El poder del Tenorio

Durante cuatro horas, el Tenorio volvió a las calles y los espacios mendocinos en la Noche de Todos los Santos, arropado por el público. • El primer pase de esta edición, que estrenaba un escenario y renovaba el elenco actoral prácticamente al completo, brilló en su conjunto, pese a los problemas de sonido y algunos altibajos. 


Las revoluciones tienen estas cosas. Un poquito de riesgo, también frescura, cierto poso de osadía, una alta carga de ilusión y pasión. Y de todo ello hay en esta edición del Tenorio Mendocino que organiza la Asociación cultural Gentes de Guadalajara y que ayer ofreció su primer pase -hoy será el segundo- con un elenco renovado casi al completo bajo la dirección artística de José María Sanz Malo. 

Durante cuatro horas, el rito y mito de don Juan Tenorio en la Sevilla del XVI se hizo carne y habitó en los conocidos espacios mendocinos, añadiendo los jardines del Infantado como nuevo marco donde se rememoró la cena en casa de don Juan en sus últimas horas de vida. De no haber sido por el intenso frío a esas horas de la noche, se hubiera disfrutado más esta escena.

En líneas generales, la edición de este año ha vuelto a brillar. Pese al frío, acompañó el tiempo, hubo mucho público -en algunas escenas, más que otras ediciones- y en el plano dramático, se logró un buen contraste entre la alegría de la primera parte, llena de aventuras, picardía, juego y canalladas y la segunda -mejor medida, mejor resuelta-, con un poso profundo, donde la paz deja paso a la rabia y el amor triunfa sobre la muerte.

Acompañó la buena la elección de los actores, con un don Juan (Arturo Martínez) joven embaucador, bribón y generoso en sensualidad, y una doña Inés viva (Rebeca Gutiérrez) que, resuelta, seguía todo con los ojos de una niña ilusionada y nerviosa. Muy potente la interpretación del segundo don Juan (Pablo Menasanch), con ese poso de rencor aunque arrepentido en el fondo, enamorado y sabedor de que es merecedor del castigo que le espera. Dulce y apaciguador fue el espíritu de doña Inés (Marta Ruiz).

Buenas interpretaciones también de Brígida -ayer se estrenaba en el papel Carmen Niño, y hoy será el turno de Josefina Martínez- y de la poderosa madre abadesa -fantástica Angélica Santos-, así como de don Luis Mejía, papel en el que se estrenaba el joven Álvaro Nuño (18 años) con una actuación muy plausible, que brilló en el momento del duelo a muerte en la Quinta de don Juan.

Acertados también los previos en las escenas, los detalles que enriquecieron la ambientación de la hostería del Laurel -magnífico resultó un cuadro-retablo, a modo de fotografía, de enmascarados y damas que hablan y murmuran mientras todo sucede-, la música y los bailes, las miradas de los personajes -buen trabajo-, las hechuras y las citas históricas -a la del Infantado y la que se declama ante la fachada de Covarrubias se sumó anoche otra más en la escena del ágape en casa de don Juan-.

Lástima los problemas de sonido especialmente en la segunda escena, donde impidieron escuchar con normalidad los diálogos. La organización pidió a los espectadores que “apagaran su wifi” ya que no llegaba la señal suficiente para una buena sonorización. Tras anunciar primero que los actores continuarían con la obra a viva voz, finalmente se solucionó por sorpresa, con entrecortados en algunos momentos. 

Hoy habrá un segundo pase a partir de las 21 horas y volverá el mito de don Juan a las calles. Guadalajara volverá a ser Sevilla y regresarán el libertinaje, el escándalo, la destreza, la profanación, la sombras, la duda, la misericordia, la apoteosis del amor y, sobre todo, el poder de estos mendocinos, que cada año sacan adelante esta historia de aventuras y amor que ya se ha hecho imprescindible.

Fotos: E.C.

 

 

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