Ser o no ser: Buero Vallejo y la Censura

El profesor Carlos Alba analiza el debate que sobre Buero y la censura se celebró el pasado miércoles en la sala Tragaluz dentro del ciclo de otoño de la Asociación de la Prensa. • Además de Alba, participaron el actor y director irlandés Denis Rafter, Carlos Buero, hijo del dramaturgo y la investigadora Berta Muñoz. • “Buero inventó un teatro para hablar sin revanchas, apostando por una solución ética”, escribe Alba.


Se abre el Tragaluz y aparece Buero y una coma. ¿Cómo se llama la película? SER, O NO SER… Así empezaba la conferencia que sobre la censura de Buero tuvo lugar el miércoles 23 de noviembre en la sala Tragaluz. La duda de Hamlet, traducida de mil formas al castellano, adquiría en la versión de Buero de 1961 un valor extraordinario. Gracias a esa coma, el autor establecía la frontera entre el SER y el NO SER; entre lo ontológico y lo metafísico; entre la angustia del existir y el abismo de la muerte. La coma se vuelve dique trágico y trata de contener la difícil postura ética del posibilismo de Buero. En Cartas boca arriba, que acaba de publicar la Fundación Banco Santander, Buero le confesaba a su amigo Vicente Soto que "hay que llevar adelante el hecho literario aprendiendo a respirar sin dificultad en una atmósfera de oxígeno insuficiente. Mejor aún: a respirar como los árboles, en función de apariencia vegetativa, que devuelve, sin embargo, oxígeno a cambio de lo que respira". Buero logra exhalar a través de su cachimba ese oxígeno en el teatro del franquismo. Su pipa, legada al Instituto Cervantes, no es más que una coma hiperbólica. “Esta sí que es una pipa”, diría Magritte.

Denis Rafter, actor y director irlandés de reconocido prestigio, comenzó comparando la figura de Buero con la de Sean O’Casey. El autor de El arado y las estrellas había dedicado su teatro a los problemas de las clases trabajadoras en el Dublín revolucionario de principios de los años veinte. Era la misma época en la que Buero iniciaba la acción de Historia de una escalera. Según sostiene Denis en Hamlet en España, la mejor traducción que existe de Hamlet en castellano es la que preparó Buero para la compañía de José Tamayo. Y por eso no es extraño que Orson Welles contratase a Buero para elaborar los diálogos de su adaptación del personaje de Falstaff en Campanadas a medianoche (1965). Este prestigio que parece alcanzar Buero con su obra de traducción no le inmuniza frente a la censura. El Reverendo Padre Avelino Esteban Romero llega a solicitar que Hamlet evite acurrucarse en las faldas de Ofelia y se suprima el ¿erotismo? de “yacer entre las piernas de una doncella”. (AGA, Exp. 246-61)

La obra de Buero es una hazaña literaria que se ha impuesto a la sociedad, a la crítica y a la censura de su tiempo. Buero lo tenía todo para fracasar y para haber pasado desapercibido durante la dictadura franquista. De milagro se libró de una ejecución y de una cadena perpetua. De milagro sobrevivió a las cárceles del primer franquismo. Al salir, cualquiera le hubiera aconsejado que lo olvidara todo y que no se metiera más en problemas. Pero Buero, lejos de amedrentarse, se hizo dramaturgo e inventó un teatro para hablar sin revanchas de toda esa experiencia vital, apostando por una solución ética. El compromiso de Buero, como el de Shakespeare o el de O’Casey, no lo fue con las ideas sino con los hombres que las padecían… Lo fue con el teatro en su sentido más universal. Cuando los dramaturgos de moda no hacían más que comedia absurda o melodrama lacrimógeno y se emborrachaban en Chicote para olvidarlo todo, Buero tomaba prestado el sainete de Arniches y el drama de Unamuno y los fundía para hablar de una escalera cuyos inquilinos subían y bajaban por ella tan ilusionados y tan frustrados como los desahuciados que vivían -viven- a la vuelta de la esquina.

Berta Muñoz, investigadora pionera de la censura en España, con trabajos como El teatro crítico español durante el franquismo, visto por sus censores (2005), Expedientes de la censura teatral franquista (2006) o Censura y teatro del exilio (2010), explicó en su intervención cómo el Régimen utilizaba la Junta de Censura para reescribir el mito de un destino imperial que desde Felipe II hasta Franco defendía el oscurantismo y la Inquisición frente a la luz de la Razón. Y de ahí el malestar que les producía -produce- tener que enjuiciar el teatro de Buero. El Reverendo Padre Fray Mauricio de Begoña, por ejemplo, comentaba de Historia de una escalera: "describe las sordideces, sueños, fracasos y nuevos sueños de una humanidad sórdida que se repite a sí misma con rutina de bestia de noria. Si bien esto le libra de positivas inmoralidades, carece de ideal, de aliento y de toda inspiración espiritual. En este sentido es deprimente, aunque humana."El 8 de octubre de 1949, seis días antes del estreno, otro censor, Gumersindo Montes Agudo, pronosticaba con muy poco acierto "la fría acogida del público porque es demasiado cerebral para tan corta inspiración, muy lenta para el forzado límite de la escena y no tiene la defensa de un diálogo arrebatador, inspirado o ingenioso.” (AGA, Exp. 433-49) Lo cierto, como todos saben, es que a Buero se le conoce como el Capitán Centellas por haber logrado la hazaña de cancelar el Tenorio del Teatro Español y poder así prorrogar en aquella temporada su obra.

Buero se ayudó de la metáfora histórica para imaginarse lo que tuvo que pasar Velázquez con aquella Inquisición tan pacata; lo que aguantó Goya viéndose exiliado en su vejez; y lo que sufrió Larra antes de pegarse aquel tiro. Pintores y escritores que como el propio Buero habrían de enfrentarse a una realidad incómoda y a veces incomprensible. El Reverendo Padre Manuel Villares la tarde del 18 de octubre de 1960 le indica a Buero que su obra Las Meninas no tiene reparos por lo que respecta al aspecto moral: "Desde un punto de vista histórico-religioso, al hacer intervenir a la Inquisición en la acusación de que ha pintado a una mujer desnuda, tampoco le veo reparo. En primer lugar, porque es un hecho histórico, puesto que era cometido de ese alto tribunal salvaguardar la fe y la moral de costumbres y en segundo lugar porque está tratado con toda corrección, pues en realidad el dominico no interviene y no se cargan las tintas.” El secretario general de la Dirección de Cinematografía y Teatro, a la sazón censor, don José María Cano Lechuga le pondría, sin embargo, bastantes más reparos. Entre las razones que le inquietan destaca “la discusión sobre las normas de la Inquisición acerca de las exhibiciones de los desnudos. Se alude claramente a la censura estatal y se critica la mirada "sucia" del censor que en todo ve pecado u ocasión de pecado.(AGA, Exp. 296-60)

Berta Muñoz, después de comentar algunos casos más de la censura franquista, aludió a esa otra censura que la obra de Buero padeció durante la Transición y que de forma incomprensible perdura hasta hoy. En este sentido, el hijo del autor, Carlos Buero, presente también en la mesa, entiende que el mercado teatral que sí funcionaba en la época de su padre, a pesar de todas las censuras, ha sido sustituido hoy en día por las decisiones arbitrarias de unas instituciones públicas que deciden qué programar y dónde, ajenas a la voluntad real de los espectadores. 

Así concluyó la conferencia organizada por la Asociación de la Prensa de Guadalajara donde se instó también a las instituciones locales, provinciales y autonómicas a que se sintieran orgullosas del Premio de Teatro 'Antonio Buero Vallejo' que desde 1985 organiza el Ayuntamiento de la ciudad. Si el 'Lope de Vega' impulsó la carrera de Buero, el premio alcarreño extiende su influencia a nuevas generaciones como se comprueba en títulos como Piguernicasso, Donde duermen las hormigas o Eusk que tanto nos recuerdan las tramas y los efectos dramáticos de Las Meninas, La Fundación o La doble historia del Doctor Valmy. En 2009 se premiaba la obra de Lola Blasco que es en 2016 Premio Nacional de Literatura Dramática. Ojalá algún día lleguen a los escenarios algunos de estos textos. Quién sabe si dentro de cincuenta o sesenta años nuestros hijos o nietos no están celebrando otro centenario de un autor o una autora que en aquel 2016 se hizo con el Premio Buero Vallejo de Guadalajara. 

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