis Joplin, con el que se inicia la obra, sino, en general, con una subida de intensidad en algunos diálogos que se antoja innecesaria -no siempre más es mejor-. 

Durante dos horas y cuarto el espectador se cuela en una tarde de verano, en la mansión de la familia Pollitt, a través de la habitación de Brick y Maggie. Es el día de la fiesta de cumpleaños del abuelo, un hombre hecho a sí mismo, enfermo de cáncer. Brick bebe para olvidar; Maggie sólo quiere ser alguien en la vida; Gooper y Mae quieren heredar porque sienten que han hecho todo lo que se les ha pedido -por tener hijos, han tenido cinco y esperan el sexto-. Todos mienten para sobrevivir.

La reunión familiar termina poniendo al descubierto las miserias y las verdades humanas, aborda temas como la homosexualidad y pone sobre la mesa valores como la avaricia, la envidia, la mentira, la honestidad y la culpa, a la vez que reflexiona sobre si todo en la vida tiene un precio, si se puede vivir con la mentira o hay alguna escapatoria. Esta tormenta familiar -como la que cae, literalmente, al final de la obra- parece a veces un diluvio y, en ocasiones, una casa de locos. 

Brilla, sobre todo, en esta 'gata' su factura técnica. Destaca una magnífica escenografía firmada por Ricardo Sánchez Cuerda y Juanjo González; puesta en escena que engrandece la iluminación de Felipe Ramos y el vestuario de Cornejo. Lástima que esta 'gata' tenga, salvo alguna excepción, interpretaciones de irregular factura, a veces sobreactuadas; otras, demasiado planas, consiguiendo que el espectador se remueva en su butaca y sienta que este texto “sincero, hondo y lleno de poesía” -según Ochandiano- no termina de convencer en esta propuesta, cuando a priori, tenía todo para haber encajado y 'metido' un golazo por la escuadra.